HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Financieramente Estéril



Alejandra Reyes era una chava que en aquellos días, trabajaba en el área de ventas de la agencia y vestía muy provocativa, siendo centro de miradas y comentarios de compañeros y compañeras... Nunca se me ocurrió seducirla y nunca mostró interés en absoluto por mi presencia...
...Pasaron los años... muchos años. Renuncié y dejé la ciudad de México, para venirme a vivir más plácidamente a Cancún, donde el tránsito y la seguridad para andar en las calles era excelsa.

Hoy, con el paso de ese inexorable tiempo, las cosas aunque han cambiado siguen muy adecuadas a mis sensaciones, y he aquí que en una de esas tranquilas tardes, una vez, por caprichos del destino, conocí nada más y nada menos que a Alejandra Reyes, madre de aquella chava que aunque se había venido también a vivir a Cancún solo vi unos días, porque me dio asilo en la casa donde rentaba, mientras yo encontraba un sitio para mí y para mi casi recién desposada.

Nada pasó con Alejandra hija; siempre le seguí siendo indiferente y volvió a desaparecer de mi vida.
Tiempo después fue que conocí a su madre... ¿Por qué me llamaba la atención?... Porque al igual que su hija vestía Ufff!, de manera muy perturbadora, cosa que alteró mi ecuanimidad y me hizo clavarle la mirada mucho más incisivamente que a su hija porque tenía un súper cuerpo para su edad y que vestía con faldas y blusas muy ajustadas, imposible que pasara inadvertida.

Alejandra madre era encargada de la distribución del periódico "El Financiero", y por esas mismas curiosidades del destino me pidió ayuda creativa para el periódico.
Alejandra hija se fue de Cancún y la madre se quedó a vivir en una enorme casa, donde cuidaba de rebote a un par de nietos de un hermano mayor de Alejandra hija.
Alejandra madre me pasaba el trabajo en las diminutas oficinas donde trabajaba, pero a veces me citaba en esa casa, donde empecé a acudir más seguido, cuando le quitaron el local aquél que estaba como en una azotea de edificio viejo.

Me encantaba ver a la señora antes y después, palabra que tenía un cuerpazo, bueno, un muy buen caboose, que le quedaba un poco más desarrollado que esas bubis que mostraba con escotes desmedidos.

Cierta vez en esa casa, cuando su hijo y nietos estaban de vacaciones en otro estado, fui a llevarle mi trabajo, pero eran tan constantes nuestras entrevistas, que nuestro trato fue algo más que profesional y yo me extasiaba recorriendo su figura disimuladamente cuando ella ni se percataba...
Sin embargo, nos sentábamos en unos taburetes, mismos que le dejaban mostrar las piernas y algo más, cuando estábamos frente a frente... Confieso que al principio yo ocultaba mis involuntarias erecciones, pero que después, poco a poco y asumiendo que la señora me mostraba muy intencionalmente sus encantos, las dejé no solo al alcance de sus miradas.

