HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


Float, izquierda
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Metro a Coney Island



Metro a Coney Island...

Me siguen... Será que por la Ley de Atracción que yo hago que me pasen cosas?... No lo sé, el caso es que iba yo muy quitado de la pena de la Universidad en Manhattan a mi cuarto en Brooklyn en la línea "M" del Metro, cuando sucedió lo que pasó... Bueno, lo que me pasó, y casi me pasó...

El viaje en Metro desde Manhattan hasta donde describo, no es cosa expedita... Para empezar, tenía que caminar desde Lexington Ave. donde estaba la Universidad, hasta la calle 34 para tomar el primero de dos trenes y hacer un transbordo forzoso, porque las líneas del Metro en la ciudad de Nueva York no llegaban sin escalas hasta mi destino.
Bueno pues, el trayecto en total era como de unos 45 minutos, muy buenos para ir sentado de terminal a terminal y poder escribir lo que fue mi Querido Diario durante 20 años...

Ignoro a qué altura me encontraba de mi recorrido, porque cuando me sentaba a escribir, la gente y todos los tumultos desaparecían de mi alrededor, dado a que me concentraba en los vocablos y en las palabras, que llegaban deliciosamente y sin trabajo a mi cabeza, mismas que plasmaba con caligrafía experta en aquellas libretas de dibujo, debido al movimiento a que tan constantemente acudía para dejar asentadas mis ideas existenciales a la tan fresca edad de mis 19 y 20 años...

En los transportes públicos de Nueva York nadie te hace plática, nadie te molesta y pero nadie muestra ser parte de una sociedad comunitaria... Unos se achataban las orejas con audífonos descomunales que los sumergían en compases de la música de moda; otros no quitaban su vista de los libros de bolsillo o de las páginas del periódico del día que por cierto en aquél entonces era de más texto que de gráficas... U otro, como individualmente yo lo hacía, que se aislaba en la escritura casi de alineación perfecta sobre esas hojas blancas que en ocasiones se llevaban graciosos dibujos de una naturaleza muerta, o de una modelo que posaba en la clase de figura humana...

Bueno pues luego de esta prolongada introducción que me llevó a viajar muchos años en el pasado, les cuento que la estación donde debía bajar quedaba tan alejada, que de terminal a terminal en sus dos tramos, casi siempre viajaba sin acompañante al lado que me estorbara o amenazara mi espacio vital.
Más de las veces viajaba sentado, hasta que una de no muchas de aquellas veces, alguien ocupó el asiento justo a mi izquierda cuando yo iba en una hilera de tres que quedaba junto a la ventana de manera paralela...
Entonces me acomodé más hacia mi derecha para no sentir a esa persona que ni la mirada me mereció... Solo la sentí y ya. De reojo percibí que llevaba un sombrero y una chamarra de cuello aborregado (y éso que no volteé a verla)... Total, habiendo tanto espacio, esa persona eligió sentarse junto a mí y aunque en un principio no me incomodó, a medida que el tren se desplazaba, la creí sentir más cerca de mi costado.
Pero yo seguía escribiendo; mis pensamientos iban de un ahí hasta un ignoro dónde y fluían como el agua de un río, hasta que poco a poco aquella corriente se fue haciendo densa más densa y ya no pude seguir con mi concentración en lo que escribía... Dejaba la pluma con la punta pegada en el siguiente renglón pero ya no corría en el papel, porque esta persona puso su mano desparpajadamente a su costado, justo entre mis glúteos y los suyos... Dejó la mano un no sé cuanto tiempo ahí con la palma en el asiento, pero yo sentía que la estaba recorriendo "distraídamente" hasta hacer que la sintiera muy pegada a mí, modificando la temperatura normal de mi cuerpo, por la más caliente del dorso de su mano...

Creí al principio que me lo estaba imaginando, pero no era así. Poco a poco esa mano sumía el acojinado asiento y hacía por colocarse más por debajo que por el lado de mi también acojinado trasero, que llevaba forrado con un par de pantalones de los llamados "Knitted" o tejidos, que estaban de moda en esos años... O sea, la resbalada de su mano era cada vez más facilitada por esas características que describo...

Y ya no escribí más; ya no me quedaba duda de que el tipo me quería poner completamente la mano por debajo de mis nalgas y no pude, no acerté en quitarme. A esas instancias ya no había lugar vacío y el tren iba no tan lleno, pero ya no había otro espacio para cambiar mi cuerpo... Tampoco quería pararme porque todavía faltaban varias estaciones para llegar hasta donde habría que hacer el transbordo a la línea que iba y llegaba a Coney Island como terminal final a dos estaciones después de la que iba yo.

