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Una noche loca junto a mi hijo

Os diré que mi nombre es Elvira y que soy una cuarentona que aún está de buen ver. Al menos eso me demuestran mis ocasionales amigos con los cuales me relaciono siempre que puedo.

Os diré que mi nombre es Elvira y que soy una cuarentona que aún está de buen ver. Al menos eso me demuestran mis ocasionales amigos con los cuales me relaciono siempre que puedo.

Hola a todos, lo primero que haré es enviar un saludo a todo aquel que desee dedicar una parte de su precioso tiempo a leer la historia que voy a contar. Pienso que lo mejor será presentarme y así me conocéis. Os diré que mi nombre es Elvira y que soy una cuarentona que aún está de buen ver. Al menos eso me demuestran mis ocasionales amigos con los cuales me relaciono siempre que puedo. Estoy separada desde hace tres años y desde entonces me acuesto con todo aquel hombre que me apetece o que me resulta interesante. He follado igual con hombres de mi edad que con algún que otro joven marchoso que me he encontrado en alguna discoteca cuando he salido con mis amigas.

Me describiré físicamente para que me conozcáis mejor. Tengo 45 años y llevo el pelo rubio corto a lo "garçon" el cual me da un aire un tanto andrógino que, por lo que veo, produce bastante morbo a los hombres. De cuerpo, tal como os dije, no estoy nada mal pues conservo una figura bastante interesante ya que siempre he sido delgada. Mido 1,64 y peso 53 kilos, tengo unos senos apetecibles, unas piernas de muslos duros y prietos que me gusta mostrar con faldas cortas o realzar con tejanos ceñidos que remarquen igualmente mi apetitoso trasero. Todo ello me gusta combinarlo con zapatos o botas de alto tacón que hagan resaltar mi bonita silueta.

La historia que paso a relataros tuvo lugar apenas hace dos meses y debo reconocer que superó todo lo vivido hasta entonces. Tengo una hija de 26 años que tiene un novio desde hace un año escaso y con el cual me visitan de vez en cuando pues ya viven juntos. En fin, cosas de la juventud de ahora. Si yo hubiera podido hubiese aprovechado la ocasión igual que hacen ellos, viven las relaciones y el sexo de forma muy distinta a como lo hacíamos en mi época. Pero lo que voy a contaros no tuvo como protagonistas ni a mi hija ni a su novio sino a mi hijo Gonzalo.

Gonzalo tiene 23 años y es mi ojito derecho. Siempre me he desvivido por él, seguramente al ser el menor de los dos hermanos le he prestado mayor atención que a mi hija. Le gusta mucho el deporte por lo que posee un cuerpo bastante atlético. Es bastante alto pues mide 1,84 centímetros y es de complexión delgada gracias al ejercicio que practica. Le gusta cualquier deporte y siempre que puede está en el gimnasio haciendo su tabla de ejercicios o bien en la piscina.

Todo se desencadenó a raíz de una noche en que volví a casa tras tomar un café con unas amigas. Sería sobre la hora de cenar, cerca de las diez. Al abrir la puerta de casa escuché débilmente unos leves gemidos femeninos procedentes del salón. Sin poderlo evitar me acerqué sigilosamente hasta la entrada del salón y la escena que viví me produjo una calentura inenarrable.

Me encontré a mi hijo follando con su amiga Miriam a la cual conocía desde siempre pues ambos iban al colegio desde pequeños. Aquella jovencita estaba apoyada en la mesa del comedor de espaldas a mi hijo el cual la taladraba con grandes muestras de placer. La tenía sujeta de su larga cabellera color azabache mientras ella se acariciaba con evidente placer uno de sus erguidos senos. La verdad es que me excitó bastante la imagen, sobre todo ver desnudo a mi hijo, entrando y saliendo sin parar del interior de su joven compañera. Le cogió con fuerza una de sus piernas levantándola a un lado para facilitar la penetración. Le clavaba toda la longitud de su verga hasta golpear con sus cargados huevos contra la húmeda entrada de la muchacha. Me sentí orgullosa de la vitalidad que demostraba mi hijo, era igual que su padre cuando era joven. No pude menos que meter mi mano en el interior del abrigo buscando mi entrepierna por debajo de la falda. Empecé a masturbarme introduciendo uno de mis dedos en mi lubricada vagina. La polla de Gonzalo era grande como jamás la había visto y la muchacha gritaba como una descosida recibiendo las embestidas de mi hijo.

