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¡Quiero más!

Un joven es testigo de las correrías incestuosas entre un matrimonio sueco y su hija adolescente. Gracias por sus comentarios y opiniones.
Zarrio01


Estoy seguro que todos han visto una. Si han visitado las costas mediterráneas durante los meses de verano la escena es tan típica como la paella, la sangría o la siesta. Siempre te encuentras con la típica familia nórdica, en la que no puede faltar el cabeza de familia, alto, barrigudo, barbudo, canoso, con sandalias y esos calcetines que deben considerar obligatorios para poder pasearse por las costas de España. A su lado, sin parar de hablar, con unas gafas de sol que cubren casi la totalidad del rostro la mamá, que a penas roza la cuarentena y un cuerpo menudo de escándalo que hace que el tipo que camina a su lado parezca el abuelo de Heidi. Y revoloteando junto a ellos sin fijarse en nada concreto, saltando, correteando, con cara de aburrida y con un chupa-chups en la boca casi siempre les acompaña  una como ella.

La primera vez que vi a Jessy apenas reparé en su extraordinaria belleza. Entraba yo en el hotel que dirigía mi padre dispuesto a compartir un verano con él. El primero en años. En cualquier otra circunstancia, a mis diecisiete primaveras recién cumplidas, la expectativa de pasar un verano completo en un establecimiento de lujo de la costa catalana debería hacerme gritar de alegría. No obstante, tengo que reconocer que el divorcio definitivo de mis padres me afectó mucho por aquel tiempo y la perspectiva de no ver a mi novia durante todo el verano tampoco ayudaba a elevarme el ánimo.

Cargado de maletas, cansado por el viaje y sudando por el calor de los primeros días de Junio que una adolescente pase corriendo junto a ti haciéndote perder el equilibrio hace enfurecer a cualquiera. Estaba a punto de gritarle algo cuando la madre se me adelantó y le espetó algo en un idioma ininteligible para mí.  Jessy ni me miró, ni me pidió disculpas ni nada por el estilo. Se limitó a sentarse en uno de los cómodos sillones que pueblan el tremendo hall del Gran Hotel.

La Relaciones Públicas me reconoció al instante. Hacía un par de años que no aparecía por el establecimiento pero, al contrario de lo que decía mi madre, tampoco había cambiado tanto. Marié me invitó a dejar las maletas para que un botones las llevara a mi cuarto, haciéndome las preguntas de cortesía. Amable como siempre, me entregó una nota manuscrita por papá. En ella  explicaba que no podría verme en algunos días ya que estaba en Barcelona en no se qué convención….

-       Pues sí que empezamos bien!- pensé en voz alta.

-       Instálate en la habitación, esta tarde debo atender a unos clientes importantes pero mañana hablamos- dijo Marié dejándome observar su contoneo de caderas al marchar.

Pensé que no me extrañaba que estando papá rodeado de tantas y tan bellas mujeres mi madre hubiera llevado durante su matrimonio los cuernos más grandes de todo Pamplona.

Absorto en el movimiento estaba cuando algo atrajo mi atención. Entonces es cuando reparé con mayor detenimiento en ella. Jessy estaba sentada en el mismo sillón de antes, jugueteando unas flores que adornaban la estancia. Llevaba puesto uno de esos vestiditos blancos que las chicas utilizan sobre el bañador, algo ceñidos por arriba y con pequeños volantes en su parte inferior. La postura de la joven era lo que me había llamado la atención.  Las piernas abiertas dejaban ver un la parte de debajo de un bañador azul cielo que mostraba distraída a todos los clientes del hotel que mirasen para aquel lado. El centro de la minúscula prenda se introducía en su vagina, haciendo bien visible la denominada “pata de camello”. Siempre he pensado que es un nombre bastante feo para algo tan hermoso. Afortunadamente para ella, la temporada estival apenas había comenzado  y el hotel estaba medio vacío. La magia del momento se rompió cuando voz de la madre volvió a tronar a  través del hall.  Mis escasos conocimientos de sueco, me permitieron entender algo acerca de las piernas y de mí, lo que me hizo ruborizar al instante. La hija sacó la lengua a su madre, clavó sus azules ojos en los míos sonriendo y, lamentablemente, cerró las piernas, tal y como le había sugerido a gritos su mami.

-       Una nena obediente- pensé.

Ya enfilaba hacia el ascensor cuando la hiperactiva Jessy derribó el jarrón y las flores cayeron al suelo. Instintivamente se arrodilló para recogerlas dejándome ver a través de su escote, sus hermosos pechos de adolescente. La madre, alterada, no paraba de gritarle y los nerviosos movimientos de la hija intentando reparar el daño no hacían más que hacer que aquellos terrones de azúcar se movieran libremente por debajo del vestido, ante mi mirada absorta. Un par de buenas manzanitas, en pocos  meses tendrían el considerable tamaño de las ubres de su madre.

En un momento de lucidez, acerté dirigirme de manera definitiva a mi habitación. No obstante al darme la vuelta, reparé la mirada en un viejo que había observado toda la escena desde lo alto de una de las escaleras del Gran Hotel. Se rozaba el paquete descaradamente y se relamía de gusto al contemplar lo sucedido. El escote de la ninfa hacía estragos en su malsana imaginación.

