HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
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HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Doble Confesión



"Doble Confesión"

...Ella es casada, tiene tres hijos, pero es mi amante.
Fuimos a cenar a un bar en 8th Ave., muy cerca de Riverside Ave. La noche se pintaba de estrellas porque era uno de esos días hermosos donde de 00:00 a 24:00 horas el firmamento permanecía despejado sin albergar una sola nube que pudiera cubrir ni el candente sol ni la fresca noche de aquél Verano tan especial... Mi amante, es mi novia; yo soy su amante pero guardando una soltería que me es muy cómoda porque no mantengo un compromiso que me ate a un papel o a una Sociedad de Responsabilidad Limitada; es decir, soy libre y ella lo sabe, pero hemos hecho tal química, que prácticamente nos lo platicamos TODO... Y por todo, me refiero al sentir que nuestros años nos lo permite, y ambos intercambiamos nuestras inquietudes sin juzgar o prejuzgar nuestro camino. Nos respetamos, la confianza mutua va de la mano con un beso o con una caricia, misma que nos lleva al disfrute de una sexualidad abierta y sin reservas.

Esa noche, ya de avanzada y sin muchas "Margaritas" o "Desarmadores" en nuestro haber que nos tuvieran bajo sus influencias de licor ligero, tras la plática igualmente ligera que precedía a un lindo término horizontal en mi apartamento, ahí, detrás de su bebida, Laura me quiso confesar algo que no me siquiera imaginaba... "Mi hija Ruth es Lesbiana" -De golpe y porrazo me lo dijo así. Debo decir que no mostré sorpresa, no conozco a ninguno de sus hijos, salvo por las fotografías que muy al principio vi en su cuenta de FaceBook, antes de que yo dejara de navegar por ahí... En esas fotos, Ruth, su hija menor, no reflejaba indicio alguno por su preferencia... No que lo imaginara yo, pero me lo confesó con tal confianza, que lejos de mostrarle sorpresa, le contesté que había tenido un gran gesto en confesárselo a su madre, aunque a su padre no se lo pudiera decir...
Mi novia tampoco pareció sentirse mal ni apenada, tal vez mi aspecto no sea el de un párroco en confesión, pero ella sabe que cualquiera cosa que me platicara, siempre lo desglosábamos con amplio criterio y discreción y así lo había tomado.
No podía decirle, sin embargo, que esa confesión me produjo una sensación electrizante, tal vez morbosa, y por ello le seguí preguntando por el caso... Me lo dijo tal cual era, y no pude menos que imaginarme la situación pero sin ir profundo o con crudeza.

Y pasó. Hubo una fiesta en su casa y fui invitado como amigo de una amiga y maestra de su hija; como fue en su casa, tendríamos que cubrir sospechosas circunstancias o acercamientos dudosos, por lo que me mantuve alejado de mi amante.
Ella iba y venía atendiendo gente a la par de su marido, al que conocía solo por los hechos y anécdotas que Laura me había platicado. Procuré mantener distancia y, ante la incomodidad de tener que ocultar nuestro secreto, preferí no entablar ninguna plática con él.
La casa es enorme, tiene dos jardines, uno adelante y otro más pequeño atrás de la misma, debajo de una solitaria terraza donde pretextando sed de aire me salí a respirar cuando el tumulto me expulsó.
MI mente trabajaba a mil y cuando miraba a Ruth me la imaginaba con quién o cuál de las invitadas tendría sus desahogos amorosos o sexuales... La maestra?; no, parecía demasiado grande... La amiga con la que iba?; no, no me hubieran invitado... La mujer de rojo que bebía y fumaba cigarrillo tras cigarrillo y devoraba copa tras copa?; no, demasiado extrovertida... La sirvienta escultural que pasaba las charolas?; nop, tampoco ella, Ruth era demasiado refinada...
Bueno, no podía adivinarlo cuando en una de esas la perdí de vista...
La noche se hacía más grande y mi aburrición también... Entonces le di la espalda al tumulto y me salí a la terraza; en mis pensamientos estaba, cuando miré hacia arriba y vi dos sombras femeninas tras una de las dos ventanas que daban a la terraza... La ventana no tenía cortina pero sí enmarcaba un vidrio esmerilado que servía como una pantalla de proyección y lo que se proyectaba me hizo sudar como si estuviera dentro de un cine...
Y mi sorpresa se convirtió en lujuria y mi lujuria en un deseo irrefrenable de subir y presenciar lo que mi imaginación me estaba dibujando... Podría ser Ruth!