Me encanta cariño, sigue follándome. No te pares, ahhhhhhhh. Me llena por completo, tienes una polla infatigable. Dios mío, que bueno es esto.

Muévete más deprisa. ¿Te gusta cómo te follo? Tienes un coñito muy mojado. Me encanta follarte, me gusta ver como te la tragas entera.

Más, más, así sigue asíiiiiii. Qué polla tan estupenda, qué larga la tienes amor. Córrete dentro de mí, quiero sentir tu leche dentro de mí. Lléname siiiiiii.

Ví como Gonzalo se quedaba quieto detrás de Miriam y como ambos lanzaban fuertes alaridos de placer. La explosión de mi hijo había llegado a su fin y llenaba por completo el conducto vaginal de su amante la cual degustaba aquella copiosa corrida mostrando una cara de enorme placer. Mantenía los ojos cerrados sintiendo como su vagina se llenaba con el líquido masculino que le ofrecía mi querido hijo.

Mientras iba recuperando la respiración y en un momento de descanso, Miriam giró la cabeza hacia la puerta y abrió los ojos relamiéndose los resecos labios. Al verme en la puerta del salón gritó fuertemente y se separó de mi hijo al instante. Ninguno de los tres supimos qué hacer o qué decir en semejante situación. Miriam se puso a llorar debido a la vergüenza que le produjo ser descubierta por la madre de su pareja. Intenté tranquilizarles diciéndoles que era algo normal a su edad y que no pude evitar descubrirles. Evidentemente esto último era totalmente falso tal como comenté anteriormente. La verdad es que no me esperaba encontrarles follando de aquel modo..

No pude pegar ojo en toda la noche, no podía quitarme de la cabeza aquel fantástico polvo. Tuve que masturbarme en tres ocasiones rememorando la escena de mi hijo con su joven amiga. La verga de Gonzalo se convirtió en una obsesión para mí. Durante las siguientes noches imaginé cantidad de escenas tórridas estando entre sus brazos. Incluso debo confesar que al acostarme con uno de mis esporádicos amigos mis pensamientos se dirigieron en todo momento hacia mi hijo. Imaginé que aquella verga que se insertaba dentro de mi cuerpo, que aquellas caricias, que aquel semen que llenaba mis entrañas eran los de Gonzalo. Vuelvo a repetir que me sentía completamente hechizada por el recuerdo de aquella noche. Diréis que estoy loca y seguramente será cierto, pero cuando el deseo se instala en nuestras mentes no existe espacio para la razón.

Fueron pasando los días y ni mi hijo ni yo hicimos comentario alguno sobre lo ocurrido. Yo seguía fantaseando con él en mis momentos de soledad masturbándome mientras iba ideando miles de situaciones en las que los protagonistas éramos ambos. Me lamía los senos con sus gruesos labios arrancándome gemidos de placer, me dedicaba a comerle su masculinidad como nunca lo había hecho con ningún otro hombre, le ofrecía mi agujero posterior con evidentes muestras de agrado…..Mientras Gonzalo estaba fuera de casa lograba mantener la calma pero en cuanto llegaba de la calle su sola presencia me hacía encerrarme en el baño o en mi dormitorio para masturbarme como una colegiala pensando en su amor platónico.

Gonzalo sabía de mis escarceos amorosos pues en alguna ocasión habían venido a recogerme para salir un rato.por ahí. No me escondía ante él y le comenté que no pensaba juntarme con otro hombre ni mucho menos volverme a casar pero que aún era joven y que tras separarme de su padre necesitaba la compañía de algún hombre de vez en cuando.

Había quedado un sábado sobre las diez con mi última conquista para ir a bailar a una conocida discoteca de la ciudad en la que se reúne gente de mi edad, algunos treintañeros en busca de algún rollo de una noche pero la mayoría de la gente ronda los cuarenta o incluso los cincuenta.