-       - Viejo verde- pensé, esta vez  sí, para  mis adentros.

Estaba cansado, furioso y cansado. Ni siquiera un buen almuerzo, una buena siesta ni la magnífica habitación que habían dispuesto para mí hacían que mi ira disminuyera.

-       ¡Un año entero!- grité- Un puto año entero sin venir a verme, sólo una puta llamada para mi cumpleaños, una puta tarjeta en navidad y cuando por fin puedo verle se va a una puta convención….

Interrumpió mi discusión frente al espejo la llamada a la puerta de uno de los botones. Me entregó otra nota de mi padre.

-       ¡No tiene huevos ni de llamar por teléfono!- le dije de malas maneras al pobre chaval que ninguna culpa tenía. Me miró extrañado aunque acostumbrado a que los clientes ricos le gritasen a cambio de suculentas propinas.

-       Perdona tío, contigo no va nada, es que….

-       No se preocupe, no pasa nada, me han dicho y hecho cosas peores…

-       Ni siquiera tengo pasta para darte una propina- le dije, abriendo el sobre en ese momento. En ese preciso instante aparecieron ante mí un fajito de billetes verdes…

-       ¡Jodeeer! – se escapó de mi boca- Las pena con pan son menos…Toma chaval, te lo has ganao- y le acerqué un billete de 100 euros que voló de entre mis dedos como por arte de magia.

-       ¡Gracias tío! Digooo… Señór.  Por ese precio puede gritarme todo lo que quiera- y se alejó por el pasillo más contento que unas castañuelas.

Cerré la puerta y me dispuse a leer la nota de mala gana.

“Hola “Pedo” (que es como me llama de manera cariñosa), sé que estarás un poco enfadado conmigo por no recibirte como te mereces. No te preocupes, tenemos todo el verano para nosotros en cuanto acabe este rollo de convención. Créeme cuando te digo que es un tema importante. Espero disfrutes de la habitación, es bastante especial, ya te darás cuenta de ello y está lo suficientemente alejada de la mía para que puedas traer la compañía que quieras sin que yo me entere. Disfruta del dinero y gástatelo todo.

XXOO Papá.”

- ¡Sin que él se entere!... creo que el que no se tiene que enterar soy yo de quién entra y sale de su habitación- ¡Qué cabrón!- volví a decir en voz alta -Habitación especial, no sé qué mierda de especial tenía esta jodida habitación

La verdad es que apenas me había fijado en ella. Situada al final del pasillo, con  una gigantesca tele de plasma, jakuzzi, cama extra grande, minibar y vistas al mar, era una de tantas habitaciones lujosas que tenía el Gran Hotel.

Una vez se me pasó el cabreo, me animé a bajar al comedor para cenar. La verdad es que no tenía mucha hambre pero estaba decidido a que el cabrón de papá no me fastidiara las vacaciones. Tenía tres meses para disfrutar de aquello y por mis narices que lo iba a hacer. Estaba ya sentado en la mesa cuando sonó el móvil. Cuando vi quién llamaba, caí en la cuenta de que había olvidado algo importante…

-       ¡Mierda!, ¡Teresa!

-       ¡Ya te vale!- Fue lo primero que me soltó mi novia- El primer día sin mí y ya pasas. Eres un mierda

Colgó. Le llamé para disculparme pero no me dio oportunidad.

-       ¡Joder!. Lo que me faltaba para arreglar el día- dije en voz alta.- ¡Joder, joder y joder!

Ya no atinaba, quería estallar, estaba otra vez fuera de mí cuando vi de nuevo esos ojos azules fijos en los mios. No me había  percatado de que la familia que había visto en el hall estaba sentada en la mesa adyacente. Los padres me daban la espalda pero a Jessy la tenía de frente.

Me volví a ruborizar.

Me di cuenta de que era la segunda vez en el mismo día que aquella cabrona me había hecho sentir vergüenza. Y no sabía exactamente por qué.

 De repente me tranquilicé. Sin más. Me olvidé de mi padre, de mi novia, de mi madre y del puto novio de mi madre. En mi mente aparecieron unos ojos azules, unas piernas largas, un bikini también azul y unos turgentes pechos adolescentes que se mecían bajo un vestidito blanco.

Me fijé en el grupo. La madre estaba espectacular con una camiseta sin tirantes  y como siempre no paraba de hablar. El padre asentía con la cabeza. Afortunadamente las normas de vestimenta del hotel impedían que aquel rubicundo se armase de las sandalias con los dichosos calcetines pero el cambio tampoco le había favorecido mucho.

 -¡De dónde cojones sacarán esas camisas!- mi propio pensamiento me hizo sonreír.

Jessy  ya no estaba entre nosotros. Sí en cuerpo, no en espíritu. Se balanceaba intranquila con la mirada perdida a través de los ventanales. Intuí que su cuerpo se separaba de la mente con gran facilidad.  Inconscientemente la mano jugueteaba con un botón de su blusa que abrochaba y desabrochaba lentamente. No se veía nada extraordinario de su precioso cuerpo. Al menos yo no veía nada. Sentado frente a ella pude observarla mejor. Era preciosa. En ese preciso instante intuí que ella no era consciente de lo hermosa que era. No era sabedora de lo extraordinario de su cuerpo ni de lo que éste hacía sentir a los que la rodeaban. Me percaté de que cualquier movimiento de la joven en su ir y venir al bufet por entre las mesas atraía las miradas de lujuria de los hombres y de incluso algunas mujeres. El resto de las féminas la miraban de reojo con envidia, alterando el volumen de su conversación al ver que sus compañeros de mesa se distraían con las evoluciones de la ninfa.

