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Una historia que me contó mi madre

El aroma a amapolas y margaritas se hacían percibir en el olfato de ella. La embriagaba ese aroma. Esa paz. Esa sensación de reposo y tranquilidad absolutos. Con los ojos cerrados, se dejó llevar. Se transportó a otro lugar. A otro momento. En la habitación de sus padres. Unos años atrás. Cuando ella observó por primera vez, como un hombre y una mujer enredaban sus cuerpos tal vez para hacerse daño. Luego, simplemente comprendió lo que había pasado mientras observaba como su madre gemía, gritaba y era acusada por su padre, que la llamaba puta sin cesar. En el furor del enganche sexual, su padre había dado rienda suelta a su lengua con palabras soeces e insultos. Curiosamente bien recibidos por su madre. Era ese mismo aroma a margaritas. Esa colonia de su madre arrebataba la habitación aquella tarde de verano a la hora de la siesta. Ellos la daban por dormida. Se había levantado para hacer saber a su madre, de su dolor de estómago. Al no encontrarla en el gran salón de la casa, había avanzado con pasos tímidos hasta la habitación de ella, pensando, tal vez, que también dormitaba la siesta.

Encontró la puerta entreabierta y asomó su pequeña cabeza hacia el interior. El cuerpo de su padre desnudo abatiendo el de su madre, también desnuda, la hizo sacar la cabeza de entre el marco de la puerta y el pomo de la misma. Se asustó. Mucho. Una vez vencida la impresión, asomó nuevamente su cabeza para cerciorarse de lo que pasaba sobre aquella cama, en la que sus padres yacían desnudos uno encima del otro. Pudo ver como su padre empujaba el cuerpo de su madre con su trasero a la vez que la llamaba puta. Esta chillaba y gemía en lo que ella creyó que era de dolor. Estuvo tentada de irrumpir llorando en la habitación. Regañar a su padre. Decirle "Basta, no hagas daño a mi mamá". Se reprimió. Sólo así pudo observar como su padre se separaba de su madre y se dejaba caer en la cama boca arriba, dejando bien a la vista su pene erguido. Su madre se incorporó y se montó encima de su padre a horcajadas. Luego, vio como su madre tomó el pene de su padre y se lo metió por donde ella hacía pis. Los gritos de su madre y las exclamaciones de su padre, la alejaron de la habitación sin hacer ruido, dejándolos satisfacer lo que ella creía que era la configuración de un nuevo hermano.

Permaneció tumbada en la hierba con el sol de primavera fustigando su cara. Los rayos atravesaban sus párpados inundándolos de claridad. Apretó los ojos más. Giró la cabeza del lado izquierdo y puso la mano izquierda encima de su vientre. Jugueteó con su ombligo haciendo círculos con el índice. Luego posó la palma otra vez y acarició su vientre terso y suave de arriba abajo. Su nariz pegada a la hierba caliente y sudada, se impregnaba del aroma de campo. Como si la mano fuera absorbida, se deslizó bajo la camiseta que llevaba puesta. Rápidamente, comenzó a juguetear con su pezón derecho hasta conseguir erectarlo. Una vez ejecutado el juego, cambio de pecho y se fue al izquierdo, que esperaba turno ansiosamente. Por su mente vagaba sin destino la imagen del pene de su padre. Tieso, arrogante, hinchado, largo. Luego, la mano de su madre acariciándolo y guiándolo a la abertura. Y su madre dejándose caer encima para iniciar el trote con el miembro dentro. Ahora, con el paso de los años, lo comprendía. Comprendía todo. Estaban haciendo el amor. Ella ya no se asustaría al volver a verlos, cosa que no había vuelto a suceder. Desde entonces miró a su padre de distinta forma. Le seguía teniendo cariño, pero ya no era igual. Pensó en su madre. Tan volátil, dejándose hacer. La comprendía. A ella misma le gustaba ese placer. Notó la humedad en su vagina y descendió la mano libre hasta el borde de su pantalón. Ahuecando la goma de la cintura, se deslizó dentro y franqueó la barrera del elástico de la braga. Fue bien recibida por el matorral rizado y suave que protegía su hendidura. Sus dedos índice y corazón de adentraron en el riachuelo de flujo que emanaba de su sexo. Con un vaivén lento, sin dejar su pezón derecho, deslizó ambos dedos de abajo hacia arriba. Lentamente. Muy lentamente y siempre acompañada por la imagen del pene erguido de su padre años atrás. La violentaba esa imagen. La tenía clavada en su mente. Después, su madre aullando de placer y necesidad. La mano aconcabada ahuecó la braga y tomó otra velocidad que se ajustaba más a la demanda de su cuerpo. Se olvidó de todo. Necesitaba experimentar una vez más esa sensación que llegaba de la nada, ascendía y descendía dejando su cuerpo relajado.

El placer fue cobrando la dimensión que necesitaba su cuerpo. Separó más sus piernas para permitir a los dedos golosos jactarse de su grieta. Avanzó lo necesario hasta obtener placer. Se olvidó que no estaba sola. Abrió los ojos y pudo ver como su hermano seguía con atención los movimientos de su mano bajo el pantalón del chándal. Los volvió a cerrar. Sentía que llegaba el orgasmo. No la importaba que su hermano presenciara aquello. No era el momento de detenerse. No podía parar. No debía cortar el regocijo del placer por el mero hecho que su hermano la viera. Encogiendo las piernas, doblándolas por las rodillas, se aplicó lo justo para que el placer la hiciera morderse el labio inferior, y compusiera un gesto de dolor arrugando su rostro. De paso, pensó, no estaría tan expuesta a la mirada de su hermano. Se mantuvo un rato así. Con los ojos cerrados. Hasta evacuar de su cuerpo todo vestigio de placer. Luego sacó su mano impregnada de placer. Abrió los ojos. Miró hacia donde se encontraba su hermano. El ya no estaba. Los volvió a cerrar y aspiró una vez más el olor de aquella habitación de años atrás, cuando aún no sabía que era el sexo. Tomó la decisión de hablar con su hermano, pero eso sería más tarde. Ahora sólo quería estar relajada. Quería apartar de su mente aquel cipote que pertenecía a su padre y que tanto la excitaba.