Como siempre me pasa estaba nerviosa mirando mi abundante vestuario en busca de algún conjunto provocativo que realzara mis curvas. Colgaba y descolgaba ropa sin cesar escogiendo diferentes blusas y faldas o bonitos vestidos de tirantes con pronunciados escotes. No acababa de decidirme por ninguno de ellos cuando de pronto ví que Gonzalo se encontraba en la puerta de mi dormitorio observando divertido mi difícil elección. Gonzalo sabía lo trabajoso que se me hacía decidirme por el vestuario adecuado y en muchas ocasiones me ayudaba a elegir las prendas más apropiadas.

Aquella tarde hacía frío así que me aconsejó alguna prenda que me abrigase bien pero sin que me diese mucho calor.

Mamá ¿por qué no te pones este jersey que tan bien te queda?

Ummm, ¿este jersey negro de cuello cisne crees que me sentará bien?

Estoy seguro que se te comerán con los ojos cuando te vean con él puesto.

De acuerdo, te haré caso como siempre.¿ Y con qué lo conjunto? ¿Falda o pantalón?

Creo que con estos tejanos blancos tan ceñidos estarás preciosa. Y luego las botas altas de caña. Y para acabar ponte el collar de perlas que te regaló papá.

No sé si ponerme sujetador o no. Me molesta tanto y con el jersey tan ceñido me las sujetará sin problemas……

Creo que estarás más sexy sin sujetador. Si fuera tu acompañante preferiría que no llevases para que se marcaran los pezones por debajo de la tela.

Pero Gonzalo, ¿Qué dices? ¿Crees que realmente aún soy sexy?

Pues claro, que tonta. Veo muchas mujeres de tu edad que se conservan mucho peor que tu. Debo reconocer que si no fueses mi madre te tiraría los trastos sin dudarlo. Eres una mujer muy elegante, de buena figura y realmente sexy.

Esas palabras de Gonzalo me hicieron ruborizar. Que me hablase de ese modo tan natural me sorprendió. Me humedecí en unos segundos y me volví de espaldas a él diciéndole que iba a ducharme y a cambiarme al baño y que enseguida estaría lista y que esperaba que me diese su opinión.

Nada más entrar al baño me deshice con rapidez del jersey y no pude soportar por más tiempo la calentura que me recorría el cuerpo. Escuchar aquel piropo de mi propio hijo me puso cachonda perdida. Qué ganas tenía de que me hiciera suya!!! Me desnudé por completo y me introduje en la ducha abriendo el grifo del agua fría para tratar de rebajar la excitación producida por la conversación mantenida con Gonzalo. Decidí que la mejor opción para lograrlo sería masturbarme aprovechando la humedad del agua y el tacto del gel sobre mi cuerpo. Debía ir con cuidado de no gemir con fuerza para que Gonzalo no me oyese. Diosssssss!!!! Deseaba con todas mis fuerzas sentirme estrechada entre sus poderosos brazos, ser acariciada por todos los rincones de mi cuerpo.

Eché algo de gel en la mojada esponja hasta conseguir abundante espuma y a continuación esparcí la misma sobre mis bonitos pechos logrando sin dificultad que mis pezones se erizaran al momento. Subí hacia mi cuello bajando a continuación por el costado hasta llegar a la cadera pasando de ahí a las nalgas las cuales enjaboné a conciencia. El roce de la esponja sobre mi cuerpo me hacía estremecer a cada instante, tuve que cerrar los ojos fantaseando con la presencia de Gonzalo a mi lado masajeándome sin parar. Llevé los dedos a mi húmeda cavidad buscando rebajar el deseo que me dominaba. Mordí con fuerza mi labio inferior tratando de evitar los suspiros que estaba a puntos de exhalar. Me masturbé sin descanso aprovechando la humedad de mi vagina acariciando el botón de mi clítoris hasta conseguir que el mismo se endureciese gracias a la acción de mis dedos. Acompañé aquel delicioso tratamiento sobre mi candente botón con un suave masaje a uno de mis senos. Me masturbé de un modo más salvaje buscando el necesario desahogo a mi creciente excitación. Olvidé por un instante la cercanía de mi hijo y emití un fuerte suspiro de placer tras el cual escuché como Gonzalo abría la puerta del baño encontrándome completamente desnuda y masajeando mi clítoris como una loca. Nos quedamos mirando a los ojos por unos segundos, el rostro de mi hijo pasó de la sorpresa por ver a su madre desnuda ante él a una mirada de lujuria indisimulable. Repasó mis maduras curvas pasando de mis abundantes pechos a mi cara de vicio pidiéndole que me hiciera suya. Dirigí mis ardientes ojos hacia su entrepierna observando con agrado el bulto que se iba formando bajo el pantalón del chándal. Aquello iba creciendo a marchas forzadas y ninguno de los dos deseaba que aquello dejase de suceder. Estaba preparada para entregarme por completo a mi hijo, todos los prejuicios morales se habían ido al garete. En esos momentos ya no éramos madre e hijo sino simplemente un hombre y una mujer deseosos de conocer todos aquellos rincones que nuestros respectivos cuerpos podían ofrecernos.

