HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


Float, izquierda
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Fuegos Fatuos



Mi querido amigo el Verano asomó detrás de los árboles del bosque donde se finca un lujoso Centro Comercial tan de reciente apertura, como el celaje rojizo que se pinta al atardecer en esa zona, al poniente de la Capital...
Resulta muy romántico y poético estar ahí, sobretodo si uno estuviera acompañado por alguna mujer... Lo cual no era mi caso.
Al salir de la agencia se me ocurrió ir a conocer la gran Plaza Comercial y hacia allá conduje en esa calurosa tarde de Viernes...

Todo transcurría, digamos, normal, hasta que dentro del Sanborn`s me detuve en el área de las revistas y me puse a hojear una de fotografía... Todo normal... Pero!, de pronto, siento que alguien pasaba detrás de mí y antes de que pudiera voltear, colocó sus manos y me cubrió los ojos... "Rápido, piensa, piensa, ¿quién rayos puede ser?"... - Hice un veloz escrutinio dados los datos que recibía, ya que nadie quien fuera esa persona, articuló palabra. Pude haberme volteado como reacción primera y lanzar un empujón severo o hasta un merecido golpe al intruso, pero resultó no ser "un intruso", porque ese par de manos se sentían suaves y acolchonaditas que indudablemente eran manos femeninas que me dejaron una atmósfera perfumada deliciosa...
En esa fracción de segundos mi cerebro voló y aterrizó dando de bandazos a la par que los latidos de mi corazón... "Black Opium"... ¡No puede ser! - Me dijo mi interior - Esa fragancia no era muy usual y yo solo conocía a una persona que le rodeaba esa fragancia, hace un par de años...
A no ser que fuera el propio Yves Saint Laurent, tenía que ser una sola persona... ¿Susan?...- Fue mi primer impulso, corriendo el riesgo de haberme equivocado. -
- ¡¡¡Tramposo!!!, ¿¡Me viste!? - Dicho ésto la mujer me tiró suavemente del hombro y me giré con sensación de extrema emoción y una mezcla de culpabilidad por lo ocurrido aquella noche de Squash...
Creo que ella lo había olvidado pero no así yo, porque volvieron los fantasmas de mi actitud del pasado... "WoW"... ¡Susan! - Se me ocurrió soltar - porque otra cosa no acerté a decir y nos dimos un sonado beso en la mejilla mientras nos rodeamos en un fuerte abrazo.

No había cambiado mucho en ella; seguía portando esa sonrisa encantadora, tal vez un poco más llenita, pero eso sí, con su cabello corto de caída libre y vistiendo como siempre, femeninamente muy azulada... Cruzamos las frases de rigor que se dicen dos personas después de no verse por un tiempo, nos salimos de la tienda y caminamos como siempre me lo dijo, como "dos grandes amigos"... En cosa de minutos actualizamos nuestros presentes y cuando le pregunté que si estaba sola, me dijo que había quedado de verse con una amiga para ir al cine pero que la plantó, y cuando se dirigía al estacionamiento al otro lado de la zona de las revistas fue que me vio y quiso sorprenderme.

Se había ido a Londres a estudiar Inglés y al ver la cámara que colgaba de mi hombro me preguntó si eso era a lo que me dedicaba... - No. - Le respondí. - Sigue siendo mi hobby - Acordándonos de inmediato de la vez que en pleno eclipse parcial de Sol el mismo día de su cumpleaños la había llevado al bosque de Chapultepec y la "inmortalicé" en unas tomas de nostalgia. Entre palabras y palabras, me arrojó unas muy directas: - ¿Cuándo me tomas otras fotos? - Al momento, ninguno de los dos mencionó la noche del Squash, era como si ambos lo hubiéramos querido eliminar de nuestra memoria, pero de seguro que esa cicatriz le había dejado marcada por mi gran estupidez...

El Sol todavía no se iba, tras las ventanas el cielo seguía caprichosamente coloreado y como para lavar mi afrenta de setecientos treinta y un días atrás, le pregunté, si no llevaba prisa, que si le gustaría que le tomara unas fotografías ahí, en el bosque antes de que cayera la noche.
- De veras? - Me dijo entre incrédula y entusiasmada... - Claro!, vamos? - La tomé de la mano y la encaminé hacia la salida de la Plaza.

No habría mucho tiempo; de hecho, pensé que mejor la hubiera invitado al cine y terminar así el plan que llevaba ella; pero creo que fue mejor, porque el jardín del Mall colindaba con el mismísimo bosque y porque la luz se prestaba para hacerle unas tomas excepcionales y muy originales por la sensualidad de esa improvisación.

No sé si Susan lo había visto, pero un poco más a la izquierda de la arbolada, había un precioso cementerio Irlandés, de esos que tienen lápidas y esculturas de grandes ángeles...