Entró en la casa sin vacilar. Ascendió las escaleras que daban acceso a las habitaciones de invitados y de su hermano, así como a la suya propia. Sus padres seguían durmiendo en la planta de abajo. Abrió la puerta de la habitación de Toni. El se encontraba tirado en la cama leyendo un libro. Toni tenía 18 años, ella 20. El bajó el libro y se encaró con ella. Habían pasado dos días desde que él la sorprendiera masturbándose en el campo.

-¡Ah, estas aquí! Te buscaba. Tengo que decirte algo importante. Dijo ella tomando aliento.

Toni la miró sin prestarla demasiada atención. El nunca entendió a su hermana. Suponía que ahora le contaría algo que quería que él hiciera por ella. O le pediría, una vez más, dinero. Dinero del que siempre andaba escasa por lo derrochadora que era.

-¿Qué te pasa ahora? Preguntó con desgana.

-Esta noche se van papa y mamá al teatro. Y he pensado que como no vas a salir, me gustaría que me dedicaras un poco de tu tiempo.

-¿Mi tiempo?

-Si. Necesito contarte algo. Quiero saber tu opinión. Es muy importante para mí.

-¿Y no me lo puedes decir ahora?

-No. Es largo de explicar.

-¿Te ocurre algo?

-No. Pero tenemos que hablar. Es una cosa que no he contado jamás a nadie. Y te la voy a contar a ti.

-Me intrigas. ¿Estás segura que no te ocurre nada?

-Cuando se marchen papá y mama, te lo contaré. No me gustaría que nos sorprendieran hablando de lo que te tengo que decir.

Toni la miró de soslayo mientras ella salía de la habitación. Compuso un gesto con su cara y la cubrió enteramente con el libro. Retomó la lectura. Pero no se concentraba. Le vino la imagen de su hermana masturbándose en el campo. El no la había dicho nada. Suponía que ella le había visto como la miraba. No era la primera vez que observaba a su hermana masturbarse. Siempre se las había ingeniado para entrar en el baño cuando ella se duchaba, y a través de la mampara, la descubría con la mano abajo, aunque como en la ocasión del campo, tampoco veía nada. Solo intuía. Se conformaba con oír el chorro de agua que imaginaba cayendo en su cuerpo y ver la silueta desnuda de ella a través del cristal distorsionado.

La noche llegó con la huída de sus padres. Toni estaba apático. Tumbado en el sofá de la casa, miraba la televisión sin hacer el menor caso al programa que estaba viendo. Al oír un ruido giró su cabeza y descubrió a su hermana, que con un camisón largo de tela transparente y descalza, bajaba las escaleras. Sus pechos eran perfectamente visibles al trasluz, así como su negro pubis liberado de sus bragas.

-¿Te vas a acostar? La preguntó.

-No. Aún no. Contestó ella.

-¿Por qué vas en camisón?

-Estoy más cómoda. ¿Qué ves? Dijo mirando el televisor.

-Nada. No veo nada. Sólo miro. ¿De qué me tenias que hablar?

-Si. Eso es. A eso vengo. A hablarte del algo. Dijo ella sentándose frente a el.

-Me tienes intrigado, ¿Es tan importante? ¿No estarás embarazada?

-No. No se trata de eso. Es sobre una cosa que me ocurre y es por culpa de papá y mamá.

-¡Ah ya, no te dejan ir de camping! ¿Es eso no?

-No. ¡Y si me dejan! Hizo una pausa. Toni, yo tengo 20 años, soy dos años mayor que tú. No tengo novio, ni lo quiero tener. Como estoy estupenda, sé que cuando lo quiera, no me faltará. Pero hay una cosa de la que te quería hablar. Hace unos 12 años, cuando tú tenías 6, nuestros padres nos mandaron a dormir la siesta. Tú te quedáste dormido, pero yo no podía dormir. Tenía una sensación rara. Lo cierto es que me levanté de la cama y salí de mi habitación para pedir permiso a mamá para que me dejara quedarme aquí, en el salón. Le iba a decir que no tenía ganas de dormir y que me permitiera quedarme jugando o viendo la tele. Me dolía la tripa. Ellos también se habían ido a echarse la siesta. Lo de siempre. ¡Dichosas costumbres! Me acerqué hasta la habitación de mamá y la puerta estaba entreabierta. No entré. Pero oí ruidos. Papa la llamaba puta a mamá….

-¡Eso es imposible! Papa no haría una cosa así. Dijo Toni enfadado.

-No, no es eso. Escúchame. Me asomé por la puerta metiendo un poco la cabeza y lo que vi era nuevo para mí...

-¿Qué viste? ¿Qué la pegaba acaso?

-No. Aunque en un principio eso pensé. Pero no. Los vi follando.

-¿Follando?

-Si. Papá estaba tumbado encima de mamá. Ellos estaban desnudos. Y dejado llevar por la pasión la llamaba puta y ella le contestaba "Oh si, si, soy tu puta, tu zorrita puta….fóllame cabrón", dijo remedando una voz cursi.

-No me lo creo. Además ¿Cómo te puedes acordar de algo que sucedió hace doce años cuando tú solo tenías ocho?

-Pues debes creerme. Yo nunca te miento. Y me acuerdo perfectamente. Lo tengo grabado aquí, dijo señalando con su dedo índice su cabeza. Luego papá se separó de mamá y se dejó caer en la cama boca arriba. Le vi la polla. La tenía dura y larga….