Observé que había al menos otras dos personas en el comedor que no disimulaban sus miradas de deseo por ella. Una era, como no, el bautizado en mi mente como el Viejo Verde que bien a gusto se la hubiese machacado allí mismo y la otra, sorprendentemente para mí, era una mujer situada en una mesa a un nivel superior a la de los suecos. Hablaba en inglés con unos señores trajeados pero no podía evitar que, demasiado a menudo, su vista descansara en el escote de Jessy. Sin duda, su privilegiada situación le permitía admirar el pecho de la joven durante evoluciones con los botones. La hembra adulta se mordía el labio inferior con fuerza, intentando inútilmente disimular el deseo.  Era Marié, Relaciones Públicas del hotel.

Después de la cena no me apetecía salir. Estaba cansado. Cansado y  asqueado. Teresa no me cogía el teléfono así que decidí olvidarme de ella hasta la mañana siguiente,  hacerme un homenaje con el mueble-bar, ver porno a través de la tele del hotel y jugar al “solitario” hasta dormirme. Sé que no era un gran plan, pero no tenía el cuerpo para nada más.

Apenas cerré la puerta de la habitación, unas palabras en el pasillo me hicieron cotillear por la mirilla. La situación de la habitación me permitía ver la totalidad del pasillo. Observé como Thomas y Eve despedían con un beso a su hija Jessy  que entro por la puerta de la habitación contigua a la mía y se introducían en la suya situada enfrente.  La cosa no hubiera tenido mas relevancia si no hubiese sido porque tanto madre como padre besaron a la hija en los labios acariciando simultáneamente el culo de su retoño.

-       Son distintas costumbres- me dije.

Y no le di importancia. La verdad es que el saber que al otro lado de la pared dormía un ángel como aquel hizo que mis ganas de jugar al solitario creciesen de repente sin necesidad de película alguna. Entonces caí en la cuenta de lo que el cabrón de mi padre quería había querido decir con la historia de la habitación. El baño de mi habitación estaba separado del de Jessy por una puerta y había otra puerta que comunicaba mi estancia con la del matrimonio. En definitiva, las tres habitaciones estaban comunicadas.

Estuve mirando fijamente al obstáculo que separaba mi habitación de la de Jessy un buen rato. Creo que una hora que a mi me pareció un año. Venían a mi mente todas las imágenes relacionadas con la excitante vecinita que había tenido a lo largo de todo el día.  Oía el caer del agua de la ducha, imaginándomela a ella tomando un baño,  un secador de pelo y después la televisión con algún canal musical con el volumen a todo trapo hasta que unos toques en la habitación de al lado me sacaron del trance. Corrí a la puerta y miré frenéticamente. Lo que vi me dejó embobado y con una erección de caballo.

Frente a la puerta de la habitación de su hija esperaba Eve, espectacular en su vestido negro muy ceñido, semi-transparente y corto, con sandalias de tacón, un bolsito minúsculo a juego, maquillada como…, como…, la verdad es que  la primera impresión que tuve es que parecía una puta de lujo.

Entró en la habitación de su hija y los minutos me parecieron horas de nuevo. Mi mente ardorosa no dejaba de intentar imaginar qué estaba pasando. Creía  lógico que Thomas saliese de su habitación con algún atuendo estrafalario para acompañar a su esposa en la salida nocturna.

Cuando noté que se habría la puerta de una habitación contigua, me  abalancé de nuevo a otear el horizonte. En el pasillo había dos mujeres. Dos mujeres de verdad. De no conocerlas anteriormente, nadie hubiese dicho que eran madre e hija. Como mucho parecían un par de hermanas veinteañeras. Jessy llevaba puesto también un minivestido negro, de corte distinto al de su madre, no tan descarado porque, sencillamente, no le hacía falta para resaltar su físico. Me fijé en que no calzaba tacón sino sandalias planas pero aún así la estatura de ambas hembras era similar.

Es bien cierto eso que dicen que el maquillaje hace milagros. Si su madre parecía veinte años más joven, ella parecía mayor.  No obstante, recuerdo que lo que más me llamó la atención en Jessy fue la expresión de su cara. De la ninfa adolescente ni rastro. Se había quedado en la habitación durmiendo o leyendo alguna revista y en su lugar por la puerta había salido una hembra sensual, erótica, vestida para salir de caza nocturna.

Eve cuchicheó algo al oído de Jessy que miró fijamente a la puerta dónde yo estaba. Creo que adivinaron que el nuevo vecino estaba mirando.  Sonrió y se dio la vuelta, en dirección al ascensor, acariciando durante el trayecto la espalda y trasero de su madre. El gesto pronto se transformó en un magreo en toda regla.

Yo me quedé de piedra. Mi pene se quedó de piedra. Permanecí un minuto mirando, esperando vanamente que Thomas las siguiese.

