HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Sobrinoasistente

Historias de una mujer de cincuenta. Como un adolescente se adueña de la situación

Mi esposo ha desarrollado una empresa de representación de deportistas y me ha incluido a mi desde el 2016 para colaborar en su empresa.
Aprovechando algunos conocimientos hemos tratado de innovar en tecnología para facilitar las cosas en estos duros años donde los representantes san proliferado.

Debido a sus constantes viajes, me hice cargo de la oficina en Montevideo y hemos incorporado a un hijo de su hermana divorciada como ayudante tecnológico, dada su condición de nerd moderno.

Con apenas 19 años conoce más de informática y grabaciones de lo que aprendería en toda una vida.
Apuesto, alto, de 1,90 y terriblemente simpático, a estado a cargo del relacionamiento con la empresa instaladora de una isla de producción que procesará video, historias y demás temas relevantes a la hora de una negociación.

El mundillo de los futbolistas es atrapante y tiene una especie de aura que pone todo de color dorado.

Instalamos un muro de tv’s (no sé cómo se llama), una isla de producción y aprovechamos para instalar unas cámaras de seguridad.
Con el fin de probarlas a la intemperie, puso una de ellas en su baño, aduciendo que era una buena medida para la respuesta a la humedad. No me pareció extraño, hasta que me mostró como acceder a ella, privadamente.
“Casualmente” quedó encendida en su computadora, en mi oficina, mientras se bañaba. Lo tomé como una cosa de chicos y me reía al ver como se bañaba y acariciaba su muñeco.
Su aviso de que se iba a bañar era diario y mi curiosidad no resistió y me puse a ver su realmente bonito cuerpo de adolescente. Por deducción o por quien sabe qué, actuó para la cámara mostrando sus atributos. Apresurada y asustada, corrí a apagar la pc. Obviamente debo haber dejado rastro de mi visita.

Esta historia no tendría nada de anormal (tía pillada mirando sobrino) si no sucedieran los hechos que contaré a continuación.

Mi esposo viajaba el sábado a Europa, cuando el viernes a alrededor de las 20 hs. sonó su celular.
Un chico que patrocinamos en el litoral había tenido un siniestro de tránsito y su alcoholemia había dado positiva.
Generalmente mi esposo Damián se encarga de esas cosas, pero ante la inminencia de su viaje me pidió que tomara cartas en el asunto. Y que llevara a nuestro sobrino como asistente, ya que era mejor que yo atendiera el problema y el la logística del viaje.

Primeros contactos telefónicos con nuestro abogado en esa ciudad y una maleta con la ropa de vestir para dar una buena imagen. A las 22hs estábamos en camino. Esperábamos llegar a las 02.00 de la madrugada del sábado.

Apenas salidos de la capital, explotó la pregunta…..”vi que estuviste mirando la cámara, te gustó?” Balbuceando intenté dar una explicación que pareciera lógica y que no asumiera mi vouyerismo.
Hablé de la humedad, del vapor, de la imagen, del empañamiento y toda cuanta excusa se me ocurrió. Su sonrisa delataba que había descubierto mi nerviosismo y entonces tuve que admitir que sí, que lo había visto. Y? repreguntó, te gustó lo que viste?
Allí intenté explicar que era una mujer mayor, que era su tía, que era bla, bla, bla….

Las primeras dos horas se convirtió en una charla erótica de Javier, mi sobrino y sus escasas experiencias. Yo le conté alguna cosa inocente, para no alimentar su cabecita.
Le conté que mi fantasía en la juventud era hacerlo en una cabina de un camión de esos enormes y que seguramente moriría sin hacerlo.
El me confesó que su fantasía era hacerlo con una mujer madura y apoyó su mano en la mía que estaba en la palanca de cambios. La retiré inmediatamente y comencé a increparle su actitud y todos los sermones que se me ocurrieron. Que se olvidara del tema de la cámara y que si seguía podría peligrar su trabajo.
Cambiamos de conductor y le pedí que me despertara antes de llegar para cambiarme en una estación de servicio.

