HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Hostal



Hostal

Viajé hacia la Ciudad Amurallada de Campeche, México, el Miércoles muy temprano por la mañana... No llovía pero estaba el cielo encapotado y muy por allá en las alturas, huecos azulosos me relajaban haciendo caso omiso de la lectura de mi libro para disfrutar de la selva baja a uno y otro lado de la carretera.

Dos, cuatro, seis y conmigo siete pasajeros sobre las ruedas del autobús GL, dato que me hizo realmente disfrutar de la travesía...
Dos asientos para mí solo, era una lástima que no fuera acompañado, porque ahí en el fondo del autobús, ningún par de ojos hubiera siquiera imaginado lo que hubiéramos hecho solapados por el ronroneo forzoso del motor... Mmmhhh!!! ¡Qué no hubieran hecho mis manos!... Pero nada hicieron, ni siquiera un toque, ni una nada que me lo inspirara porque ni mis pensamientos fueron tan inspiradores. Por el contrario más bien se fueron hacia lo romántico cuando en los receptores comenzaron a transmitir un inédito Concierto de Lana del Rey, mi "novia" musical.

El follaje verde viajando a la inversa, después de un par de las 7 horas de camino se hace tan monótono como el níveo volar sobre el celaje cuando en lugar de ruedas el transporte lleva alas; así que alcancé mi mochila con escaso equipaje y saqué mi "Pocket Pal" con los Cuentos de Edgar Allan Poe... Pero no estoy acostumbrado a leer en movimiento; una cosa es escribir con el cachondeo oscilatorio de un tren subterráneo, y otra intentar leer con el movimiento tendencioso de un autobús que ni me lleva al sueño y que ni me permite la concentración total para imaginar los escenarios de la narrativa del autor de "Los Crímenes de la Calle Morgue"... Así pues, los engranes de mi imaginación instalaron en las cuevas de mi cerebro la posibilidad de un encuentro un tanto fortuito, un tanto deliberado en el Hostal que por mis reducidas finanzas reservé... "Quién quita y..." -En las páginas de mi propio libro imaginario escribí-.

El mal tiempo de la ciudad de origen se había quedado atrás y tras el repetido aburrimiento sin pena ni gloria aún con la música de Jazz en mis audífonos, a la terminal llegamos tres horas luego de la escala en la ciudad de Mérida. No fue difícil conseguir un taxi y todavía con vestigios de luz solar me registré en la modesta recepción de aquél Hostal.

El concepto de dormitorio compartido en un lugar donde llegan viajeros de similar prestancia me parecía hasta cierto punto excitante, y cuando el Recepcionista me guió hasta mi dormitorio, pasamos frente a una banca que daba a una ventana sin una vista especial en el corredor. Lo especial que tuvo aquello, fue que mis ojos se posaron en una mujer de cabello rubio y de largas muy largas piernas que fijaba su vista en su celular... "Hola, buenas tardes" -Mi sedienta boca dijo, regocijado por la perspectiva de ese panorama... "Buenas tardes" -Un acento extranjero respondió-

Me instalé. Se me dio a escoger una de las ocho camas disponibles y me fui hasta la que estaba al fondo, aparté la número 7 en las alturas de esa litera y regresé a la entrada del dormitorio para guardar mis cosas bajo llave en el casillero número 1.

Mi ansiedad y el hambre me privaron de una ducha merecida, y cuando volví a pasar por el corredor, la visión aquella de cabello rubio ya no estaba.

Y a lo que iba en ese viaje; me salí a recorrer las pintorescas calles y de pregunta en pregunta localicé el Palacio de Gobierno, donde a la mañana siguiente acudiría temprano a tramitar mi pasaporte.

Una vez que forjé mi itinerario para el día siguiente, lamenté no haber llevado una cámara como la que alguna vez tuve y que me fue robada, para tomar las fotografías que con mi limitado celular tomé en la plaza central de la ciudad; un zócalo igual de pintoresco por demás, en el que aún por ser un día laborable, deambulaban las parejas, las colegialas y uno que otro turistero perdido por ahí.

Me hice de algunas imágenes un poco repetitivas, que empero debido a la puesta del sol, se tornaron interesantes por los contrastes de tan pictórico cielo.

Entre una nube de decenas de palomas pedestres caminé con ellas y de cuando en cuando varias revoloteaban muy cercanas a mí, lo que me hicieron sentir muy especial y diferente...