Pero Thomas no salía. Thomas no salió.

Reaccioné tarde, estaba de lo más espeso. Me vestí lo más rápido que pude y salí corriendo escaleras abajo con la intención de seguirlas. Todavía podía alcanzarlas. Cuando llegué a la calle, vi que cogían un taxi en dirección al centro. Como en las películas, me abalancé dentro de otro y le dije al taxista

-       ¡Sigua a ese coche!

-       Si claro - dijo en tío que, sonriendo puso en marcha el vehículo.

El coche que precedía al mío serpenteó por las avenidas y calles del centro hasta pararse en un bar que yo no conocía. Ni siquiera sabía dónde estaba.  Las mujeres bajaron del coche riendo, siguiendo una animada charla mientras se dirigían a la puerta del club. Había cola para entrar pero el cachas de la puerta las introdujo en el interior directamente, repasando descaradamente con la mirada al par de hembras que caminaban a su lado sin hacerle ni puto caso. Esperé en mi taxi un momento, no quería que me viesen. Quise salir cuando una voz me devolvió a la triste realidad…

-       Son treinta y dos euros y medio-

-       ¡Joder! ¡Mierda!- grité mientras buscaba inútilmente en mis bolsillos- Oiga, mañana se los pago. Soy el hij…

-       ¡Eres el hijo puta que cree que nací ayer! Nos vamos directamente al cuartelillo…

-       ¡Olvidé mi cartera en el hotel! ¿A usted no le ha pasado nunca?

-       Claro que si chaval, pero ese es tu problema y no quiero que sea el mío. Esto es muy sencillo. Te llevo de vuelta al hotel y me pagas la carrerita  y punto. Mañana  será otro día.

-       Pero- empecé a protestar.

-       ¡Ni pero, ni leches! Eso o el cuartelillo.

Derrotado me derrumbé en el asiento de atrás del coche, que se perdió por las calles en dirección al punto de partida.

Al llegar al hotel, eché un vistazo a la hoja de registro para saber algo más de mis vecinos de habitación. Ya sabía sus nombres. Mi amigo el botones me los había dicho.

-       Thomas Larsson, sesenta y dos años…-mascullé entre dientes- Eve Marié Larsson… cuarenta y dos…¡Qué asaltacunas eres Tom!…Jessy Larsson… ….¡Carajo, hoy... mejor dicho ayer mismo fue su cumpleaños!

Mis sospechas acerca de la edad de Jessy se confirmaron, con lo que aumentó todavía más mi extrañeza por su salida nocturna.

-       ¡Joder con la nena!...¡Y joder con la mami!

Tumbado en la cama, mirando la tele sin verla, mi mente se nublaba por los efectos de la visita al minibar de la habitación y los pensamientos se entremezclaban en mi cabeza. El cabrón del taxista me había cobrado más de sesenta euros y no había conseguido nada. El muy hijo puta se había despedido riendo y soltando una frase lapidaria que no sabía cómo tomar:

-       Tranquilo, majete. Esas dos son mucho toro para tan poco torero. Lo sé por experiencia, que ya les conozco. A dormir y mañana será otro día.

Me despertaron a una hora indeterminada de la madrugada unas risas y voces en el pasillo.  Algo aletargado volví a mi puesto de vigía y la visión me despejó de inmediato.

Las chicas volvían de la caza.

Y traían con ella las piezas cobradas.

Mamá, con una botella de champán en una mano y los tacones en la otra, era llevada en volandas entre risas por dos tipos altos y musculosos que no dejaban sus manos quietas bajo el vestido de la sueca. La nena caminaba detrás mientras otro tipo le comía el cuello, literalmente. Los tres primeros entraron en la habitación de Jessy, pero esta se paró al llegar frente a  mi cuarto. Permaneció un instante mirando fijamente donde yo estaba, como si supiera que yo estaba observándolo todo. El negrazo intensificó la succión en la yugular de la lolita que se dejaba hacer.

Jessy tenía la cara manchada con algo blanquecino y el rojo se sus labios considerablemente corrido. Dirigió las manos de aquel desgraciado hacia sus propios pechos y él la magreó sin ningún reparo. Erecto, con el pene al aire, observé la escena que se desarrollaba a escasos centímetros de mi cara. La mirada de Jessy era totalmente diferente a la que había visto durante el día. Era  dura y viciosa, paladeaba algo que estaba o había estado en su boca mientras el tío estrujaba sus tetas sin piedad.

Mamá, dominante de nuevo, gritó.

-       ¡Pasad o empezamos sin vosotros!

Jessy y su afortunado acompañante entraron en su estancia, no sin antes girarse hacia la puerta de la habitación dónde se supone dormía plácidamente el padre de la criatura. Dirigió su mirada de loba en celo hacia esta e introdujo de manera descarada su mano izquierda en el paquete de aquel pavo. Evidentemente sus movimientos agradaban al macho que levantó la cabeza mirando al infinito con cara de placer infinito.  Sin soltar la presa por el mango, Jessy se introdujo en su habitación. Al parecer la orgía ya había comenzado.