-¡Cállate ya y no me cuentes esas cosas! No son de nuestra incumbencia. Deberías haberte quedado en tu habitación durmiendo. ¡Que manía con espiar a la gente!

-¡Yo no voy por ahí espiando a nadie! Lo que trato de decirte es que yo nunca había visto semejante escena. Y desde entonces, me atormenta en la mente. Es como si tuviera un complejo. Un miedo al sexo. No sé.

- Si no te hubieras levantado, no hubieras visto nada y no te atormentaría esa imagen.

-Es la imagen del pene de papá lo que me atormenta Toni. Verle en la cama tumbado, con su miembro en alto, duro, hinchado….

-¡No me lo cuentes!

-Debo hacerlo. Necesito tu ayuda.

-¿Mi ayuda? ¿Para qué?

-Escúchame. Eso no fue todo. Luego mamá se incorporó y tomó esa cosa en la mano y se la metió dentro. Ahora ya sé que hacían. Follaban. Normal. Pero en ese instante yo no lo sabía. Aunque lo supuse.

Toni estaba de los nervios. No le gustaba que su hermana hablara así de sus padres. Pese a sus 18 años, Toni ya había estado con algunas jóvenes del instituto. Había tonteado con ellas. Nada serio. No había pasado de los besos y los forcejeos típicos de quien quiere más sin conseguirlo. Había descubierto a su hermana en el baño muchas veces. Esa puerta siempre estaba abierta. El entraba en el baño y sorprendía a su hermana sentada en la taza. No veía nada, pero a ella no le molestaba que él la descubriera. En otras ocasiones había entrado en la habitación de su hermana y la había visto en bragas. Aunque últimamente, verla en bragas y con los pechos descubiertos, no era nuevo. Siempre en la habitación de ella. Toni pensó que su hermana no era cuidadosa con su desnudez. Estuvo tentado de decírselo en alguna ocasión, pero conociendo el carácter de ella, se abstuvo de comentar nada. Por otra parte, siempre era agradable ver a su hermana casi desnuda. Ello le inspiraba. Esas imágenes eran reales. No como las de las películas porno que veía a escondidas mientras se masturbaba. Comprendía a su hermana cuando se masturbaba. Por eso nunca la dijo nada. Sólo quería que ella hubiera sido más cuidadosa. Más reservada. Aquella tarde en el campo él la había visto. Sabía lo que estaba haciendo. Y ella le había mirado. Había abierto los ojos y le había sorprendido mirándola. Luego los cerró. A ella no le había importado que el supiera lo que hacia. Respetó aquello y no comentó nada. Pero no pudo evitar tan pronto como llegó a la casa, subir a su habitación y masturbarse encima de la cama recordando a su hermana. El cuerpo de ella.

-¿Y que pasa por que follaran? Son pareja. Se quieren. Es lo más natural. Dijo Toni.

-Lo sé Toni. Pero es que esa imagen a mí se me ha quedado grabada. Aquello que presencié despertó en mí algo que no sé como explicarte.

-Vamos, vamos, tú estas de vuelta de esas cosas. Te he visto. Dijo Toni.

-¿Me has visto?

-Si.

-¿Qué me has visto?

-Hacer esas cosas. Ya sabes.

-No te entiendo Toni.

-Eso. No me hagas que te lo repita.

-Dímelo.

-Masturbarte. Tú lo sabes que te he visto.

-¡Ah, es eso! ¿Y qué pasa? ¿Acaso tú no lo haces hermanito?

-No.

-No me digas bobadas. Tú te harás todas las pajas que quieras. En el baño, en tu habitación….y donde pinte. Además ¿Por qué coño me has espiado?

-Yo no te he espiado. Tú has dejado que yo te viera, que es distinto.

-¿No se lo habrás dicho a nadie?

-No. Descuida. No soy un puto chivato. Además, ¡a mí que me importa lo que hagas!

-Debería importarte. Yo soy tu hermana y me preocupo por ti.

-Yo también me preocupo por todos. Por ti, por papa, y por mama, pero no voy espiando a nadie.

-¡No me digas tonterías Toni! ¿Te crees que no te he visto espiarme? ¿Crees acaso que no me he dado cuenta que me miras cuando estoy en el baño?

-No te espío. Pero no me puedo tapar los ojos. Si entró en el baño y estas duchándote, se que estás duchándote. No te veo nada. Pero si entro en tu habitación, siempre llamo, y si me recibes en bragas y con las tetas al aire, no es mi problema. Y como ya habrás observado, enseguida me voy de ella. No quiero herir tu sensibilidad. Pero no deberías recibirme así. Un día entrará papa y te verá.

-El siempre llama. Las pocas veces que sube. Dijo ella.

-Ya. Pero algún día te puede ver así.

-¡Oye Toni, yo no estoy desnuda siempre!

-Me imagino. Pero casi siempre que subo a tu habitación, estas igual.

-¿Y no te gusta lo que ves?

-No miro.

-Se que miras. Dime ¿no te gusta lo que ves? ¿Estoy buena verdad?

-Buffff…

-¿Eso es un desprecio a la belleza de tu hermana?

-No. Pero no te veo como…..te veo como lo que eres, mi hermana mayor.

-Y la única que tienes. Se ve que nuestros padres aquel día no fueron fértiles.

-Tal vez no quisieran más hijos.

-Tal vez, ¿se lo has preguntado? Dijo ella.

-No. Ni lo haré. No es de mi incumbencia.

-Dime Toni ¿eres virgen aún?

-¡Y a ti que te importa!

-Ya lo has probado verdad.

-No es de tu incumbencia. Protestó Toni.

-No. Cierto. Pero me hacia ilusión saberlo. Como siempre te veo con chicas….

-No voy a estar con chicos. ¡Me gustan las tías sabes!

-Y a mí los tíos.

-Pues no te veo nunca con ninguno.

-Ni me verás. Soy más sutíl y más cuidadosa.

-¿Te has acostado con alguno ya?