Me despertó 30 km antes de llegar. Allí fui al baño femenino y me cambié mi deportivo por una falda, camisa y tacos que me convirtieran en alguien psicológicamente capaz de solucionar un problema, al parecer tan grave.
Para mi sorpresa mi sobrino estaba en una mesa charlando con un desconocido, me hizo señas y fui hasta su mesa. Era Pablo (¿) y mi sorpresa fue que era el conductor de uno de esos enormes camiones que transitan las rutas.
Quería matar a mi sobrino, pero por cortesía me quedé compartiendo la mesa y un café con ellos. Pablo, el chofer, era tremendamente agradable, apenas cerca de los cuarenta y vestía como un paisano.
Ojos enormes, marrones, dentadura impecable y una sonrisa a flor de piel. Nos contó historias de viajes y vicisitudes de la carretera. Mi sobrino se levantó a pagar y Pablo vió la oportunidad de intentar seducirme, seguro había comentado algo mi sobrino, que a esa altura, había desaparecido.
Amablemente deseché la idea de Pablo de conocernos mejor pero no pude evitar que mi sobrino le hubiera dado mi número telefónico. Pero esa es otra historia.

Entramos a la ciudad en hora, era mi ciudad natal.
Rápidamente nos dirigimos al hospital donde estaba la accidentada. El abogado estaba en la puerta, esperándome.
Nos saludamos e ingresamos a la sala de espera donde estaban los padres de la chica atropellada y los padres de nuestro joven representado. La presentación de rigor, la preocupación sobre el estado de la chica y el alivio que las lesiones no fueran de gravedad y que ambas familias se conocieran.
En realidad el accidente era provocado por la chica que circulaba a contramano en una moto, pero nuestro chico dio positivo al consumo de alcohol. Despaché a mi sobrino para que consiguiera dos cuartos de hotel y me fui a la seccional a ver a nuestro chico. Mi conocimiento de la infancia con el subcomisario hizo que el chico fuera trasladado a una oficina lejos del ojo de algún periodista.

Volví al sanatorio con una oferta para que no se hiciera ninguna denuncia de ambas partes y acordamos una retribución justa por los costos y daños del accidente. Caso encaminado, me fui al hotel. Alli me encuentro con la noticia por parte de mi sobrino de que no había más que una habitación disponible y tenía cama matrimonial. Que él dormiría en un sofá que había en la habitación. Acepté sin oponer resistencia, eran casi las 4 de la mañana.
Me cambié, puse pijama y me preparé para dormir al menos 4 horas.

Me dormí enseguida, mientras mi acompañante se duchaba. Al salir, se acurrucó a mi lado y me pidió para dormir allí, ya que el frío afuera era importante.
Con alguna advertencia se lo permití.
No demoró mucho en despertarme la sensación de que me observaba y me calmó diciendo que me volviera a dormir. Se apretó contra mí y la calidez me hizo ceder al sueño.
No habían pasado muchos minutos cuando sentí que su acercamiento estaba generando cierta rigidez en él. Y que comenzaba a moverse cadenciosamente contra mí. Noté que su que buscaba colocarse entre mis piernas y su roce se hacía más continuo y puntual. Por debajo de mis pantaloncillos, noté el calor de la piel humana y no era otra cosa que su miembro jugando el juego perverso del roce sexual.
Intenté resistirme, pero el placer fue más fuerte y haciéndome la dormida permití que siguiera.
Lentamente sus manos rodearon mi cuerpo y sus caricias eran más atrevidas, atiné a quejarme y decirle que no siguiera, pero su respuesta fue “en la cama, mando yo”. Terminó de bajar mi pijama y corriendo mi tanga sin sacarla, me acercó aquella hoguera hirviente que me quemó mi resistencia. Acostados de lado, me tomó de la cintura y sacó mi cola más hacia afuera de mi cuerpo, dejando expuesta mi zona caliente.

Lentamente y con una experiencia increíble, abrió con sus dedos mis labios vaginales y se introdujo lentamente, muy lentamente dentro de mí. Mis quejidos llenaban la habitación mientras su miembro me llenaba a mí.
Tan lentamente como había ingresado la fue retirando, yo ya estaba cumplida.
Pero él no, me puso sobre él y me hizo incorporar sobre su lanza hirviente, me sostuvo con sus brazos y me dejó caer de golpe, una y otra vez repitió la acción, golpeando duramente mi interior.
Subía y bajaba y cada vez era más intenso el placer.
En un descanso de aquella reiterada cogida, me senté sobre él y con movimientos de pelvis me dispuse a hacerlo llegar al final.
Esta vez fueron sus quejidos que inundaron la oscura habitación y en un corcoveo irracional, explotó en mis entrañas dejando su carga de cremosa esperma.
Me dejé caer sobre él, recriminándole lo que habíamos hecho, bañados en sudor y jadeantes de placer.

Rechacé un intento de repetición y luego de ducharme, me vestí para culminar mis gestiones y regresar a casa.

