HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Necesidad Fisiológica



Dicen que mínimo tenemos que tomar dos litros de agua al día... Yo no tomo dos, a veces litro y medio pero a veces algo más, lo que indica una sola cosa, tengo que visitar el retrete entre cuatro y cinco veces al día, y en otras, una vez cada hora.
Ufff!!!, tengo que programarme cada que voy a salir a la calle o de plano, antes de subirme a mi coche para ir a la oficina.

Es un poco molesto porque aunque esa disciplina limpia mi organismo de impurezas, en ocasiones la sensación de tener que ir es imperativa esté donde esté y cuando me voy aproximando al baño, la sola idea de liberarme de esa necesidad acelera mi proceso diurético y hasta tengo que correr para no tener un episodio engorroso estando fuera de mi departamento.

Pero no todo es predeterminado ni definitivo... De hecho, gracias a ésa necesidad mía tan recurrente, fue que la otra mañana que fui al complejo de edificios donde se encuentran las oficinas de la tesorería, apenas estaba entrando al estacionamiento me dieron tremendas ganas de hacer mi depósito matutino y fue que me estacioné, bajé como de rayo y pregunté al "viene-viene" dónde habría un baño cercano... El franelero me dijo que en el edificio más cercano había uno en cada piso y casi sin darle las gracias hacia allá me dirigí... Efectivamente había una puerta antes de empezar el cubo de las escaleras pero para mi desesperación, la puerta tenía seguro y alguien solo gritó; "¡Está ocupado!"... Su voz sonó con molestia como si yo hubiera sabido lo que estaba haciendo y hubiera querido interrumpir... La proximidad de un baño se hizo muy latente y entonces subí la escalera sin esperar a que abriera la puerta del elevador porque de otra manera me hubiera ganado...

Para mi fortuna, entonces, supuse que la puerta que estaba directamente arriba de la del piso de abajo era un baño, y digo supuestamente, porque no tenía un letrero que lo identificara; o sea, esos baños de oficinas eran unisex y cualquiera podría entrar fuera hombre o mujer. Recé porque estuviera desocupado y mi angustia me hizo girar la perilla con cierta violencia y entrar como mis pasos me lanzaron...
Dios!, no estaba asegurada la puerta pero cuando entré, había una mujer frente al espejo componiéndose la ropa, seguramente porque acababa de levantarse de la taza y se preparaba para darse una retocada porque tenía sus cosméticos en la plataforma del lavabo.
Mi primer reacción fue la de disculparme pero sin la intención de salirme tras lo que la mujer aquella respondió que estaba bien, que ya se iba, y que si quería, no había problema, que utilizara la taza...
Situación sumamente extraña pero muy afortunada el que no estuviera puesto el cerrojo de la puerta y que aunque estuviera ocupado el reducido recinto, ella no estuviera ahí sentada... Sin embargo, al ser un baño individual, obviamente no tenía cubículo que aislara la taza del lavabo, así que con toda la pena del mundo, me disculpé, pero delante de ella me subí la falda, me bajé las pantys y me senté.

Ufff!!!... No me importó que el torrente de mi chorro fuera audible a sus oídos, de hecho, sin quitarle la mirada de su rostro en el reflejo, noté que ella también tenía puesta su mirada en mi figura... La mujer, de mediana edad y de delgado cuerpo continuó retocándose los labios mientras yo limpiaba mis riñones... Claro que me sentí chiviada, muy apenada, pero ni modo, no habría podido esperar a que terminara y se saliera; así que traté de relajarme y continué con la consecución de mi necesidad sin acordarme de un pequeño detalle... ¡Tampoco había puesto el seguro de la puerta!... La mujer se dio cuenta de ello y entonces dijo mientras la aseguraba: - "No sea que vaya a entrar el conserje o alguien más"- Dicho ésto, siguió con su retoque como si estuviera sola.

Quedábamos prácticamente en línea y ni forma alguna de disimular mi actividad... y para cuando había desalojado hasta la última gota, esperé un rato para que la mujer me quitara los ojos de encima y me cediera un poco de privacidad para poder pasar las líneas de papel por donde me las tenía que pasar... Pero no, aquella mujer me seguía mirando, mi cara dibujó una sonrisita nerviosa misma que ella respondió con otra un tanto más inquietante que me puso todavía más nerviosa... Pero tenía que secarme por completo y con la segunda tanda de papel, ella dejó de hacer lo que estaba haciendo, se giró, me siguió sonriendo y me dijo entonces: - "¿Te ayudo?" - Guiñándome un ojo...
Gulp!... Qué le dices, qué palabras escoge tu cerebro cuando acabas de orinar, tienes las piernas al descubierto, las pantys en los muslos y te acabas de tallar tu húmeda vagina?... Nada, nada pude decir; solo me invadió una muy "exacerbada" sensación de estímulo y excitación ante una posible seducción y todo mi ser tembló con un sudor frío por todo el cuerpo... Nada le dije, no pude, solo me quedé callada y le seguí mirando, me puse seria y mis piernas se separaron involuntariamente...