La puerta se cerró y yo  seguí allí, mirando a la nada, intentando asimilar lo que estaba pasando. No podía creerlo. Mi mente trababa de combinar mis pensamientos con lo que había visto y oído. La ingenuidad me hizo pensar que, como mucho, la mamá se lo montaría con aquellos tres tipos dejando que la ninfa  conservase su pureza. Casi de inmediato, el recuerdo de la mirada y los gestos de Jessy en el pasillo me hizo ver que chica hacía mucho tiempo que no tenía nada que conservar. Los gritos y gemidos simultáneos de voces de mujer que podía oír claramente desde mi habitación confirmaron mis sospechas. Las dos participaban con gusto de la fiesta. Corrí hacia la puerta interior que separaba ambas habitaciones y pegué mi oreja a ella, aunque sinceramente no hubiese hecho falta. Se oía todo. Se sentía el crujir de la cama, la respiración fuerte, los golpes del cabecero contra la pared, chapoteos, risas, gruñidos de mujer con la boca ocupada y más golpes…

Y gritos.

Sobre todo, gritos.

-       ¡Cómetela toda….zorra!- me pareció entender una voz masculina- ¡Cómeselo todo a esta hija de puta…!

-       ¡No pares, cabrón!- dijo Eve

-       ¡Lámele el  coño y calla, puta!

-       Joder zorrón, ¡qué culo más apretado tienes...!

Yo estaba como loco, hubiese dado un brazo por ver a través de la lo que estaba pasando. Sólo uno por que el otro lo tenía muy ocupado.  Intentaba imaginar la escena. A los tipos cabalgando de manera descontrolada a una dulce mamá y a su angelical hija. Al parecer incluso  mami le comía el coño a su princesa… carne de su carne y aun así lo hacía.  Y el papá en la habitación de enfrente.

Era imposible que Thomas no escuchara lo que estaba pasando. Hasta el botones del hall se la estaría pelando con semejante orgía. Y eso que estábamos en el ático.

Pero lo que me hizo eyacular como un caballo contra la puerta fue el grito de Eve…

-       ¡Rómpele el culo a esa cabrona! - dijo entre gemidos- A su edad ya me metían de todo por ahí….¡Es su cumpleaños!

-       Ya lo sabemos, jefa, que estábamos en su fiesta- se oyó la voz de un macho-  prepárate cielo, esto va así… nena buena parte tarta… payaso feliz parte culito...

Esperé a oír un grito desgarrador que nunca se produjo. Jessy aguantó el envite sin emitir un sonido de queja. Sólo al cabo de bastante rato se le escapó un gemido de evidente placer, estaba llegando al orgasmo mediante la penetración anal… o vaginal… u oral….o todas al mismo tiempo, qué sabía yo.

Hasta ese momento, creía que el orgasmo anal era un mito, pero aquel verano la mayoría de mis convicciones en temas de sexo se vendrían abajo una detrás de otra.

Cuando terminó todo me tumbé sobre la cama, totalmente embadurnado con mi propio semen. Al poco tiempo sentí como se habría una puerta de habitación, se cerraba, se abría otra y se volvía a cerrar. Eve volvía con su amado esposo como si nada hubiese sucedido.

-       Pero ¿cómo es posible que esa perra deje a su hijita sola con esos animales?- pensé, descorazonado.

Efectivamente, aquellos salvajes todavía no habían terminado.

-       Tengo ganas de mear- dijo uno de los cabrones pasado un rato.

-       Y yo.

-       Tengo una idea…

-       Joder. Ya veo por dónde vas. No te pases, tío.

-       Si a ella le gusta. No creo que sea la primera vez que se lo hacen…

-       Creo que a esta ya le han hecho de todo…

-       Se la metí de golpe por el culo y ni parpadeó…

-       Dejaremos todo perdido…

-       Me la suda…

-       Hagámoslo en el baño…

-       ¡Al jacuzzi con la puta!

-       Joder no os paséis …

-       Que se joda…

-       La chupa que te cagas…

-       ¡Si hasta pagó el taxi con una mamada!

-       Tenemos permiso de la hermana para hacerle de todo….

-       ¿Hermana?.. Y una mierda hermana…Yo creo que es su mad…

-       Yo voy a mearme en su puta boca ahora mismo…

-       Ven aquí, princesa, que yo te llevo….

Por debajo de la puerta de entre los baños se escapaba una rendija de luz. Mis vecinos estaban muy cerca.

-       Joder, qué ganas tengo

-       Abre la boca, pequeña.

-       Espérate cabrón, si lo haces a la vez, me salpicarás y me pondrás perdido…

-       Un  poco de orden…

-       No aguanto más, abre un poco más…, así…, así…,¡Ves como no es la  primera vez que lo hace! ¡Trágatelo todo, cariño! ¿Lo estás grabando también? No pierdas detalle, a la salida de su hermana le encantará verlo. Joder que gusto. ¡Cuidado, no te atragantes!

Jessy tosió.

-       Te dije que tuvieses cuidado, zorrita. La última gota, con la lengua….

-       Aparta cabrón, me toca…

-       Hay que dejar que acabe el trabajo, hay que limpiar la herramienta después de usarla…

-       ¡Más vale que cierres los ojos, puta!  Te voy a mear por toda la cara… ¡Uaaaaa…!