Salí de la ducha sin secarme y me dirigí hacia Gonzalo abrazándome a él con fuerza uniendo mi cuerpo al suyo tratando de reconocer las zonas más sugestivas de su joven anatomía. Le besé con gran placer abriendo mi boca y entregándole mi sugerente lengua para enredarla junto a la suya. Acaricié con gran placer sus poderosas nalgas atrayéndolo hacia mi. Apoyé su músculo contra mi pubis y al notarlo emití un fuerte sollozo de satisfacción. Gonzalo me volvió de espaldas a él mirando al amplio espejo del baño y se apretó contra mí haciéndome notar su cada vez más dificultosa respiración. Me deleité rotando mis juguetonas posaderas contra su excitada entrepierna la cual iba alcanzando cada vez un tamaño más portentoso. Mi querido hijo empezó a comerme el lóbulo de la oreja arrancándome pequeños quejidos; de ahí pasó a mi cuello chupándolo con evidente placer y finalmente me separó el cabello a un lado y se hizo con mi nuca a la cual dedicó una gran cantidad de caricias logrando hacerme alcanzar el primero de mis orgasmos.

Dios mío Gonzalo, cuánto tiempo he deseado esto. Seguramente pensarás que estoy loca pero me encanta lo que me haces. No me siento culpable por ello, sólo deseo que esto no acabe nunca.

Me sentía excitada como jamás lo había estado, me sentía protegida por la presencia fuerte y vigorosa de mi hijo. Suspiraba porque me hiciera suya, por sentir su dura herramienta en el interior de mis lubricadas entrañas. Pero antes quería comerme su polla y degustarla hasta el final.

Le agarré de la mano y le hice acompañarme hasta el salón. Deseaba reproducir fielmente la escena vivida hacía apenas unos días. Tumbé a Gonzalo en el espacioso sofá situándome a caballo sobre él ofreciéndole mis excitados senos los cuales lamió sin hacerse de rogar. Su pene quedó atrapado entre su pubis y el mío. Abrió su boca ofreciéndome su caliente lengua para que me hiciese con ella. Ambas lenguas se hicieron una sola iniciando un combate desesperado. Besó mi cuerpo mientras apoyaba mis duros pezones contra su varonil pecho. Estuvo un buen rato chupándome el cuello bajando lentamente hasta llegar a mis pezones los cuales devoró con glotonería. Los pezones se endurecieron al momento pues es una de las zonas más excitables de mi cuerpo. Introduje mis dedos en su sedoso cabello haciendo que siguiera con aquellos lametones que tanto placer me daban. Bajé hacia abajo en busca de mi ansiado objetivo dirigiéndome a su entrepierna. Llevé hacia atrás la piel que recubría su morado glande y me quedé mirándola durante unos breves instantes adorándola con cara de viciosa. Miré a Gonzalo y cerrando los ojos acabé comiéndome su masculinidad por completo. Rocé con gran complacencia por su parte sus repletos colgantes mientras iba subiendo y bajando a lo largo y ancho de su glorioso tronco.

- Mamá por favor, para o no voy a resistirlo mucho más...., -apenas escuché que me decía con voz temblorosa.

Hice caso omiso a sus palabras e insistí en mis operaciones orales lengüeteando a cada paso con mayor ligereza ayudándome al mismo tiempo con el fuerte masajeo de mi mano hasta obtener finalmente el deseado semen de mi hijo. Llenó por completo mi sensual y voluptuosa boquita con su abundante descarga la cual me ahogó teniendo que dejar escapar parte de aquella estupenda corrida a través de la comisura de mis labios. Parte de su blancuzca catarata fue a parar a mis senos sobre los cuales la esparcí con gran satisfacción.