Me escabullí entre la gente que bailaba desenfrenadamente al compás descompasado de una música moderna, subí por los mullidos escalones y me asomé al que sabía era la "sala de proyección"...
La puerta estaba ligeramente abierta y me convertí en el espía de mi infancia... Oh mi Dios!!!... Oh Dios!!!... Mi sospecha de que sería Ruth la confirmaron mis ojos, pero lo que mis ojos vieron sin que los de ellas vieran, fue ver a Ruth de pie de espaldas al pie de la cama, y unas manos que le subían el vestido que colgaba en unos brazos conocidos míos... No le vi el rostro porque la que era otra mujer estaba sentada en la orilla y se abrazaba con singular vehemencia a la cintura de la hija de mi novia.
Las esbeltas piernas de Ruth permanecían juntas, mientras que las otras dos, las de la mujer sentada, con el vestido plegado sobre su regazo estaban bien abiertas permitiendo ver en esa penumbra de luces bajas, un par de muslos, pies y pantorrillas inconfundibles a mi tacto... Era ella, mi amante, mi novia!... La madre de Ruth quien le acariciaba y le besaba el vientre a su propia hija... Rayos!... Nunca lo habría sospechado, pero más rayos aún, la electricidad me recorrió por todo el cuerpo impactado muy excitantemente ante tan inesperada visión...
Un deseo inmenso despertó mi ser y tuve que obligarme a detener mi intromisión porque no sabría cómo sería tomada... Así que preferí seguir ahí, oculto y medroso ante la gigantesca posibilidad de ser descubierto por ellas o por alguien de la familia que subiera...
No lo pude evitar, me excité mucho, mucho, muchísimo!...
Ni celos, ni aberración ni repudio... Era una gran excitación que me produjo el subconsciente y me regaló con una muy notable erección que muy a mi pesar y a mi querer participar, tuve que ocultar y disimular bajando luego de esos minutos de loca lujuria...

Bajé tan sigilosamente como subí pero ya mi inquietud no me permitía seguir ahí, quería esperar a las dos mujeres, pero mi imaginación y mi perturbada líbido seguramente me descubrirían si me permitía esperarlas y verlas a los ojos. Así que busqué a la maestra y me disculpé rogándole pasara mi mensaje de salida a Ruth y a Laura, mi amante e incestuosa lesbiana.

No sabía si decirle a Laura lo que había visto esa noche en su casa, pero la verdad que me he estado haciendo puñetas mentales y otras tantas reales, solo de pensar en lo que vi y en lo que deseaba realmente... Estar con las dos, madre e hija en la complicidad voluptuosa de un cuarto en la habitación de un Motel... O en mi departamento... Solo que había un gran problema, dejé pasar los días y nunca le confesé que las había espiado, cosa que ahora ya me parecería desleal en dos vías... Por no decirle de inmediato, y porque a pesar de nuestra apertura, ella solo me confesó la mitad de su confianza...

Pero ya no podría ocultarlo por mucho tiempo más; así que pretextando el olvido de mi paraguas en su casa, fui a su casa a enfrentar el riesgo con el marido y me presenté una tarde de casi lluvia... Mi novia tiene un Mazda y su esposo tiene un Audi... Pero no estaba el Mazda, ni estaba el Audi... solo estaba Ruth.
Sin nada en mente que no fuera la imagen de esa noche y ya estacionado frente a la casa, me bajé y toqué el timbre con férrea idea de quedarme un rato y esperar el regreso de mi novia... No le llamé so pretexto de poner mi cara de hipócrita y decir que pasaba cerca.
Ruth misma me abrió al reconocerme y me dijo que su madre no tardaría en llegar y que la esperara en el porche de entrada... Qué increíble es la mente, desnudé a esa mujer con la mirada y visualicé sus piernas junto al temblor de mis manos... Pero no, volví a la realidad y la minifalda de Ruth, digo, Ruth, entró a la casa y sin preguntarme, de la cocina sacó y me regaló una limonada (sabe por su madre que no bebo)...
Mi mente al diez mil... Solo quería que no estuvieran sus hermanos ni que llegara su padre... Acepté, me senté y se sentó del otro lado de la mesita fumándose un Pall Mall...