Nuestro trato, repito ya fue el de amigos que tenían tiempo de conocerse, y el tema de su hija en la conversación totalmente desapareció...
Una de esas veces, acerqué mi taburete y ya no supe si fui seductor o seducido, estábamos tan cerca que nuestras rodillas chocaron y girándome todo al rededor, me atreví a hacer contacto manual con sus piernas, atrevimiento al que respondió sin rechazo alguno... Le dije cuán lindas piernas tenía, y que enfundadas en esas medias negras las hacía resaltar aún más; cuando se lo dije con la voz atimidada, abrió un poco más las piernas y me invitó sin palabras a que las siguiera tocando...
Me senté en la orilla del taburete y me acerqué completamente para acariciar sus dos piernas por los costados y volverme loco de excitación ya que la señora Alejandra recibió mis toques con respiraciones más aceleradas.
...Me incliné y le besé las piernas, tanto, que percibí el aroma de su perfume que no solo provenía de su rostro, sino de su entrepierna... A pesar de la entrada que me había dado, todavía tuve mis dudas en ir más adelante, pero no podía dejar pasar una oportunidad así... La señora, Ale, como al final terminé diciéndole, me ofrecía tal cercanía, que mis manos sintieron la humedad y calidez de su vértice femenino y nuestras caras no pudieron quedar más cerca... Saqué mis manos, la tomé por las mejillas, y la besé. Nos besamos o me besó, ya no sé, de una manera tal que sentí que ya la llave a su persona la tenía en mi llavero.
Ale me llevaba como 7 años en la edad, pero en experiencia ¡como medio siglo!; sus besos mojaban mis labios y mis manos le correspondieron acariciando todo su cuerpo así sentados como estábamos, hasta que por fin nos pusimos de pie y nos abrazamos como si tuviéramos meses sin haber tenido contacto extremo.
De esa sala-comedor nos fuimos a una recámara que era la de sus nietos y ahí, entre un mundo de juguetes, nos arrodillamos en la alfombra cerca de la puerta. El agasajo fue mutuo, no hubo rincón que no tocara ni piel que no sintiera mientras ella hurgaba en mi pantalón en busca del miembro más destacado de mi cuerpo... Me ayudó y le ayudé a descubrirlo y a medias ropas tuvimos una de las escenas más eróticas en esos días vividos, desenfundando el deseo retraído por la diferencia de nuestras edades, y yo, porque estaba deleitándome con la madre de una antigua compañera de trabajo.

Para el momento, ya habíamos tenido pláticas escabrosas donde me había contado que los tipejos no dejaban de asediarla y en las que me decía que no le gustaba besar en la boca porque era muy selectiva respecto a los cuidados que la otra boca pudiera tener... Al principio eso me inhibió, pero como mi higiene personal es casi casi obsesiva, me atreví a besarla cada vez más sin más restricciones.

Me encantaba que usara medias, (uno de mis tantos fetichismos) y si eran negras, ¡más aún!... En Cancún es raro ver a las mujeres vistiendo medias por el clima que tiene, pero ella siempre las usaba; no eran pantimedias, eran medias con resorte que no quise desaparecer, aún cuando ya estábamos semi desnudos y tendidos en el piso.
Quise ser menos "seducido" y dejé pasar un tiempo antes de insinuarle una penetración... nunca hizo por evitarla, a lo que asumí era porque no era yo el único con quien se acostaba y por ende, estaría protegida... Yo no acostumbro a cargar condones (debería), pero como ya estaba "vasectomizado", sentí que la luz verde permanecía encendida... Jugué un poco con su sexualidad y con aquella voluptuosa "seducción" y solo le presenté la punta de mi glande que ya chorreaba de lubricante veneno, mismo que Ale limpiaba de vez en vez y chupaba el dedo premiado cada que lo hacía...
El tiempo volaba, yo tenía que regresar a cumplir en casa y aunque deseaba jugar más al seductor y no al seducido, poco a poco lo hice mientras no dejaba de besarla...
La penetración fue exquisita porque la acompañó con un gemido que me erizó la piel... Era como "Su Niño", recordando inevitablemente las aventuras que tuve con la señora que atendía nuestra papelería en los caprichosos finales de los 70 y principios de los 80...
A pesar de su experiencia como mujer, su comportamiento fue un tanto pudoroso y luego de que le dije que ya no podía más detener mi eyaculación, me pidió que lo hiciera fuera de ella... Hice un batidillo.

Aquella relación se extendió algunas veces más, hasta que se mudó de casa y cuando la fui a buscar, me dijo que estaba "ocupada"... Entonces opté por eliminarla de mis aventuras "pecaminosas".

Sin duda fue una experiencia deliciosa mientras duró... Hoy quisiera revivirla, pero desapareció del mapa.

© Hypersexual

manfromnowhere@live.com

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