El abogado había escrito lo acordado y con la firma de ambas familias, renunciando a la vía legal, me fui a la seccional de policía a liberar a nuestro chico.
A medida que se acercaba el mediodía tuve que soportar el intento de conquista y presión de mi amigo de la infancia, sobre recordar alguna que cosa que dijo que hicimos en nuestra adolescencia. Lo siento, no lo tenía registrado.

Almuerzo en común y anuncié que me retiraba a dormir un rato, sola. Había dormido algo mas de dos horas en las últimas 48 y necesitaba descansar. Vaya sorpresa me llevé cuando al llegar al hotel, me encuentro que estaba vacío y que tenía muchas habitaciones disponibles. Pregunté si los huéspedes se habían retirado luego del evento que narró mi sobrino y la respuesta de la empleada fue ¿cuál evento?. Me reí para mis adentros y al saberme tan inocente de haberle creído al cretino de mi sobrino.

Pasé llave por dentro bloqueando cualquier intento de ser “molestada” por el jovencito y dormí las dos horas previstas.
Cuando desperté, mi sobrino veía futbol en el comedor y luego de preparar un mate, nos decidimos a encarar el regreso.
El mismo fue en silencio, nada dijimos, sólo mencionamos el tema que nos llevó tan lejos y como lo solucionamos.

Llegamos ya de noche a la capital, un beso en la mejilla y un aquí no ha pasado nada. Mi esposo estaba en una escala y aprovechamos para ponernos al día sobre mi viaje y sobre la agenda del domingo cuando el llegara a España.
Me quedé dormida de inmediata, sólo sobresaltada por los truenos de una terrible tormenta que se avecinaba. Cuanto miedo le tengo a los truenos. Como era de esperarse, soñé con lo acontecido en aquella cama de hotel y me desperté a medianoche con más ganas que el día anterior. Consideraba la oportunidad de usar mi viejo cepillo de pelo, que tiene un mango que sirve como remedio artificial a ciertos calores, cuando se abrió la puerta de mi habitación. Era mi sobrino buscando las llaves de su auto que habían quedado en mi bolso. Iba a salir con sus amigos de juerga.

Sabedor de mi miedo a las tormentas se ofreció a quedarse conmigo. Armamos un plan de pijamada, comida china, helado y mucha charla, sobre lo que pasó, sobre trabajo y sobre cualquier cosa.
La idea era amanecer de charla, pero el invitado se quedó dormido al rato.
Al amanecer, la tormenta había dejado paso a un cielo gris, plomizo, con lluvia y viento, clásico día invernal. Para mi sorpresa amanecí sola en la cama despierta por el sonido de mi celular y mi esposo que confirmaba su arribo a Europa. Nos pusimos al tanto de las cosas importantes yantes de despedirnos, entró Pablo, mi sobrino, semi desnudo, sólo cubierto con su bóxer fucsia y con el desayuno preparado.
Era un niño, pero con un cuerpo de hombre digno de admiración. Me besó en el cuello mientras terminaba mi charla y rechazaba sus caricias, tentada de risa. Para estar iguales, me dijo y me quitó la parte superior del pijama, dejándome en tetas solo con la bombachita puesta.
Desayunamos, tomamos mate y comenzamos con un juego de manos que sabía cómo terminaría.
La noche anterior, me contó de su poca experiencia con las mujeres y estaba dispuesta a ayudarlo a que aprendiera las lecciones que le faltaban. Nunca había besado a una mujer en sus partes íntimas y nunca había terminado en la boca de una mujer. Me encargué de que aprendiera lo primero y como premio a su actuación nla segunda lección fue de mis mejores performances. Jugué con los tiempos, con sus jadeos , con el ritmo y cuando no podía más lo exprimí como una vieja prostituta conocedora de su trabajo.
La última lección era la más complicada y era como satisfacer a una mujer desde su trasero sin que ello fuera un problema.
Se me ocurrió la brillante idea de probarlo con él, y comencé la operación de besos y caricias en el preciado tesoro trasero. Besos caricias, juego con lo deditos, hacían que la trampa dilatara y dar paso a introducir mi dedo en su cueva. Mi viejo aliado, el cepillo de pelo de mango especial, mi aliado en las noches de soledad hizo el resto. A pocos días de cumplir los 20 había dejado de ser virgen por su tía. Lo acosté boca arriba sin sacar el cepillo y pellizcando sus tetillas le hice el oral más increíble de mi vida.

Obviamente, no nos quedamos en ello. Formamos una pareja sexual capaz de explorar en las cosas que aún no conocíamos.
Pero eso se los cuento otro día.


© Cincuentona



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