-No se si puedo tener tanta confianza contigo….

-No te preocupes. Ya me has contestado.

-Yo no te he dicho nada Toni.

-Lo sé. Pero tu respuesta….

-¿Y qué si fuera cierto?

-Nada. No es de mi incumbencia. Y sí puedes tener confianza en mí. ¿No te das cuenta que te he visto masturbarte varias veces y no he dicho nada a nadie?

-Yo también te he visto a ti.

-¿A mí?.....eh…. ¿cuando?.....como que me has…

-Chisssss…..te he visto. Y yo no he dicho nada tampoco. Ni siquiera a ti. Te vi un día con una revista porno en la mano y con la otra la tenias ahí, dijo señalando la entrepierna de su hermano, y como la movías, deduje que te estabas masturbando.

-¡Vaya, ahora me espías!

-No Toni. Tenías la puerta entreabierta y fui a tu habitación a decirte algo. No recuerdo que. Y te vi. Eso es todo. La verdad, es que estuve tentada de interrumpir, pero decidí no cortarte y así evitar ponerte en una situación…. ¿difícil?

-¡Vaya, te lo agradezco, que buena hermana eres coño!

-No te enfades. Sómos jóvenes y ambos hacémos lo que podémos. Te diré una cosa, pero me tienes que prometer que no saldrá de aquí.

-Sino te fías de mí, no me lo cuentes.

-Si me fío tonto. Yo ya lo he hecho. Dos veces.

-¿Con quien?

-No los conoces. La primera vez fue en la nochevieja del año pasado….en casa de Miriam. Ella invitó a unos primos y aunque casi todos nos conocíamos, yo estuve casi toda la noche bailando con un primo suyo. Al final nos liamos la manta a la cabeza. El llevaba preservativos. Era mayor que yo. Tenía 22 años. Pero fue una mierda. No saqué nada de aquello. Y me salió sangre. Me desvirgó. Y no duró ni cinco minutos. El si lo paso bien. Supongo. Se corrió. La segunda vez que lo hice fue….

-No me cuentes nada. No quiero saberlo. Dime que es lo que te atormenta y dejemos esta conversación. Dijo Toni.

-La según da vez fue con el chico aquel que nos traía la leche ¿Le recuerdas?

-Si. ¿Alberto?

-Ese. Un día estaba yo sóla en casa y le vi llegar con las botellas de leche. Pasó las botellas a la cocina y coqueteé con el un rato. Lo demás fue sencillo.

-¿En la cocina?

-No. Quedé con él una tarde para ir al cine. El encantado. Después del cine, me llevó en su coche a un lugar apartado y no pasó nada. Pero los dos sabíamos que si quedábamos otro día, pasaría. Y quedamos otro día. Y pasó. En el coche. Luego, el dejó de trabajar con la leche y no le volví a ver.

-Muy bien. Así que ya has estado con dos tíos y con ninguno has llegado a estar más de una vez.

-¿Eres virgen? Pregunto ella.

-¿Y qué que lo sea?

-No me puedo creer que no hayas estado con ninguna chica con tantas como vas.

-No. Y no me pasa nada.

-Sólo que te matas a pajas.

-Es asunto mío.

-Ya lo creo que si. Pero dime, no has estado por miedo o….

-¡Pues no he estado por que no he estado! ¡Y ya está!

-¿No te atreves?, porque se que te gusta el sexo. Te masturbas. Y mucho.

-No. Me gustan las tías, si no a santo de que iba a ir con ellas…..sólo que no me atrevo.

-¿Y lo has hablado con ellas? Quiero decir que si has llegado al momento en que se da el paso definitivo….

-Si. Pero no me trevo.

-¿Y ellas que dicen?

-Nada. Les debo gustar demasiado para que se enfaden conmigo.

-Si. Guapo si eres. Nada más que tienes que verme mí. Somos guapos los dos. Pero sólo tienes que llevar algún preservativo contigo y ya está.

-No es tan sencillo. Me da cosa. Nunca he estado con nadie. No sé como tengo que hacerlo.

-No me digas eso. Te he visto con revistas, con pelis porno. Es igual. Eso no se enseña, se hace.

-Ya lo se.

-Pues querido hermano, debes hacerlo. Es maravilloso.

-¡Mira quien fue a hablar la que lo ha hecho una vez!

-Dos. Bueno, una. La primera no cuenta.

-Peor para ti.

-No estés enfado conmigo Toni. Yo no tengo la culpa.

-Ni te la estoy echando. Pero dime que es eso que te tiene tan jodida en tu cabeza. ¿Haber visto a papá y mamá en la cama?

-No. Yo era pequeña entones. Ahora lo comprendo todo. Pero me queda algo que no sé…

-Ves a un psicólogo.

-No. No es eso. Es la imagen del pene de papa lo que me tiene así. No se me va de la cabeza.

-¿Estas traumatizada por ver a nuestros padres follando?

-Tal vez. Aunque no lo creo. Pero es que papa la tiene muy grande Toni.

-Mejor para el. ¿Y tú qué sabes como la tiene si eras una niña de ocho años? Para ti en ese momento todo sería excesivamente grande.

-Tendrás razón. No lo dudo. Pero me impactó aquello.

-Voy a preparar un pizza ¿quieres?, dijo Toni a la vez que se incorporaba.

-Está bien. Comeré un para de porciones.

Toni se levantó y se dirigió a la cocina a calentar la pizza. Diez minutos eternos bastaron para que al fin, volviera con ella al salón y trocearla en porciones Tomó una y se la ofreció a su hermana. Abrió dos botes de coca-cola y comieron sin decir nada. Abstraídos. Sin abrir la boca más que para engullir, el tres porciones, ella dos.

Terminaron de saciar su apetito y se dejaron caer en los sillones. Miraban la tele sin decir nada. Toni miró el reloj.

