HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Tiramisú a la Luz de la Luna



...Nuria por fin aceptó una invitación a salir... Por supuesto que anteriormente yo ya había fraguado mi logística, y mi "target" era llevarla a tomar una bebida rara o algún delicioso postre a la orilla de la playa.

Hay - o había - porque hace mucho que no lo visito, un cafecito Italiano en Playa Tortugas internándose unos 200 metros a la derecha de donde las rocas y las palmeras construyen un pequeño oasis, y donde uno se puede bañar en las super transparentes aguas del Caribe Mexicano.

Ese día en la oficina Nuria estuvo muy de buenas, como siempre muy sonriente, yendo y viniendo, subiendo y bajando las escaleras del Corporativo sito en el mismo kilómetro 6.5 al otro lado del Boulevard.
Todos teníamos el mismo horario y a las 7 que terminábamos, en el Otoño de los años, el Sol se preparaba para fundirse en el horizonte del otro lado en la laguna. Ésto es, cuando se hizo de noche, del lado del mar, pareció nacer una enorme Luna cuyo creciente el día anterior ya se había completado y enmarcaba una exquisita atmósfera fresca y muy romántica para quien estuviera muy enamorado. Y digo para quien estuviera muy enamorado, porque ni ella lo estaba de mi ni yo de ella.

Nuria se me hacía una mujer muy sexosa pero que por respeto a mi esposa a quien conocía, nunca había querido ceder a mis constantes insinuaciones ni aceptaba salir conmigo, aunque me despertara mucho los instintos con sus pláticas, esas sus sonrisas y hasta sus narraciones de color subido... Bueno pues esa noche accedió acompañarme; cruzamos el boulevard disimuladamente y nos internamos en esa playa pública que todavía conservaba su carácter rústico que la hacía tan especial.

Se podía entrar al cafecito llegando por la playa, pero entramos directamente por la calle curvada donde estaba la entrada principal y afortunadamente para esa hora, encontramos una mesa desocupada protegida con su sombrilla y con el fondo musical del suave oleaje y de las bocinas ambientales del café. Todo demasiado "Cozy", diría yo.
Tema de conversación teníamos mucho porque compartíamos la amistad de otras dos compañeras de la oficina y con quienes pasamos una noche en lo más alto de la torre de control del aeropuerto invitados por una tercera amiga, en otro Viernes del que en otro relato merece una narración por separado.

En fin, este era el Viernes de Nuria y platicamos deliciosamente mientras pedimos algo ligero; bebimos un par de piñas coladas (la mía sin licor) y al final ordenamos un exquisito Tiramisú.

Ya para entonces la Luna estaba hermosa y su gigantismo se iba reduciendo conforme se elevaba y se proyectaba en las aguas azulosas ya obscurecidas levemente por la noche, rayando de plateado sutilmente el oleaje que chocaba en la orilla rocosa.... Y mi mente, o la de los dos, se fue adentrando en la plática sinuosa de nuestras sexualidades un tanto diferentes pero muy afines.

Después del último trozo del Tiramisú, le conté a Nuria que conocía un paraje un tanto solitario por el que solía correr por las mañanas, y que cuando me sorprendía a veces la noche, procuraba que fuera a la luz de la Luna porque se iluminaba como de celuloide.
Dicho lo anterior, funcionó, y salió de Nuria querer ir a conocerlo; así que regresamos hasta el estacionamiento del Corporativo; ya no había nadie, subimos a mi carro y bajamos 4 kilómetros hasta Playa Las Perlas donde habría que caminar un poco sobre la delicada arena para llegar al camino aquél, escenario de varias de mis pasiones, cuando incluso todavía existía "La Gran Roca de los Sacrificios"...

Efectivamente, la hermosa Luna alumbraba la estrecha brecha cuyas orillas eran flanqueadas por la densa pero baja selva, una de las preciosidades que me cautivaron de este Paraíso Mexicano... Nadie había, bueno sí, entre la selva, se escuchaba el sonido característico de las criaturas que la habitan; solo se escuchaban esos sonidos y el de nuestros pasos que de cuando en cuando arrastraban y fue cuando ya no pude detener más mis emociones y la tomé de la mano, yo buscaba algún recoveco para meternos y besarla, pero seguimos caminando todavía un buen tramo... Luego de que ella aceptó gustosa mi "atrevimiento" manual, llegamos hasta el pequeño puente que delimitaba la vereda de la parte más abierta y regresamos... Cuando la brecha estaba a punto de terminar y volver a los sonidos cercanos de la playa, pasamos por uno de esos pocos huecos entre la vegetación, la tomé de la cintura y la guié hacia sus adentros, no mucho, porque seguía siendo selva y no quería que alguna bestia fantasmagórica espantara mis intensiones.

Y sí, por fin la besé, se dejó, me besó y nuestras manos se desataron de ese nudo que hasta ese momento había estado en nuestras ganas de sentirnos más cerca que las cercanías en la oficina... Nuria llevaba puesto su vestido azul índigo con ribetes blancos que me encantaba porque la suave tela propiciaba esa erótica sensación de cuando las manos se deslizan debajo de ella, rozando apenas la textura de sus piernas... Y no solo fue la de sus piernas, mis manos la exploraban más arriba y ese beso se hizo mucho más salivoso cuando sintió mis dedos escrutadores rodeando sus nalgas y la orilla de su panty en la decisión inédita del toque de su sexo que le produjo un suspiro casi casi inaudito... Nuria al principio se dejó explorar cual cazador en la jungla; se retorcía sin decir palabra pero su gemido era mucho más que elocuente, cosa que me permitió ir mucho más allá...

Qué delicia, qué locura, ¡qué erotismo aquél que desatamos sin medida!... Nuria buscó y acarició mi sexo por encima y cuando constató la rigidez y la longitud de mi miembro, hurgó para querer que le fuera presentado...
Nuestra respiración rompió el selvático silencio cuando su intimidad sintió la mía al desnudo y aunque envueltos en nuestras ropas y los dos de pie, el acto estaba a punto de ser consumado.
Nuria llevaba depilada su integridad y eso hizo que al sentirla, mi lengua también quisiera deslizarse como mis manos y mis dedos, así que me arrodillé entre la la yerba y la arena, y le besé el olor de sus encantos, mi lengua recorrió el mismo camino que mis dedos minutos antes y la vulva se miró beneficiada, tan beneficiada, que Nuria tiró suavemente de mis mejillas y me hizo subir para poder sentir ya no mis manos ni mis dedos ni mi lengua, sino mi erecto pene empeñado en adentrarse más allá.

Dificultoso pero extremadamente erótico y delicioso penetrar de pie a Nuria; románticamente, la Luna fue testigo de esa increíble "violación" y aunque yo -y tal vez ella también- hubiera querido prolongar la escena y el escenario, ruidos más fuertes entre la hojarasca me hicieron borrar el placer del momento por imaginar lo que sucedería si en lugar de las criaturas de la selva, esos ruidos provinieran por los pasos de algún facineroso o de algún rufián que nos hubiera visto caminar por ahí, y el peligro de un ataque me atacó, más por la necesidad de protección hacia ella que por mi propia seguridad... Así que nuestros orgasmos fueron acelerados al ritmo de nuestra agitación y sin querer transmitirle mi preocupación, le planté resbaloso beso y le ayudé a recomponerse sus torcidas ropas.

Tuvimos que recomponernos los dos porque ella percibió también los ruidos y sin soltarla de la mano corrimos como novatos adolescentes, soltando risas nerviosas y carcajadas cuando por fin llegamos hasta donde estaba el carro.



© Hypersexual



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