HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Hotel Paraíso



Su nombre es John, nos conocimos en el cine Perlita donde estuvimos tocándonos y masturbándonos.
Lo busqué y cuando habíamos concertado una cita, tuve que cancelarla porque en la oficina las cosas se complicaron. Pero cuando mi cuerpo lo pidió, volví a ponerme en contacto con él y quedamos en vernos frente a la entrada de Telas Asís.

Me trata bien, con cierto cariño y hasta ternura podría decir, pero no tenía la certeza de que quisiera que nos volviéramos a ver. Sin embargo, y aunque tuve que esperarlo unos 40 minutos, por WhatsApp sostuvimos un diálogo que me hizo llenar mi cuerpo de nerviosismo.

Mientras llegaba pasé a los baños públicos a preguntar si tenían sala de vapor y mi desilusión no se hizo esperar... Bueno, aún existen los baños cercanos a Bonampak, donde estuve en medio de mi soledad y de mis ganas por ver, ser vista, tocar y me tocaran. También quise pasar a cerciorarme de que realmente hubieran cerrado definitivamente el cine Perlita, pero ya no fui por temor a que llegara John y no me viera...

Pero llegó. No recordaba sus facciones porque en la obscuridad del cine el único sentido que me guía es el de mi tacto y cuando lo vi, su cara era una cara redondeada, con escaso pelo, tan escaso como el que pretendía lucir en una barba de candado mal cerrado... Él me reconoció de inmediato, bajé la escalinata y al saludarnos me abrazó como si nos conociéramos desde mucho tiempo atrás...

Ni nos subimos al auto porque ahí mismo, en la acera de enfrente, estaba el Hotel Paraíso donde no pudimos entrar aquella vez Fabián, Mariana y Yo, cuando ninguno llevaba los míseros 250 pesos de la habitación.
Pero no esta vez, porque en ésta, yo sí llevaba y la renté por las 4 horas necesarias para conocernos bien.

El hotel parecía un laberinto, muy agradable y limpio pero era un laberinto, subiendo y bajando escaleras hasta encontrar la habitación 208, que no tenía ventana a la calle. Apenas entramos, nos volvimos a abrazar por aquello del Año Nuevo como pretexto y me besó como en el cine; ya había olvidado que su bigote y su barba picaban, pero me dejé besar dejando desatar lo lujurioso de la ocasión... Apenas cruzamos palabras, y casi de inmediato nos fuimos quitando la ropa, luego él tomó el control remoto y sintonizó uno de los 4 canales para adultos.

La verdad, yo no recordaba su cuerpo salvo tres cosas: su pálida piel, sus piernas, y un pene que con la luz de la habitación ya no me parecía tan grande, sobretodo porque aún no alcanzaba su máxima erección.
A pesar de sus abrazos y sus besos, me dijo que ojalá y él estuviera dentro de mis expectativas y me recordó a mi Dentista, porque de inmediato se recostó boca arriba sobre la cama y se preparó para que yo fuera quien lo mimara...

Su cuerpo, sin ser tan lleno como el de Ricardo casi doblaba mi volúmen que ante ese espejo en la pared, me veía esbelto, delgado pero de mucho mejor aspecto que en meses anteriores desde la última vez que estuve cuan desnuda estaba...

Mi cabello empezó a ceder y al tocar mi cara sentía que la feminidad me envolvía haciéndome captar que la excitación llegaba y se me notara... Correspondí a sus besos con mis besos en su pálida piel y empecé a centrarme en el placer único de mis aventuras, en su pene.
En el cine creí que su pubis estaba lisito y afeitado como me gusta, pero pasaba que en esa parte no; al no abundar el vello me lo parecía, pero no. Le dije cuánto me excita un pubis afeitado y me respondió que no le gusta, que le deja mucha comezón y que lo prefería así, lo cual me hizo pensar que alguna vez lo habría tenido tan lisito como los de las mujeres de los videos.

Y me desconecté de lo que no fuera mi sexualidad, me prendí de su pene, me lo metí a la boca y lo ensalivé para mayor y mejor lubricación... John se movía y jadeaba, pero no era precisamente como lo que me lleva hasta la locura. Sentir mi excitación lo manejé revolviéndome al rededor de su cuerpo, subía, bajaba, me desplazaba y era yo quien lo movía y lo giraba para que me hiciera sentir su sexo por todas mis partes... Incluso hasta lo volteé de espaldas y me subí en él cuando noté que desde esa perspectiva, parecían las nalgas de una mujer de edad.