-Son las 12 de la noche. ¿A que hora volverán?

-Supongo que de madrugada. Como siempre. El teatro, las copas… etc. Les darán las 5 de la mañana por ahí. Siempre llegan a las 6. Les oigo llegar. Hablan muy fuerte. Dijo ella.

- Me voy a ir a mi habitación. No hay nada en la tele. Es un royo. ¿Tienes algo más que contarme?

-No. Que no le digas a nadie, ni siquiera a tus amigos ni a tus conquistas lo que te he contado.

-No lo haré. Nos protegeremos como buenos hermanos. Dijo Toni sonriendo.

-No lo dudes Toni. Dijo ella.

-Bueno, pues te voy a dejar solita. Me subo a la cama.

-Toni.

-Dime, dijo girándose hacia ella.

-¿Me la enseñas?

-El que.

-Tu polla.

-¡Estas loca! Me voy a la cama.

-Solo quiero saber si se parece a la de papa.

-¡Vete a la mierda! Me voy. Dijo echando a andar visiblemente molesto.

-Tú me has visto las tetas. ¿No puedo ver tu polla? Somos hermanos.

-No. Y yo no te he pedido que me las enseñaras. Eres tú que siempre andas medio desnuda por la casa. Como ahora, que vas enseñando todo.

-Pero te gusta vérmelas ¿no?

-Me voy. Hasta mañana.

-Se que te gusta. Se que te gusta mirármelas. ¿Las quieres ver ahora?

-Ya te las veo a través de tu camisón. Y se te ve algo más.

-Enséñame tu polla y yo te enseño mi coño.

-Estas mal de la cabeza Paula. Eres una salida.

-Si. Estoy salida. Gracias a papá.

-Hasta mañana.

-Adiós niñato.

Ella se quedó mirando la tele sin ver que imágenes ponían en el canal. Toni subió a su habitación malhumorado. Se tumbó en la cama boca arriba y dejó la luz encendida. Cerró los ojos y trató de imaginarse a sus padres haciendo el amor. No lo conseguía. Era algo que no podía imaginar, aunque daba por sentado que ellos dos aún lo hacían. Pero eran viejos. Tenían 44 y 46 años respectivamente. Su madre era más joven que su padre. Pero eran mayores. El sabía que otras parejas lo hacían, pero no conseguía imaginarse a sus padres. Decidió pensar en Paula. A ella si se la podía imaginar follando con el lechero y con el primo de Miriam. Su hermana estaba buena. Tenía buen tipo y era muy guapa. No había duda. Se quedaba con la imagen de su hermana en aquel coche follando con el lechero. Notó como se erectaba. Se incorporó de la cama y apagó la luz. Encendió la de la mesilla y se tumbó de nuevo. Cerró los ojos otra vez y retomó las imágenes de su hermana y el lechero. Según lo que él imaginaba que podría haber ocurrido dentro de aquél coche.

El botón de su pantalón no fue obstáculo. El ruido que emitió la cremallera al tirar de cursor, le violentó y le excitó más aún. Era un pajero. No tardó en tener entre su mano aquel miembro duro.

Paula se había quedado en el sillón, con una pierna cruzada sobre la otra. Se había resignado a estar sóla. Se fumó un cigarro. No había problemas, sus padres no lo iban a notar. Ellos sabían que ella fumaba, pero aún no lo hacia abiertamente en casa. Terminó el cigarro. Apagó la tele y se encaminó escaleras arriba hacia su habitación. Pensaba que Toni no le había aportado nada en su actual estado de ánimo. Sólo se habían echo unas confesiones que ella creía importantes. El era virgen.

Ascendía lentamente los peldaños de la escalera. Iba descalza. Al llegar al rellano giró por el pasillo, pero se detuvo al ver la luz que emergía de la habitación de Toni. Se acercó a ella. Y volvió a mirar como doce años antes lo había echo en la habitación de sus padres. Pero ahora ella comprendía. No era una niña que fingía dolor de estómago para no dormir la siesta. No se sorprendió en exceso al ver a Toni desnudo en la cama con los ojos cerrados. Tal vez lo esperaba. El abrazaba con su mano derecha su pene y subía y bajaba su prepucio lentamente a la vez que componía un gesto de dolor en su rostro. Se quedó inmóvil. Observó a su hermano con complicidad. Su hermano se tocaba los pezones a la vez que manipulaba su sexo. De vez en cuando acariciaba sus testículos y se enredaba en sus vellos. No alcanzaba a ver el tamaño de su pene, pero lo suponía grande. Tal vez como el de su padre. Instintivamente bajó su mano y la introdujo dentro de su camisón y ella también se tocó su sexo. Sentir su mano ascender por sus muslos hasta dar con el matorral de vello la hizo suspirar. Comenzó a acariciar su clítoris y notó la humedad del deseo de inmediato. La hubiera gustado acariciar sus pezones, pero la prenda que llevaba encima era demasiado larga para tal cosa. Turbada por lo que estaba viendo, perdió los nervios y se dejó llevar por el impulso de la codicia. Empujo la puerta de la habitación de su hermano y penetró en ella. Toni abrió los ojos. Sobresaltado.

-¿Qué…que…que haces aquí? Dijo tratando de cubrirse sus partes con el edredón.

-Sigue, sigue, no te cortes.

-¿Qué haces en mi habitación Paula? ¡Es mi habitación!

-Tranquilo Toni. No pasa nada. Dijo sentándose en un borde de la cama.

-¡Sal de aquí de inmediato! Dijo el muy violento aún.

-¿Te estabas haciendo una paja eh? Dijo ella.

-¡Sal de aquí Paula, por favor!

-No me importa lo que estas haciendo. Me subía a mi habitación y he visto luz en la tuya.

-Eso no significa que tengas que entrar sin llamar. ¡Joder qué manías tienes!

-Tienes razón. Pero lo que he visto me ha dejado, como diría, alucinada. Por eso he entrado.