No sé si me lo imaginaba, era tal mi excitación, que me imaginé que Ruth no había hecho nada por no sentarse tan descuidadamente como lo hizo, pero hasta donde yo entiendo, a una mujer lesbiana los hombres son como una bofetada ante cualquier insinuación y traté de que el imán de sus piernas no atrajera la dirección de mis pupilas... De hecho, no había nada. Mi novia tardaba, empezó a llover y me dijo que entrara a buscar mi paraguas y escogiera entre tres que había en un cilindro de rattan en las cercanías de la sala...
Se levantó, me levanté detrás de ella y entonces sí la "toqueteé" con mis ojos tan ferviertemente, que por un instante se detuvo, se volteó para preguntarme el color de mi paraguas y creo que había sentido el dildo de mi vista porque le noté un rubor contundente en sus mejillas... Y mi cuerpo empezó a reaccionar, mis piernas empezaron a temblar y un sudor frío me escurría de la espalda hasta los glúteos...
Se plantó ahí, estaba tan cerca de la puerta de ese closet, que cuando me agaché a recoger por lo que iba, no pude evitar sentir el delicado aroma de su perfume, un tanto dulce, un tanto salvaje para mi gusto... Quién era esa mujer?... Mi novia es muy femenina pero audaz y ella se contoneaba seductoramente...
Al demonio... no lo pude soportar... le tomé del brazo y le agradecí su cortesía, le planté un beso en la mejilla para des pedirme pero no la solté, no se apartó, y luego la tomé por la cintura sin palabra y sin palabras... La tomé con ambas manos de las mejillas y la besé.

Desaté la tormenta; Lesbiana?... No, Bisexual tal vez, porque se dejó besar de manera sumisa y provocativa al mismo tiempo... Y otra vez, más ya no pude y recordando lo que hacía su madre con ella, la giré totalmente hacia mí y le metí las manos bajo la falda... Ruth se retorció sofocada, su respiración me sofocó y la manoseé como náufrago de regreso de alta-mar... La proximidad de la llegada de su madre nos aceleraba el pulso y las acciones a grado tal, que nunca, jamás nos dimos cuenta que su madre entró porque la puerta se había quedado abierta... Mi novia, la madre de Ruth, nos vio, y no precisamente nos estaba espiando como yo lo hice porque nunca se imaginó que yo estuviera ahí, pegado a su incestuosa hija en un abrazo delicioso como el que les espiara yo.
Contrario a como yo había reaccionado, decidió acercarse cuando nos separamos espantados por haber sido sorprendidos... Pero solo nos sonrió y muy bajito me dijo: "Ahora ya lo sabes"... Enseguida nos tomó de las manos y nos besó en los labios a los dos, un beso a cada uno mientras noté que sus lindos ojos aceitunados se llenaban de retenidas lágrimas...
Ante la aprobación, abrazó a su hija y como para seguir con el semáforo en verde, le plantó tremendo beso que me hizo tener un casi orgasmo de placer... Me sentí un poco estúpido, pero ver a dos mujeres y ver a esas dos mujeres, le prendieron fuego al combustible acumulado en el aire y me les uní deseando tener ocho brazos, dos pares de ojos y un par de miembros que imposible cupieran en mi pantalón porque mi erección se quería salir del claustro...
Dimos unos pasos hasta la sala y nos tiramos encimados y hechos nudo sobre el sillón mayor; en total agradecimiento pegué mi cuerpo a mi novia y mi desesperación la comenzó a desnudar; las manos de mi novia se fueron sobre Ruth y también la semi desnudó; nos quedamos a medias porque toda esa lujuria iba y venía en un desorden imposible de seguir. Nos besamos, nos tocamos, nos manoseamos alocadamente y de los rostros pasamos a los sexos; Laura al de su hija, su hija al mío y el mío se estacionó en el trasero de mi novia...
No era un nudo simple, no había remordimiento o penuria... Ambas bocas femeninas se dejaron y se fueron hasta mi cuerpo medio y mientras Ruth se metía a la boca mi erectísimo pene, mi novia se iba a mis testículos y sus dedos a mi Jardín ya no tan Secreto... Lo que hacían yo lo repetía; los dedos buscaban todos los orificios, los besos las planicies y las lenguas se deslizaban dejando respectivos caminos salivosos que alguno más cercano levantaba con su propia lengua...