Llegó un momento cuando percibí que John estaba deseoso de penetrarme y aunque no se atrevía, estuve lo suficientemente cerca como para hacerle quitar su endeble timidez...
Le pegué mi nalgas pero no lo dejé ir más allá... Tampoco tenía la completa seguridad de querer que me penetrara, pero si ya me había dejado besar tan apasionadamente, entonces, seductoramente le fui dando entrada... Varias veces le pegué mi culo y varias veces hice como que no me atrevería... Pero como dije, John ya estaba que no podía, me sentó en la cama, se bajó de ella, se paró y me levantó las piernas mientras hacía que pusiera mi espalda en horizontal...

El placer me bañaba y yo me miraba al espejo de la cabecera para llenarme los ojos con esa escena tan sexual... Le pedí permiso para olfatear mis Poppers (dice que a él no le causan efecto), y así, en la lujuria de la dilatación de mis venas, le fui cediendo el camino para recibir su glande y me tocara apenas con la punta... No fue vil, no fue ultrajante, por el contrario me trató con mucho respeto y cuidado, y empezó a intentar la exploración; ya sus dedos me habían horadado y aunque casi virgen por la inactividad y la abstinencia, poco a poco y no sin un leve dolor me fue penetrando, pero se había quedado hasta la cabeza de su pene porque sentí que me partía...

Las imágenes en la televisión estaban deliciosas, si hubiera estado sola o en la compañía de mi soledad me hubiera masturbado enseguida, pero ahora no lo estaba, y después de un corto receso en el baño, volvimos a la cama y reanudamos lo que ya se había iniciado.

Se volvió a quedar parado en la orilla de la cama y yo me puse en cuclillas para devorar su pene, pasármelo por la cara, lamerlo, besarlo, y volver a ensalivarlo lo mejor que pude porque no había un gel de por medio...
Me volvió a poner de espaldas, y como si fuera la mujer que alguien hubiera apenas conquistado volvió a subir mis piernas, las puso sobre sus hombros, y aunque yo hubiera querido que me volviera a pasar su lengua como minutos antes por mi sexo o que sus dedos re-intentaran abrirse paso, volví a sentir la cabeza de su pene implorar por su acceso... Mas... más... y más... otro poco más, y de mis labios salieron las palabras mágicas que lo prendieron como fuego... -"Me estás cogiendo... Me estás cogiendo"... -No recuerdo cuántas veces se lo dije y el efecto de mis palabras era abrumador... Nunca fue violento, nunca se desesperó, hasta que logró su objetivo, la integridad de su pene me había penetrado y había llenado el hueco de mi abstinencia...

Entre lloriqueos de lujuria y sensaciones le pedí que no descargara dentro de mis entrañas y aunque su actitud desbordada parecía que ya lo había hecho, me manipuló como dejé que lo hiciera, se salió de mí, me puso totalmente horizontal en la cama y repitió su viaje; me volteó, se acostó, me senté, me volvió a voltear y me puso en cuatro puntos en la orilla de la cama; hizo que me parara y así de pie, también me penetró hasta que yo ya no podía más por la excitación y por el dolor de la repetida estocada...

Hubiera querido que estuvieran otros ojos ahí, los ojos de cualquier persona para que se masturbara o se nos uniera, pero no, ahí estaba yo, re-entregando mi virginidad a un prácticamente desconocido pero que lo sabía hacer muy bien.

Se salió, nos salimos, se volvió a poner boca arriba y me pidió que lo masturbara para terminar al fin... Realmente yo ya lo quería, deseaba que todo escurriera sobre mi cara, pero estando yo con las rodillas a sus costados, solo aceleré el proceso hasta obtener el premio a mi sumisión.

Y como siempre ocurre... Cuando John terminó pareció abandonarlo todo, pero dejándome como me había dejado, mientras él seguía acostado ahora yo me paré a su lado y mientras le dije que me tocara las nalgas, me masturbé y me masturbé, hasta que sentí que otra vez el piso ya no estaba.

¡Mi cuerpo necesita de caricias!.

© Hypersexual



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