-Tengo derecho a mi intimidad. En mi habitación. Dijo tratando de taparse, cosa que consiguió al fin.

-Discúlpame Toni. No quería asustarte. Dijo subiéndose el camisón hasta la mitad de los muslos y cruzando una pierna por detrás de la otra hasta que sus pantorrillas se fundieron en una sola.

-No debes entrar en mi habitación. Yo no voy a la tuya. Y si entro, llamo antes, y cuando me das permiso, paso.

-Estas excitado, no es eso.

-¡Déjame en paz Paula!

-Por eso te hacías una paja. Te ha excitado lo que hemos hablado verdad.

-¡Que me dejes en paz!

-Comprendo. Dijo ella bajando la vista. Eres virgen aún. Ese es el problema.

-¡Eso no tiene nada que ver!

-Imagino que no. E imagino que si.

-Tú no eres virgen y también lo haces. Dijo Toni.

-Es verdad. Pero deberías haber cerrado la puerta si no querías que te sorprendiera alguien.

-¡Creí haberlo echo!

-Pues no lo hiciste hermanito. Y te he visto.

-Muy bien. Ya sabes lo que estaba haciendo. Ahora te rogaría que te fueras y me dejaras en paz.

-¿Quieres que te ayude con eso?

-¿Qué me ayudes con…..que me ayudes a….que dices Paula?

-Quieres que te ayude a terminar lo que estabas haciendo.

-Ehhh….! Estás loca!

-¿Por qué?

-Déjame en paz Paula, por favor.

-Yo puedo hacerlo. Ya lo hice una vez. Te gustará más.

-¡No me lo puedo creer!

-Ven., déjame. Dijo ella tratando de descubrir el pene de su hermano.

-Déjalo ya Paula. Me estas poniendo nervioso. Vete a tu cuarto y duérmete.

-¡Déjame! Exclamó mientras retiraba el edredón que cubría las partes nobles de Toni.

El cerró los ojos y ante la vista de ella apareció el soldado, aún duro, clamando una batalla que no se iba a producir. Clamando por saciar su sed ante la interrupción que minutos antes había tenido.

-¡Vaya Toni que agradable sorpresa! La tienes bien grande.

El muchacho se volvió a tapar su hercúleo y abrió los ojos otra vez.

-¡Ya está! Ya me la has visto. Ahora te puedes ir.

-Y así te dejo que acabes con lo que has empezado ¿no?

-Tal vez. Dijo el algo menos ofuscado.

-Muy bien. Me iré pero antes te dejaré algo para que te inspires. Dijo ella a la vez que subía nuevamente su camisón y ahora sí, dejaba ver por entero la zona de astracan ante la atenta mirada de su hermano. Giró sobre si misma mostrándole sus nalgas prietas y sus piernas perfectamente moldeadas. Dejó caer nuevamente el camisón y salió de la habitación de Toni cerrando la puerta tras de sí. El quedó mudo. La estupefacción se adueño de su mente por unos instantes. Cuando se hubo asegurado que su hermana había salido definitivamente, retiró el edredón de su cuerpo y observó su miembro algo menos duro ya. Se sentó en la cama y paseó la vista por la pequeña habitación. Observó una fotografía de su hermana que yacía encima del sinfonier. Cerró los ojos nuevamente y se dejó caer sobre la cama. Ahora su pensamiento estaba dedicado en exclusiva a esa imagen que le había proporcionado Paula. Su sexo. Instintivamente comenzó a acariciar su pene de nuevo. ¿Y Paula que haría? ¿Se estaría masturbando como le había dicho? ¿Qué era lo que había insinuado de ayudarle a terminar? ¿Qué quería decir su hermana con eso? ¿Tal vez ella quería sexo con el? Eso era imposible, aunque su hermana era muy lanzada. No. Eso jamás. Se castigó mentalmente por pensar siquiera en ello. ¿Pero como podría ayudarle su hermana a terminar? ¿A qué se refería? Dejó momentáneamente de hacerse preguntas y retomó nuevamente la imagen de Paula en el coche con el lechero. Follando. Los dos. En el asiento de atrás. O en el de adelante. Notó el hormigueo otra vez. Sobre su pene. Llevó su mano hasta el y comenzó a menearlo. La dureza hizo su presencia de inmediato. Estaba excitado. Tendría que verter sus líquidos una vez más. En solitario. Siempre sólo. Retomó la imagen excitable de su hermana antes de abandonar la habitación. Vio como subía su camisón y le dejaba ver su sexo. Eso le alborotó. Ella le había dicho que la tenía grande. Eso le había gustado, pues venia de una experta que ya había visto a dos muchachos desnudos. El primo de Miriam y el lechero. 18 años a punto de caramelo, se dijo para si. Tenía que lanzarse y follar con la primera que se le pusiera a tiro. Tal vez Julia, tal vez Mamen, tal vez Yolanda. Daba igual. Una de ellas sería. Estaba seguro que a ellas no las importaría. Era el quien fallaba. El que se quedaba cortado un paso antes de cruzar la línea. Se puso en pie de un salto. Tomó sus pantalones y se los metió por los pies. Abotonó el botón de la cintura y subió la cremallera del vaquero, y sin fijar el cinturón, descalzo, salió de su habitación. Llamó con los nudillos a la puerta cerrada de la habitación de Paula a la vez que emitía su nombre con cierto nerviosismo.

-Paula ¿duermes?

-No.

-¿Puedo pasar?

-Entra. Le contestó.

-¿Qué quieres? Pregunto ella fingiendo una tranquilidad que no existía.

-¿Qué haces así? Pregunto Toni al descubrirla completamente desnuda tirada encima de la cama.

-Ya sabes lo que hago. ¿Para que has venido?

-¿Te estas masturbando? Preguntó el aún más acobardado.

-Si.