-       ¡Qué guarra! Si hasta abre la boca para que te mees dentro…

-       Y se lo traga de verdad…

-       No creo… sólo lo parece.

-       Que sí… ya verás… trae ese puto vaso…que casi no me queda ya…

-       Toma…

-       Ya no puedo más. Medio vaso, verás como la nena se lo bebe todo…

-       No creo…

-       Que te apuestas…

-       Cien euros…

-       Venga zorra, que me vas a hacer ganar una pasta…ya verás…pardillo…esto es como quitarle un caramelo a un niño…

-       Joder ¡Qué cabrona!

-       Te lo dije.

-       Se lo ha tragado todo

-       Y aún se ha quedado sedienta…

-       Pues a mí no me queda nada…

-       Ahora voy yo…

-       Míralo, el remilgado….el que decía” no os paséis…” ahora va a mearla como nosotros…

-       Calla, joder…

-       Haz puntería… como en el váter.

-       Sí, sí…

-       Venga puerca, ponte en el suelo y abre la boquita….

-       Abre más…

-       Sí, zorrita, como si fuesen tus piernas…venga…que de eso sabes mucho…

-       Mierda, no me hagas reír que no atino….

-       Si le das en el ojo, vale cien puntos….

-       Que voy…

-       Venga…

-       ¡Uaaaaoooo!

-       Mas arriba que eso son las tetas…, a la derecha…, mas…, un poquito mas…. Eso es… premio para el caballero…

-       ¡Joder! Es que con la polla dura es difícil apuntar….

-       Pues tíratela otra vez…

-       Y una mierda, está toda meada…

-       Joder. No la escupas…

-       Es la costumbre, siempre que acabo de mear, escupo.

-       Pues qué puntería, casi le das en todo el ojo….

-       No pasa nada, ni ha protestado…

-       Si hasta le queda bien…

-       Mírala. Se está relamiendo….

-       ¡Y se está metiendo dos dedos por el culo…! ¡Qué hija de puta!

-       Con la pinta de buena que tenía por la tarde en su fiesta y mírala ahora…

-        

Entonces, Jessy pronunció las dos primeras palabras que oí salir de sus labios. Dos palabras que jamás olvidaré:

-       ¡Quiero más!- dijo.

De mi interior salió todo el esperma que pueden destilar dos testículos de un chaval de diecisiete años en su enésima corrida de la noche.

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Ya había amanecido cuando me despertaron unos sonidos bastante comunes últimamente en mi vida. Volvía ha haber sexo en una de las habitaciones de al lado. Medio adormecido me dije a mi mismo que no podía ser cierto. Había visto claramente como aquellos mamones abandonaban la habitación de Jessy entre gritos y risas. Decían que esas tías estaban enfermas. Que no era normal. Caminando a lo largo del pasillo, se repartían un buen fajo de billetes entre los tres. Habían pasado una noche inolvidable y encima, les habían pagado por ello.

Sin embargo, la ración de sexo era evidente, pero en la otra habitación. Seguramente Thomas y Eve estaban reconciliándose a base de bien,  si es que alguna vez se habían enfadado. Era evidente que papá sabía lo que la nena y mami habían estado haciendo. Hasta el cabrón de mi padre lo tenía que haberlo oído desde la puta convención. Había sido una celebración de cumpleaños bastante especial, extraordinaria diría yo.

-       Con este tipo de fiesta de cumpleaños, el McDonals se forraría- se me ocurrió.

 Me parecía increíble que Eve no hubiese tenido bastante ración de sexo con aquellos tres sementales, y que se dedicara a una hora tan temprana de la mañana a exprimir hasta la última gota de semen de Thomas, su marido.

Después de hacerme una paja a su salud, me tomé una ducha fría y rápida, afeité los cuatro pelos que en la barba tenía, deshice la maleta y me dispuse a bajar a desayunar. Anduve por el pasillo hasta la puerta del ascensor, dónde esperaba Thomas.

-       Buenos días- me dijo en un perfecto castellano, con algo de acento.- espero haya tenido una buena noche.

-       No he pegado ojo-se me escapó inconscientemente.

-       ¡Ya!- dijo con una sonrisa

Ya estábamos en el interior cuando se oyó una preciosa voz juvenil.

-       ¡Papi, espera! ¡Espera que voy!

Era Jessy que corría sonriente hacia nosotros.

-       ¡Voy, voy! Ya llegó. Buenos días, Papi- le dijo, dándole de nuevo un beso en los labios.- buenos días… señor. -Me dijo, mirándome de nuevo a los ojos.

Me quedé de nuevo petrificado. A través de aquellos preciosos ojos se veía una joven feliz, inquieta, alegre, dulce e… inocente. Estaba jovial, relajada, vivaz como la había conocido. Ni rastro de ningún tipo de cansancio ni remordimiento. Ni que decir tiene que tampoco había nada de aquella mujer dura y viciosa que había estado tragando el semen y la orina de tres cabrones apenas cuatro horas antes.  Extasiado, contemple aquella boquita perfecta, con labios sonrosados y dientes blancos. Trataba de entender cómo era posible que aquella hermosura hubiese albergado la noche anterior el mugriento pene de algún taxista barrigudo y salido.