Regalé algo a mi aparato digestivo y otro algo a mi visión, pero la noche se hizo más nocturna y aunque fui y caminé hasta el Malecón, la llovizna amedrentó a los paseantes posibles y me incluyó a mí... Me refugié unos minutos bajo los altos techos del fastuoso Centro de Convenciones, y cuando las angostas calles se convirtieron en un pueblo fantasma sin fantasmas, regresé al Hostal para recrear mi imaginación con las probabilidades de mi sexualidad... Pero nada se materializó.

En el dormitorio solo me crucé con el saludo de un tipo tipo "chilango" que se aprestaba para salir, que acaparó el baño de caballeros, y se fue. Cuando quise utilizar el baño antes de volver a la calle para buscar dónde cenar, el cuarto de baño con dos duchas y un único retrete permaneció asegurado y tuve que aventurarme para entrar al de las damas de similar distribución... Por un momento me sedujo la idea de que fuera aquella una acción de posible encuentro con lo femenino, pero y aunque el dormitorio de las damas estaba a un lado y con sus dos lienzos de la puerta abiertos, ni salió un alma y ni me animé a espiar. Total, yo también salí.

Mientras cenaba, dejé correr la noche y cuando regresé a dormir, la puerta del baño siguió cerrada; flojera me dio bajar a la Recepción para avisar y que lo abrieran, así que repetí la osadía de utilizar el baño de mujeres... Y nada.

Cuando entré al dormitorio, no obstante la llovizna, la noche, o los 6 ventiladores, la atmósfera caliente se hizo presente con gran sensación de humedad, o sea, ¡hacía calor!, mucho calor.

Como alguna vez lo he comentado, yo no acostumbro a dormir en pijama y era tal mi insinuación sexual, que me trepé a la cama como llegué a este mundo y dejé deliberadamente la luz encendida para despertar los más frívolos deseos en lo que fuera que fuera, pero esa excitación artificial solo me hizo ahuyentar el sueño y no me podía dormir... Y nada.

Al llegar la madrugada tuve la necesidad de ir al baño, así que, así desnudo como estaba, me salí y pretendí entrar al baño pero que en nada había cambiado, permanecía cerrado... "Bueno, pasemos al otro baño", -Gratamente pensé- ...Ambos baños comunales, pero y otra vez, la luz de las lámparas escapaban de la puerta abierta de las damas donde seguramente se encontraba al menos una, la del cabello áureo... pero el no querer desvelarme para no perder mi cita (Já, no lo creo), fue que mi timorato yo, hizo que otra vez ni me asomara. Así que tan desnudo como seguía, entré al dormitorio y en esa soledad, me preparé a subir la escalinata a mi cama, exacto cuando el otro huésped por fin llegaba...

No puedo negar que esa sensación cachonda me envolvió y después del saludo, me acosté bruces abajo, planté mis genitales en la sábana y dejé mi total trasero al descubierto secundando al largo de mi cuerpo... Pensé que unos minutos bastarían para que el huésped trasnochador pretendiera acercarse a mí, pero nop, tampoco pasó, lo más cerca que estuvo fue el apagador y dejó la habitación totalmente a obscuras, luego se metió debajo de su sábana a despejar su juerga.

Claro, yo ya no podía reconciliar el sueño... Pensé y pensaba... Quise sentir que unas manos me tocaban solo que no pasó, pero el tiempo sí.
Debo confesar que mi pensar vino, fue, y volvió a venir, hasta que me repetí que solo iba a estar por esa única noche y mañana tendría que partir... Entonces, armándome de valor, volví a salir de la habitación desnudo por si me encontraba con alguien... Pero no, el sensor de las lámparas del pasillo se apagó detrás de mí; el dormitorio de las damas estaba cerrado y al entrar al mío, el tipo dormía "roncádimamente"... Subí a mi litera sin sueño en mis ojos y volví a bajar instantes después; caminé hasta la litera número uno y desperté suavemente a su ocupante preguntándole si me dejaba dormir con él...

¿Qué pasó después?

...Me mandó a freír espárragos, su borrachera prefirió dormir y dudo si siquiera se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y me vi forzado a regresar a mi cama, me trepé y volví a no poder dormir... Pero tenía que hacerlo, ¡dormir!, porque no debía perder mi cita... ¡Pero! ¿Cómo dormir con ese pensamiento sexoso en mi cabeza?... Fácil, envolví mi pene con mi puño y escribí en mi imaginación que la güerita aquella, la del dormitorio contiguo, era quien entraba, me detectaba desnudo "durmiendo" boca abajo, y pasaba sus dedos por la curvatura de mis glúteos, me decía muy quedo que me volteara boca arriba, y sus manos (por mis manos) me masturbaban... Bañé todo mi torso y así quedé hasta que el sueño se hizo cómplice y me quedé dormido.


© Hypersexual



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