-¿No te vas a tapar? Preguntó el ante la desnudez de su hermana.

-No. Estoy bien así. ¿O es que te asustas?

-No. Pero….si te cubrieras un poco….

-Ya. ¿Y no te pone más verme desnuda?

-Claro. Estas muy bien. Tú ya lo sabes.

-Quieres tocarme.

Toni quedó en silencio. Se puso colorado.

-¿Quieres tocarme Toni?

Toni callaba.

-No te pongas nervioso. No me importa que me toques. No hay nada malo en ello.

-Somos hermanos Paula.

-Lo sé. Por eso tenemos más confianza. ¿Quieres que te toque yo?

-No esta bien Paula.

-No te he preguntado si esta bien. Te he preguntado si quieres que te la toque yo.

Paula se acercó a el arrastrando su culo por encima de la cama. Sus pechos balancearon ante la atenta mirada de Toni.

-Déjame. Dijo ella a la vez que hundía sus dedos entre el ojal y el botón del pantalón vaquero de su hermano.

-¿Qué vas a hacer? Pregunto el muchacho inquieto.

-Chisssss….no digas nada….déjame…..déjame hacer.

Paula consiguió su fin. Abrió el pantalón de Toni y bajó la cremallera. Su miembro duro apareció ante ella.

-¡Joder Toni sigues así!

Se sentó a su lado. En el borde de la cama. Su mano envolvió aquel tallo duro y caliente de su hermano. El dió un respingo hacia atrás. Ella lo asió con fuerza y determinación.

-¿Qué sientes?

El no contestó. Venció su cabeza hacia atrás doblando el cuello.

-Ven. Ponte en pie. Quitate los pantalones.

Mecánicamente Toni se puso en pie y ella bajó los pantalones hasta sus tobillos dejando al descubierto enteramente el sexo de su hermano.

-Saca los pies. Dijo agachada a la vez que tiraba del pantalón vaquero. Siéntate. Ordenó.

Toni se sentó en la cama. Estaba desnudo. Como su hermana. Los dos desnudos. Enteramente. Ella tomo la verga otra vez y le miró a los ojos.

-¿Te la meneo?

Toni no dijo nada. Pensaba en la situación que estaba viviendo. Su hermana, sentada a su lado, desnuda como el, con su verga en la mano, subiendo y bajando el prepucio de su pene, sentía que le iba a estallar, sentía placer. Entonces le llegó la autentica sorpresa. Su hermana agachó su cabeza y lo metió dentro de su boca. El abrió los ojos asustado. El calor de los labios de ella acariciando los bordes de su glande le dio un nuevo giro a la escena que vivía. Quiso protestar, pero no se atrevía. El placer era más intenso cada vez. Paula lo sacó de la boca. Le miró a la cara. Le vio con los ojos cerrados y la cabeza vencida hacia atrás.

-¿Te gusta esto Toni?

-Ehhh…

-¿Te gusta lo que te hago?

-Si, pero no debemos……. Paula. Somos hermanos.

-¿Y que importancia tiene eso? No hacemos nada malo. Nos damos placer.

-No debemos Paula.

-Déjate caer en la cama.

Toni se tumbó en la cama. Paula tomó la verga y la levantó formando con ella un triángulo entre el vientre de Toni y su mano. La introdujo nuevamente en la boca. Ahora se aplicó más en la felación. Lamió sin vetos. Los testículos agradecieron la lengua de ella. Sabía bien aquella polla de su hermano. Era como la de su padre. Como ella la recordaba. Más pequeña quizás. Aunque no estaba segura.

-Ya me viene…..ah……Ufffffff…. ¿Que haces? Preguntó Toni.

-Me masturbo. Dijo ella sin rubor.

La mano izquierda de Paula se aplicaba sobre su grieta en un ir y venir lento y profundo.

-¿Qué estamos haciendo Paula? Preguntó Toni algo temeroso.

-Nos estamos masturbando. ¿No te gusta? ¿No te lo pasas bien? ¿Me quieres tocar Toni? ¿Me quieres tocar tú?

-¡Joder Paula! Esto es muy fuerte.

-Ven, tócame tú, quiero que me toques.

Toni alargo la mano hacia el sexo de ella. Paula lo guió. Los vellos de ella se enredaron entre los dedos de él. Su hermana estaba mojada. El sexo de ella estaba caliente. Deseoso. Le gustó el tacto de aquellos labios suaves y carnosos de su hermana. En un instinto sin precedentes, con su mano libre, tocó un pecho de ella. Paula tomo la verga de él en la mano y la agitó otra vez. Toni se retiró. Apenas dos embestidas de sube y baja casi provocan su eyaculación.

-Me viene Paula, me viene….

Ella abandonó la verga de su hermano y se ocupó de su raja otra vez.

-¡Correte, que te vea! Le dijo a Toni hincada de rodillas sobre la cama.

-Oh Paula….

-¿Tienes preservativos Toni?

-Si…pero….

-¿Quieres metérmela?

-Oh….no….no….Paula…..eso no……no…es….

-¿Qué mas dá? No me importa. Si no se lo dices a nadie, podemos hacerlo. Te pones un preservativo y me la metes. Nadie tiene porque saberlo.

-Pero Paula….somos hermanos…

-Y los dos estamos muy buenos. ¿Me vas a decir que no te apetece hacerlo? Olvídate que soy tu hermana. Piensa que soy una amiga. Te servirá de experiencia. ¿Con quien mejor que con tu hermana para hacerlo por primera vez? Toni tenemos casi la misma edad. Estamos muy excitados. Ya no podemos dejar esto así. ¿Dónde tienes los preservativos?

-En mi cartera.

-Trae uno. Póntelo. Lo haremos.

-No Paula. No debemos hacer esto. Ya hemos hecho bastante. No deberíamos haber hecho nada.

-Te enseñare y no lo olvidaras. Será agradable. Trae un preservativo y póntelo.