- Me corrooooo, mamá, sí, asíiiiiii, cométela toda, ummmmm. No aguanto más, tragátelo todo. Dios mío qué bueno ha sido, menuda mamada me has pegado, me ha encantado.

Dejé que ambos recuperáramos algo de fuerzas, sobre todo Gonzalo y me recreé chupando aquel pene familiar mirando de dejarlo bien aseado. Gracias al trato dispensado noté con gran entusiasmo como tras unos minutos aquella monstruosa virilidad volvía a responder a mis habilidosas caricias. Fue aumentando de tamaño con algo de dificultad pero observé con agrado su lento pero irremediable crecimiento. Dios, quién fuera joven!!!! Su aparato alcanzó un aspecto desafiante mostrándose orgulloso ante mi atónita mirada. No aguanté por más tiempo la necesidad de tomar posesión de aquel músculo que colgaba entre sus piernas y lo sujeté con fuerza llevándolo a la entrada de mi empapada vagina. Me apoyé sobre él y fui dejándome caer notando la presión ejercida por aquel adorable intruso tratando de abrirse camino con cierta dificultad. Mi vagina fue dilatándose hasta conseguir acoger su enorme miembro el cual fue ingresando paso a paso en mi inflamada cavidad. Aquel órgano me quemaba por dentro partiéndome en dos. Primero fue su redonda cabeza la que noté rasgando mis entrañas abriéndose paso con cierta dificultad. Quedé con los ojos en blanco sintiéndome llena por completo. Aquella polla era fantástica, aguanté la respiración hasta lograr acomodar aquel sable en mi conducto vaginal.

Mientras vibraba debido a la agitación y al nerviosismo que me abrumaban, y entre los estertores que se me escapaban sin remedio le rogué que me follara...

- Claro que te voy a follar, me susurró al oído.

- Sí Gonzalo, por favor, házme tuya.

- Te voy a follar como nadie te ha follado, lo estoy deseando desde hace rato, te deseo madre.

- Oooohhhh sí vamos. Fóllame venga no lo resisto más, quiero tenerte dentro de mí.

Gonzalo me levantó del sofá sin aparente dificultad y me condujo hasta la pared haciéndome apoyar en la misma echada hacia delante y ofreciéndole mi interesante trasero. Se despojó del jersey, de la camisa y de los molestos zapatos y se pegó contra mí abriendo con sus piernas las mías mientras notaba su erección luchando con mis apetitosas nalgas. El enorme bulto de su polla, aquella que vi el famoso día en que lo pillé con su amiga y que tantas y tantas veces había imaginado estaba apretándose contra mis encendidas posaderas.

Buscó en el bolsillo del pantalón hasta encontrar un condón y lo extrajo de su envoltorio; le ayudé con mi insaciable boca para que cubriera su hermosa herramienta y una vez hecho dicho trabajo volví a ponerme de cara a la pared en la posición anterior. Sin decir palabra se colocó detrás mio entre mis abiertas piernas y presionó con la punta de su lanza sobre mi coñito que se mantenía alerta en espera del manjar que pensaba comerse. Me la clavó por completo, lancé un breve gruñido al notar la entrada de aquel terrible invasor en mi vagina, la apreciaba como jamás había sentido una polla entre mis piernas, los pequeños mordiscos de Gonzalo en mi hombro me hacían ver las estrellas, era fuerte pero al mismo tiempo delicado en sus movimientos. Le separé un poco de mí para poder observar aquel horrible instrumento entrando y saliendo lo cual produjo un nuevo orgasmo en mí.

- Joder Gonzalo, no lo soporto más, me corro otra vez, Diosssssss.

- ¿Te gusta lo que te hago? ¿De veras?

- Ostias, pues claro que me gusta. ¿Cómo puedes preguntar semejante tontería?. Me encanta cabrónnnnn! No te paressss.

- Me vuelves loco, es un placer follarte. Sólo deseo hacerte feliz.

- Ah cabronazo que gusto me das. Máaas, dame fuerte, másss, sigueeeeeeee!!

- Mmmmmmmmm que coño más lindo tienes, me encanta hacerlo mío.

- Oooooh sí mi niño, es todo tuyo. Fóllalo ahhhhhhhh.