Lo supo hacer... El tipo logró que mi concentración desapareciera de mi escritura, y que cambiara de atención a una "caricia" que resultaba el sentir esa mano escrutadora y hábil que poco a poco llegaba hasta donde mi centro vertical terminaba en orificio...
Sí, sentía una invasión, pero se sentía bien, se sentía rico y después de mi sobresalto natural, dejé que siguiera sucediendo porque me estaba gustando... Además de la pena y la seducción, porque eso era, no me quise mover ni retirar su mano que se perdía entre las chamarras y que por lo mismo nadie había visto que se estaba abriendo paso...
Hasta dónde pretendía llegar?, no lo sé, pero vislumbré la posibilidad de que al llegar a la terminal de correspondencia de los trenes rumbo a Brooklyn, dejar pasar unos segundos, para cambiar de tren cuando las puertas estuvieran a punto de cerrar... Pero mientras tanto, la mano ya no era plana, ya no descansaba solamente sobre el dorso, sino que los dedos empezaban a querer traspasar la tela del pantalón y penetrar tal vez, como pensé que era su intención...

Me estaba seduciendo, lo sentía, porque me invadía un calor y un escalofrío delicioso que recorría todo mi cuerpo y me obligaba a palpitar el corazón y ahí debajo, en ese centro hasta entonces inviolado de mi Jardín Secreto, muy Secreto.
No puedo negar que esa sensación me había gustado, pero al mismo tiempo me llenaba de tensión y miedo porque no sabía qué pasaría si el tipo se bajaba donde yo lo iba a hacer...

Nueva York... Lugar de violaciones y de muchas historias sexuales que yo ya había leído... Prácticamente yo era nuevo ahí, y no deseaba que me deportaran si era sorprendido en un acto así... Me pasó en el vuelo de mi país hasta aquí y me estaba volviendo a suceder, poniendo en juego mi inocencia y mi inexperiencia sexual...

Y llegó, el tren llegó a la terminal de transbordo, guardé mis cosas y me preparé sin dar muchas señas de que ya me iba a bajar para no ser seguido...
Estación "F"... El tren se detuvo, pasaron segundos eternos y las puertas se abrieron... Seguí mi libreto y esperé unos instantes... Cuando calculé que las puertas cerrarían, como catapulta me levanté, crucé el andén y sin mirar atrás, me metí en el otro tren que ya esperaba... Pero ambos trenes tardaron un siglo en cerrar sus puertas!... Sin embargo, y a pesar de que iba con poca gente, fui y me senté junto a un señor regordete como para sentir protección de alguna forma... Y así, de reojo como todo el trayecto, vi o sentí que el tipo hacía también el transbordo pero como el asiento donde me deposité era de dos plazas, aquél se sentó a la derecha en los de tres que estaban pegados a las ventanas como en el que veníamos...

Mi corazón palpitaba a mil... El señor de al lado habrá pensado que por qué me había sentado junto a él si había tanto lugar, pero solo me lanzó una mirada desaprobatoria y no se cambió de lugar... Y el tren por fin cerró sus puertas.
Ahora ya íbamos en el que iba hasta mi destino y mi temor era saber si el tipo me seguiría y si me asaltaría en esas dos calles que tenía que caminar hasta voltear la esquina para llegar a mi edificio a mitad de la cuadra...

Haría lo mismo... No le haría saber cuál era mi estación y esperaría hasta el último momento, cuando fueran a cerrar las puertas...

...Y eso hice, jamás quise verle a la cara, o sea, no puedo ni describirlo, salvo su atuendo y su ridículo sombrero tipo Al Capone... Cuando el tren paró, esperé unos segundos y Fum!, que corro hacia afuera del vagón... pero él también se bajó!...

Ahora sí estaba yo con un miedo extraño; extraño porque me había dejado una rara sensación de placer que me me había provocado una erección y una lubricación extremas... Me tapaba con mi portafolio, pero me apretaba contra el vientre el pene para sentir la frescura de la humedad vertida...
Y caminé... Caminé muy de prisa en medio de mil pensamientos, ideas para huir, para correr, o para ignoro qué.
Aunque ya no percibía su cercanía, sentía que me iba siguiendo silenciosamente, no escuché sus pasos y eso me hacía elucubrar que iba muy sigilosamente para alcanzarme, o que de plano se quedó en la estación al no recibir una respuesta que le hiciera pensar que me tenía...
Una, dos cuadras, y cuando llegué a la esquina medio miré y ya no vi el sombrero, no había nadie, solo la penumbra de la tarde que ya se iba.

Subi los tres pisos de escaleras de dos en dos sin hacer ruido por si venía tras de mí y no supiera cuál era la puerta en la que me detendría; preparé la llave para no perder mucho tiempo, y abrí aceleradamente, cerrando de inmediato a punto del infarto...
...Silencio total... Nada se movía, nada se oía... Me lo había imaginado todo?... Imposible, esa mano apretándome los glúteos fue muy real, muy sutil y muy placentera...

Dejé pasar unos minutos y dudé en asomarme a la calle para cerciorarme si se había quedado ahí... Nada... Más silencio, hice a un lado la cortina y me asomé con una mezcla de sensaciones...
Al final, cuando todo pasó, creo que me quedé con una idea muy fuerte en mi pecho y en mi cabeza... Me hubiera gustado estar con él.


© Hypersexual



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