¡Sentía morir!... Siempre me habían atraído las escenas lésbicas pero ahora que estaba siendo partícipe en una de ellas, el dolor en mi bajo vientre no sabía cómo o en quién debía y quería descargar de ya, el contenido seminal que parecían buscar cada una con fruición, vehemencia y extrema excitación... Ruth me complacía -o se complacía-, pero su mayor tendencia era el cuerpo de su propia madre, su madre nos daba trato a los dos y yo alternaba mis inclinaciones por sus vaginas dos, y por ambos sus culos que sudaban lubricados por saliva, por sudor y por los lubricantes naturales que pasaban de uno al otro de ida y vuelta...
Las quise penetrar, las dos al mismo tiempo pero solo tenía un pene y me preguntaba por qué no sería yo extraterrestre y tuviera dos.
Ruth se recostó en la horizontal y su madre se encimó sobre de ella prodigándole de besos, lengüetazos y caricias, repitiendo una y otra vez: "Mi niña... mi niña... mi niña"... Esas voces eran otra vez como combustible al fuego que me hacían explotar y ante el panorama de las dos mujeres, yo me subí a mi novia y le busqué penetrar por donde se pudiera primero... Pasó sus brazos hacia atrás, me tomó, y me guió hasta su más descubierto deseo del momento... Lo puso en la entrada de su esfínter y me lo pidió... "Cógeme, párteme en dos, mi culo es tuyo. Te quiero bien adentro"...
Y así lo hice; los conatos anteriores en previos encuentros por fin verían fructificados nuestros deseos y poco a poco, porque tanto a ella como a mí se nos dificultaba y dolía, la calentura del momento abrió el portón y entré.

Por un momento me asaltó el temor de que llegara el esposo y padre de Ruth... ¿Y si llegara y procediera como mi novia?... ¿También lo hace con Ruth?... No, no querría que pasara... No querría compartir esa gloriosa fantasía, y deseché ese pensamiento todavía aún más pecaminoso... Volví en mí, volví a la realidad y procuré disfrutar del presente más candente jamás...
Las dos mujeres se dejaron ir y yo me fui sobre ellas; me salí de mi cuarentona novia y me metí en las dos décadas apenas rebasadas de Ruth... La diferencia de texturas no era tan obvia, pero el tono muscular de Ruth era casi casi inmaculado... Me gustó mucho, pero la sexualidad de mi novia era más afín a la propia mía y regresé a su cuerpo... Permutamos, polarizamos, intercalamos, transpolamos y nos dimos lo que había que dar...
Tuve que decidir en quién y escogí que fuera sobre las dos; las coloqué oreja con oreja, cuerpo a cuerpo, y montado en ellas, acerqué a sus caras mi enardecido pene, manipulándolo con fiereza hasta que bañé sus bocas, sus caras y sus ojos...
Grité... Aullé y sollocé cual lobo en brama cuando me repetí lo que acababa de suceder.

Qué experiencia aquella... Eso fue ayer y ya quería que se repitiera, pero me preguntaba si eso podría ser.
...Voy a hacer la llamada ahora...


© Hypersexual



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