La mujer aquella dio dos pasos y se me acercó, tan cerca estuvo, que pude oler su floral perfume que desde que entré al baño ya había percibido solo que menos dirigido a mi nariz... Se agachó, luego, lentamente hincó una rodilla justo frente a mí y metió su mano entre mis piernas sin meditación alguna...
Lo había logrado, me había petrificado su osadía pero mi pecho se inflaba a cada respiración... Sus dedos buscaron mi vagina y resbalaron hasta mi parte más perceptiva que incluso sentí se había puesto muy rígida, tanto como la punta de mis senos, muy muy excitada...
Su cara estaba tan cerca de la mía que casi podía contar las huellas de su mediana edad, me miraba fijamente, me dibujó de arriba a abajo el rostro, miró mi cabello, y con la mano que le quedaba libre, tocó mis labios en un "hash tag" que acompañó con su trompita parada demandando sutilmente silencio... Pero nada podía decir, no pude articular palabra y aunque guardé silencio, mi respiración agitada era tan audible que pensé pudiera oírse al otro lado de la puerta... y me dejé... Dejé que una mujer, esa mujer tan audaz me tocara, me mirara nuevamente con fijeza hipnotizante y me plantara un muy suave beso en la comisura de mis labios... Sentí su lengua tocarlos y pedir permiso para besar mi boca en una insinuación total.

La imagen que una fotografía hubiera tomado no era la más exquisita, pero sí la más erótica, yo seguía sentada en la taza cuya tabla ya estaba muy templada y resbalosa porque el sudor resbalaba por mis muslos y se acumulaba entre mi piel y el esmalte de esa "U" cuya libertad de acción se negó a dejar... La mujer sacó su mano de mi sexo y la pude oler a mí cuando me tomó por las dos mejillas y me volvió a besar... Lo único que pude o me dejó hacer su cuerpo, fue recargarme más hacia atrás y permitirle incluso sentarse sobre mis piernas desnudas sintiendo el calor de las suyas porque se levantó la falda para hacérmelas sentir...

Oh!!!... Si hubiéramos hecho una cita, o si alguien me hubiera dicho que al entrar a ese baño iba a ser así seducida por una mujer, ni hubiera sido tan placentero, ni tan sublime ni tan erótico, como sin duda jamás lo hubiera podido imaginar... De hecho, si hubiera sido advertida, ni siquiera hubiera entrado a ese cuarto con olor a Lysol y una mezcla de perfume a Sears... Pero la verdad, no sé qué hubiera hecho porque mi esfinter no se hubiera podido mantener ante la presión letal de mi vejiga como fue.

Abrí mis piernas lo más que pude, en una fracción de segundos la mujer se levantó y se quitó sus pantys, solo para volver a sentarse sobre mis piernas y esta vez dejándome sentir la curvatura de sus glúteos, mismos que tuve que rodear, tocar y acariciar porque la mujer ya me había llevado por no sé qué parajes, haciéndome desear que me masturbara... Pero no dejaba mucho poder a mi accionar; siempre sutilmente, siempre con calculada suavidad me besaba y me tocaba todo el cuerpo sobre mis ropas, bajaba hasta las laterales de mis muslos y de vez en vez dejaba en paz mi celulitis porque sacaba y metía sus manos entre mi blusa para apretar mis senos y buscar mis pechos mientras sus besos ya me llenaban de saliva la cara, las mejillas y mis párpados que no querían descubrir por mucho tiempo mis ojos...

Un manoseo así no lo había experimentado en muchos años; por supuesto por ninguna mujer pero tampoco por ningún hombre que hubiera sido tan atrevido como para meterse a un baño detrás de mí... Diosas!, Ninfas!.. Oh! mi Dios!!!

La mujer sabía muy bien cómo lo hacía lo que me hacía, tanto, que me hizo tener dos y tres orgasmos; todo, sin siquiera esperar a que yo la tocara o pretender que le devolviera el favor... La verdad, me mantuvo en el limbo, en la estratósfera, en una órbita tan veloz que fue mayor mi propio placer al que tal vez yo le hubiera podido propiciar por mi inexperta necesidad... Ni siquiera me lo insinuó, solo se sació conmigo y logró su firme objetivo de seducirme y de hacerme sentir perder el piso...

Al final de mi cuarto orgasmo, la ya para mí hermosa mujer me prodigó de besos, se levantó con mucha excitación y con sus nudillos limpió una lágrimas que por mis sollozos dejé escurrir...
Quedé fundida, mi cuerpo recargado en el tanque de la taza, mi cabeza echada para atrás con el dorso de mi mano acallando mi suave llanto y mis ojos bien cerrados, tan cerrados que nunca advirtieron que la mujer se había levantado mientras se recomponía sus prendas volátiles y femeninas... Volví a abrir mis ojos, limpié mis lágrimas y la mujer ya había tomado sus bolso, quitó el seguro, tomó un profundo respiro y sin palabra alguna abrió la puerta y se fue.

Cuando volví a mi realidad aparté la mano de mi entrepierna, me estiré cuanto pude, volví a poner el seguro de la puerta y me volví a sentar mientras me recuperaba y rompí en sollozos...

La dejé ir, me había gustado mucho la manera como me sedujo. No sabía si mis lágrimas eran por la tremenda excitación que me produjo, no sé si por haber cedido, por no haberla tocado, por reconocer que aunque no me gustan las mujeres me había encantado, o, si por haberla dejado ir sin saber si la volvería a ver, porque quisiera que volviera a suceder... Miré hacia abajo, me sentí muy húmeda, me vi muy húmeda!, puse mis manos en mi sexo y volví a llorar.


© Hypersexual

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