-¡Pero te puedes quedar embarazada! Se puede romper el preservativo. Nos podemos meter en un lío.

-Dime la verdad Toni, ¿no te apetece metérmela?

-Claro que si Paula. Tú lo sabes. Pero me da miedo. Me da miedo de lo que pueda pasar con esto que hacemos. No esta bien. Somos hermanos. Eso se llama incesto. No podemos hacerlo.

-¿Dónde esta tu cartera Toni?

-En el cajón de la mesilla.

Aquello bastó para que Paula saltara de la cama y saliera de su habitación hacia la de su hermano. Abrió el cajón de la mesilla. Tomó la cartera de Toni y se fue de nuevo con ella en la mano a su habitación, donde él estaba sentado sobre la cama.

-Toma. Ponte uno. Dijo tirándole la cartera a su lado.

-Paula…….no debemos hacer esto.

-Me da igual. Yo quiero que lo hagamos. Tendremos cuidado. Mírate como estas. Dijo señalando el pene de su hermano.

-¡Joder Paula yo también quiero y no quiero!

Paula se tumbó en la cama. Abrió sus piernas dejando que su hermano viera su sexo enteramente. Dobló sus piernas y las separó más para dejarlo bien expuesto.

-Ponte un preservativo Toni.

Toni abrió su cartera y sacó de su interior dos preservativos. Partió el envase por la mitad separando uno del otro. Luego rajó el plástico y extrajo el preservativo enrollado y húmedo.

-No puedo con esto Paula.

-Te ayudare a ponértelo.

-No.

Toni se arrimó el preservativo al glande y lo fijó en la cabeza del mismo. Luego, fue desenrollándole poco a poco hacia la base del tronco. Una vez desenrollado al completo, tiró de la cánula de depósito para asegurase que estuviera despegada del glande. Lo fijo últimamente con su mano y miró a su hermana.

-¿Estas segura que quieres que hagamos esto?

-Si no, no te lo hubiera dicho. Será tu primera vez. Ven. Túmbate en la cama.

Toni se sentó en la cama y Paula lo empujó hasta dejarlo caer sobre el colchón. Luego, abriendo sus piernas, se sentó sobre los muslos de su hermano. El la miró, allí sentada sobre el, con sus pezones turgentes, duros, con su melena larga cayéndola sobre los hombros. Su pene duro, hinchado, ahora más aprisionado por el látex del preservativo, descansaba sobre su vientre. Miró nuevamente a Paula.

-Te gustará Toni. Dijo ella a la vez que ascendía por los muslos de el y se situaba encima del sexo de su hermano. Luego lo tomó con la mano y lo arrimó a su grieta. Lo paseó por el interior de su raja dos o tres veces a la vez que se mordía el labio inferior.

El pene de Toni resbaló dentro de la vagina de su hermana. Ella comenzó a zarandearlo en su interior. Toni cerró los ojos y compuso un gesto de dolor. Ella tomó las manos de su hermano y las guió hasta sus pechos. Allí celebró con emoción como su hermano tocaba esos pechos duros y grandes mientras sentía en su interior la polla de él abrasando sus entrañas. Paula sentía placer. Cada vez más.

-¡Oh Paula…!.

-¿Te gusta?

-¡Ohhhhh….dios mío! Atinaba a decir él.

-Hayyyyyy…..Paula…..que….me corroooooo……Ufffffff.

Entonces Paula hizo algo que no entraba en el guión. Sacó el miembro de su hermano de su interior y le quitó el preservativo tirando de la goma hacia fuera.

-¿Qué haces? ¿Por qué me lo quitas? Me voy a correrrr….

-Espera. Aguanta. Dijo ella.

Liberado del preservativo, Paula tomó de nuevo el pene y lo metió otra vez dentro. Ahora, el roce de sus carnes, el calor, la suavidad de su hermana y el deseo de ambos, hizo que Toni comenzara a lanzar salvas de semen en aquella cavidad. Un espasmo tras otro sacudieron el cuerpo de Toni. Notó como poco a poco las violentas sacudidas del principio dejaban paso a los estertores del final.

Paula se tumbó sobre el pecho de su hermano y lo besó en la boca. Sus lenguas se juntaron y sus salivas se mezclaron. Toni acariciaba la espalda y glúteos de Paula mientras se sentía dentro de aquel paraíso.

Ella quedó adormilada y Toni venció su cabeza hacia un lado y cerró los ojos sintiendo los pechos de su hermana apretarse contra su tórax. Poco a poco……quedaron dormidos profundamente. El con el pene dentro de ella, y ella encima de su hermano abrazando su cuerpo.

Y así amigos míos, es como me engendraron. Mi madre quedó embarazada de su hermano y me tuvo a mí. Mis abuelos no conocen al padre de su nieto (Bueno si lo conocen), creen que es un tipo que vivió por aquella zona unos años y luego, coincidiendo con el embarazo de mi madre, se cambió de ciudad. Pobres. Mi tío está orgulloso de su sobrino. Muy orgulloso, dice que me parezco a el. Jamás sospechó que el era mi padre, mi madre se encargó de ello.

Vivo con mi madre. Ella tiene ahora 40 años. Mi padre (tío) tiene 38. El tampoco sabe que es mi padre. Es un secreto bien guardado que mi madre sólo me ha contado a mí. Por suerte no tengo problemas de salud pese a ser hijo de dos hermanos. Raro. Pero suerte al fin y al cabo. Ahora he escrito esto, pues soy escritor, y se lo he enviado a mi tío, cambiando el nombre de los personajes. Le he dicho "tío aquí te mando una historia que he escrito, quiero saber si te gusta" No sé si será inteligente para descubrir lo que se esconde tras este relato. Seguro que sí. Es la única manera que se me ocurre que el sepa que es mi padre, pues mi madre no quiere que le diga nada.

Coronelwinston

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