Intenté disimular mi incipiente erección dentro del ascensor cuando la jovencita me sonrío y dijo.

-       Perdón por lo de ayer.

Me volví a ruborizar de inmediato

-       Eeeee…- balbuceé. No podía creer lo que estaba oyendo.

-       ¡Si! Perdón… por el empujón… en el hall… ¿recuerdas?... digo… ¿recuerda?

Suspiré aliviado. Le dije que no se preocupara, que no tenía importancia.

-       Le compensaré. Papi-dijo mirando a su padre- ¿puede desayunar con nosotros este chico tan simpático? Papi, porfa, porfa….

-       Si no le importa que le atormentes con tus historietas y fantasías- le contestó burlón.

-       ¿Quiere? Me dijo con cara de niña buena.

Imposible negarse. No podía ni quería, era lo que más deseaba en el mundo. Estar cerca de aquella extraordinaria e inquietante criatura.

Una vez sentados en la mesa examiné la figura de Jessy en busca de algún resquicio de la zorra salida que estaba en su interior. Ni rastro. Enfrente de mí evolucionaba una adolescente con un cuerpo de escándalo, vestida con una blusa holgada que, eso sí, a poco que uno se fijase, dejaba al descubierto alguna parte de aquel par de pechitos redondos y duros. Pero de manera totalmente  involuntaria y natural. Inocente. Aquella puta salida de la noche anterior de día era el ser mas delicado e inocente del mundo. Llevaba el pelo suelto y de vez en cuando, algún mechón tapaba una parte de su rostro. Soplaba divertidamente para quitárselos de la cara…

-       Me llamo Jessy y soy de Suecia- dijo atropelladamente, olvidando las formas -  pero llevo tantos años aquí que parezco catalana. Este es mi padre Thomas, que también es sueco. Claro si yo soy sueca lo normal es que Papi sea sueco también. Mami se llama Eve y…

-       No aburras al invitado con detalles- le cortó Thomas- permite que nos cuente algo de él.

Me aclaré la garganta y me dispuse a que el interrogatorio comenzase.

-       Me llamo Pedro, soy de Pamplona y mi padre es el gerente del hotel…

-       ¡Así que tú eres el famoso Pedro!- me interrumpió Thomas- “Pedo” Pedro.  Tu padre, Carlos nos ha hablado mucho de ti…

Enseguida se dio cuenta de que su interrupción era de mala educación y se disculpó.

-       Perdona hijo- me dijo- se me están pegando las costumbres locales. Lo cierto es que, como vivimos todo el año en el hotel, tu padre es como de la familia. Sigue. Sigue.- me dijo, dándome una palmada en la espalda que casi me quita el alma.

Me disponía a continuar no sin antes acordarme de la madre que parió a mi padre (perdón abuela, que la cosa no va contigo) por haber desvelado mi apelativo familiar, cuando un gesto de Jessy hizo que mi ya olvidada erección volviese a hacer acto de  presencia. Como sin duda el cabello suelto le molestaba para desayunar, se lo recogió distraídamente  el pelo con una goma que llevaba en la muñeca para hacerse un recogido en forma de coleta. Este gesto, de lo mas rutinario en cualquier circunstancia, no hubiese tenido mayor efecto en mi de no haber sido porque, al dejar descubierto su cuello, mostró claramente a mí y a su progenitor el estupendo moratón que el cabronazo de la noche anterior le había hecho delante de la puerta de mi habitación. Su padre miró el chupón (que es como por aquí lo llamamos) pero, en lugar de poner el grito en el cielo como habría hecho mi madre, no le dio la más mínima importancia y me indicó alegremente.

-       Sigue chaval, sigue….

Colorado como un tomate, de mi boca salieron una serie de frases inconexas que me hicieron quedar en aquel momento como lo que en realidad soy. Un bobo. Como si quisiera echarme una mano, dándose cuenta de la situación, Thomas me interrumpió de nuevo...

-       Tendrás que disculpar a Eve, es la mamá de Jessy pero está un poco indispuesta. Luego bajará a la piscina y te la presentaremos en el almuerzo. Por que almorzarás con nosotros. ¿No?... En fin, como te decía antes….

Siguió contándome algo pero yo ya no le hacía el menor caso, me acababa de dar cuenta de otro detalle. Ya decía mamá que últimamente estaba bastante atontado. Mi pene estaba a reventar sin ni siquiera tocarlo. Caí en la cuenta de que Jessy se movía inquieta sentada en la silla con un pequeño vaivén casi impredecible, como el día anterior cuando le miraba diminuto bikini azul que emergía de entre sus piernas. Habían venido a mi mente las palabras de Eve la noche anterior….

-       ¡Rómpele el culo a esa cabrona!