A mí siempre me ha gustado fotografiar cementerios parecidos; tengo incluso algunas imágenes que jamás le mostré, pero cuando le pregunté que si se animaba a que le tomara algunas entre las criptas, primero creyó que bromeaba, luego me vio con temor lanzándome una mirada de incredulidad, y terminó diciendo: "Pero está cerrado, ¿no?"... Seguro esperó que le dijera que sí, pero lo que no sabía era que, al estar pegado al bosque, había áreas donde el enrejado no impedía el paso.

Afortunadamente teníamos todavía como una hora para que el sol se perdiera detrás de la fronda arbolada y caminando en la total demencia, nos internamos y nos sentimos como Miss Daaé y su enamorado Raoul en la película del Fantasma de la Ópera en la escena azulosa del cementerio.
La atmósfera refrescó, pero nada que nos hiciera desistir; detrás de la lente capté preciosas vistas que si se pudiera, con ellas ilustraría este relato porque con el trinomio Mujer-Cámara-Hombre, logramos increíbles tomas. Solo que la luz natural se iba, se iba y se fue.

Había menguante de Luna, pero lo suficientemente brillante como para reflejarse en el mármol lustroso de algunas lápidas y la sensación, lejos de sentirse aterradora, hizo que nos llenáramos de una extraña excitación.
Todavía pudimos hacer más encuadres, pero nuestra libido afloró y tan cerca estuvimos entre toma y toma, que nos besamos en medio de un abrazo tan apasionado como lujurioso, perdonándonos el motivo de nuestros llantos desesperados del pasado e inspirados por la incertidumbre de ser descubiertos y por lo que aquél escenario nos hacía sentir, pero por supuesto que no había un alma que se aventurara tan dementemente como para intentar meterse ahí a esa hora.

Dejamos libres nuestras manos de cosas y las llenamos de carne, nos exploramos cada curva de nuestros cuerpos como en aquella alfombra púrpura y así, sin buscar un lugar para evadir la vertical, ella extrajo mi sexo y yo palpé a toda ella; hubiera querido desnudarla pero el medio vestir es tan erótico o más sensual que la desnudez y la prisa en el Squash parecía volver a nuestras almas. Le subí la falda y ella la detuvo muy arriba, corrí mis manos por sus costados y les di nivel más bajo hasta llegar al sudor de su ropa íntima mientras que mi sexo se preparaba para por fin, después de esos 24 meses, volver a sentir la piel de su vientre contra el mío y de su valle aprisionando mi miembro en el interior de su cañada...

No podría repetirse lo pasado, no debía dejarla al borde del orgasmo y me centré en su cuerpo sin despegarme de su lengua. Mis manos perdieron el sentido de la rectitud y exploraron cuan alto y bajo era su naturaleza... Mis dedos la penetraron, sus manos me exploraron, la viré de espaldas y le pegué mi pene contra sus nalgas llenándome de senos las manos sin saber dónde estacionarlas. Entonces mi sexo también por fin hizo lo suyo, lubricaba todo el anochecer de su figura en sus dos jardines y nos seguimos abrazando sin espacio entre sus labios, mis labios y nuestros deseos, en el más extraño y épico de los escenarios "naturales" en el que pudiéramos escoger para coger.

De pronto, ella se detuvo abruptamente... Creí que me iba a devolver la trastada, puso sus manos en mi pecho y se apartó asustada... "¡Alguien viene!" - dijo resoplando como si hubiera visto algún fantasma que a decir verdad, también me precipitó al susto.
Nos quedamos quietos, no nos movimos; casi dejamos de respirar para escuchar y enfocamos nuestra atención zigzagueando nuestras miradas entre las tumbas... "No es nadie" - Quise tranquilizarme tranquilizándola - "No es nadie" - Le repetí, al tiempo que entre los árboles veía unas luces azules aquí y otras más allá...
No eran linternas, esos destellos divagaban sin un orden determinado pero mi entender no Epicúreo no me convencía de que aquello pudiera ser humano...
Entonces, me salí, puse la falda donde originalmente estaba y me apresuré para arreglar su ropa y la mía propia en medio de esa sensación de espanto que me contagió...
"Nena, son luciérnagas" - Le dije queriendo convencer su sentir, y no sé si lo logré porque a medida que la luz de la Luna se fue, los brillos azules se reproducían verticalmente más y más... Y más que irnos, literalmente huímos y salimos corriendo de ahí y regresamos a la Plaza.

Como aquella vez, esa mezcla de emociones volvieron a dejar a las palabras lejos de nuestras gargantas, pero ahora por motivos diferentes. La acompañé hasta su carro tratando de contagiarla ahora yo con sonrisas nerviosas y cuando le abrí la puerta, le ayudé a subir, encendió el motor y se alejó. Con altas palpitaciones caminé entre carros y llegué hasta el mío y me alejé también de prisa.

Ni siquiera hubo tiempo de intercambiar datos o reacciones; fue entonces cuando me dije durante el camino a casa: "Esas no eran luces ni eran lámparas; tampoco eran luciérnagas... Aquellos sin duda... fueron Fuegos Fatuos.




© Hypersexual

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