Puedo asegurar que aquella fue la mejor corrida de mi vida, perdí la noción de cuánto tiempo se prolongó pero lo que sí puedo asegurar es que tuve tiempo de implorarle que no parase, que aquel suplicio no acabase nunca, gemí sin descanso berreando de todas las formas posibles, me encantó insultarle ya que nunca me había expresado de aquel modo haciendo el amor. Debo reconocer que me puso excitadísima aquella inesperada situación.

Gonzalo resistía manteniendo la polla tan dura como al principio, no daba síntomas de cansancio, martilleaba una y otra vez en mi agotada vagina. Acarició mi estrecho culito con uno de sus dedos lo cual hizo que lanzara un profundo suspiro. Hasta ese momento no había pasado por mi loca cabecita la idea de ser sodomizada por mi hijo. Aquel imperceptible contacto consiguió que mil ideas acudiesen a mi cerebro. Le pedí que me follase el culo, que no tuviera compasión de mí. No muchos hombres habían probado aquel oscuro agujero pero decidí entregarselo a mi querido hijo. Escupí sobre mi mano dirigiéndola a la entrada de mi esfinter para lubricarlo convenientemente. Aquel usurpador era demasiado poderoso para mí y sabía que podía destrozarme si no ayudaba a la tan deseada penetración. Gonzalo se puso de puntillas para quedar a mi altura y trató de forzar mi conducto posterior. Presionó con evidente esfuerzo mi anillo anal pues me costaba dilatar mi recto como consecuencia del temor que me producía su mastodóntica barra de carne. Alargó una de sus manos hasta llevarla a mi encharcado coñito y gracias a la fricción de sus dedos sobre mi hinchado clitoris conseguí relajarme y de ese modo su monstruoso glande fue abriéndose paso en el interior de mi esfinter. Lancé un terrible alarido al recibir a semejante prodigio humano. Perdí el sentido durante unos breves instantes tratando de acomodarme a sus embestidas. Gonzalo quedó quieto unos segundos dándome a degustar aquella magnífica polla. Una vez entró su redonda cabeza el resto ya fue fácil. Entró centímetro a centímetro hasta ingresar la totalidad de su verga golpeando mis nalgas con sus cargados testículos. Me agarró con fuerza de los hombros lanzándome contra él y empezó a follarme con rapidez entrando y saliendo de mi dolorido orificio. Me sentía en la gloria siendo sodomizada de aquel modo. Hacía mucho tiempo que no me lo hacían y la verdad es que la experiencia con mi hijo superó todo lo imaginado. Los aullidos de dolor retumbaban en toda la estancia. Aquel tremendo eje me quemaba por dentro llenando mis exhaustos intestinos hasta el fondo.

Me quemas cabrón, me quemas por dentro. Es demasiado para mí pobre culito. Me vas a destrozar por dentro pero me encanta como lo haces. Es fantástico, menudo polvo me estas pegando, cabronazo.

Toma puta, toma. Tienes un culo muy estrecho. Me cuesta moverme dentro de ti.

Eso es porque la tienes demasiado gruesa, -le sonreí mientras decía esas palabras mirándole a los ojos. Fóllame más deprisa, ¿es que no te vas a correr nunca? Lléname el culo con tu caliente leche. Dámela toda, vamossssssssssss.

Mi querido hijo se quedó quieto y berreando como un animal empezó a correrse en mi ávido culito el cual recibió aquella cascada de esperma con grandes dosis de placer. Mil explosiones resonaron en mi cabeza al acoger tal cantidad de leche y nuevamente volví a correrme como una loca.

Me quedé pegada a él como una lapa, deseaba alargar aquel momento hasta el infinito, no quería que acabase nunca, levanté mi cuerpo hacia atrás notando cómo Gonzalo me acogía con su fuerte brazo y me hacía sentir su dificultosa respiración tras aquel combate sexual. Extrajo su candente dardo de mi interior y aprecié con resignación cómo iba perdiendo parte de su rigidez. Nos separamos finalmente y al volver a mirarle a los ojos me sentí un tanto avergonzada pero mi hijo me facilitó las cosas al empezar a hablar con total normalidad de lo sucedido. Le besé con pasión y le dije que me acompañara a la cama que ambos necesitábamos recuperar las fuerzas perdidas. Apagué el móvil y olvidé por completo la cita que tenía con mi último amante. Al acordarme por la mañana no me importó pues supe que sabría perdonármelo……..

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