Era evidente. A Jessy le dolía el trasero. Y no sólo eso. Al recordar la escena del hall, mi resacosa y limitada inteligencia me brindó una conclusión evidente. Cuando conocí a Jessy le dolía el culo. Con lo que, como por otra parte ya sospechaba, la noche anterior no había sido ni mucho menos la primera vez que la  lolita había sido sodomizada. Tales pensamientos, imaginando de nuevo la escena, me dejaban sin aliento. Estaba descompuesto. La verdad es que deseaba que el desayuno acabase pronto. Además tenía un serio problema. Con semejante erección, no podría levantarme de la mesa en todo el día sin que todos los comensales se dieran cuenta. Aquello no bajaría jamás. A duras penas pude pasarle a Jessy la fuente con las tortitas. No sé si me leyó la mente, me adivinó el pensamiento o eran imaginaciones mías debido a la falta de riego sanguíneo pero me miró fijamente a los ojos y por apenas dos segundos apareció de nuevo ante mi la zorra salida sedienta de orina y semen con sus dedos insertados en el culo cuya madre había pagado para que la enculasen unos hijos de la gran puta.

Y dijo de nuevo las palabras mágicas…

-        ¡Quiero más!

Fue como el “ábrete, Sésamo” de Alí Babá. Gemí sonoramente sin importar que me oyesen ni Thomas, ni Jessy ni mi puta madre. Me corrí. Me corrí como nunca me había corrido. Sentado. Desayunando. Sin ni siquiera tocarme.

Quise morirme de vergüenza. No había sabido disimular lo más mínimo. Cerré un segundo los ojos intentando restablecerme y pensar una excusa imposible que justificase la mancha en mi pantalón y mi comportamiento. Cuando los abrí, la Jessy de día, vivaracha se disponía a llenarme el vaso con zumo helado.  De manera aparentemente casual derribó el contenido del recipiente de manera accidental. El zumo me cubrió completamente, proporcionándome de manera “milagrosa” una justificación al desaguisado que había causado la mirada lasciva de una jodida zorra adolescente.

-       ¡Pero hija…. Ten cuidado...!- exclamó Thomas, levantándose de inmediato, intentando arreglar el desaguisado con una servilleta.

-       ¡Perdón!, ¡Perdón!, ¡Perdón!- dijo Jessy imitando a su padre con otra - ¡Qué tonta soy!. Pero mira cómo te he puesto. Sólo quería más tortitas.- dijo mientras se acercaba su manita a mi cuerpo armado con aquella tela.

Reaccioné rápido. Me levanté como un resorte evitando que aquella preciosidad me tocase. No podía permitírmelo.

-       Si me toca. Me muero- pensé

-       No pasa nada, no pasa nada. Tranquila Jessy, voy a cambiarme. Adiós Thomas, luego nos vemos- y salí atropelladamente del comedor ante la mirada divertida del inefable Viejo Verde

Pasé del ascensor, subiendo las escaleras corriendo de dos en dos. En mi huída no entendí lo que Marié desde la recepción intentaba decirme.

Tenía que desfogarme, desahogarme, desbravarme o como se diga. Debía huir de aquella criatura desconcertante ante la cual estaba indefenso. Durante los primeros cinco pisos de la subida pensé que debía marcharme, volver a Pamplona, que no era normal lo que mi cuerpo quería hacerle a un ángel como aquel. En cuanto llegué al décimo comprendí que mi lucha era inútil.  En el ático reconocí que lo que más deseaba era volver a bajar y verla de nuevo.

Cabizbajo, cansado por el esfuerzo y con un intenso aroma a naranja recién exprimida en la entrepierna, entré a mi habitación y cerré la puerta. 

La ducha fría y yo íbamos a ser buenos amigos durante todo el verano.

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Cerca del medio día no se me había olvidado mi cita con la familia sueca y comencé a buscarlos. La empresa fue fácil. Los encontré en la piscina.

-       ¡La leche, otra vez los dichosos calcetines! Con el calor que hace- pensé mientras me acercaba a una sonriente Thomas, que estaba debajo de una sombrilla degustando una enorme jarra de cerveza.

-       ¡Hola Pedrito! Acércate hombre. Ven, que te presento a mi mujer. ¡Eve, Eve! Ven aquí, por favor. Este es Pedro, el hijo de Carlos, el gerente. ¡Eve!. Pedro está en la habitación de al lado.

De una hamaca se levantó la rubia. Un diminuto tanga escondía lo menos posible y lentamente se acercó a nosotros. Sus hermosas tetas al aire apuntaban los pezones al cielo. En su rostro las enormes gafas escondían los rastros de los excesos de la noche anterior. Sin importarle lo mas mínimo que todo el personal disfrutase de la visión de sus pechos se acercó a darme la mano y un beso en la mejilla. Al acercarse a mí no pude evitar que mi mano sujeta por la suya rozase de manera involuntaria uno de aquellos montículos y pude comprobar claramente la dureza de aquella teta. Ella ni se inmutó. Logré disimular lo mejor posible dadas las  circunstancias e intenté mirarla únicamente a la cara. Al igual que me pasó con Marié, en su rostro intuí algo familiar.

-       Hola Pedro, encantada de conocerte. Tu padre nos ha hablado mucho de ti.¿Qué tal está tu madre? ¿Y tu novia? Teresa creo que se llama…

-       ¡Joder, Teresa!- pensé- Me había vuelto a olvidar de Teresa. Ni siquiera había intentado llamarla. El teléfono, en la habitación. De puta madre. Pensará que paso de ella. ¿Y acaso no es así?

Abrí la boca para contestar cuando unas pequeñas manos me taparon los ojos por detrás…

-       -¿Quién soy?- gritó una voz juvenil. Noté un delicioso cuerpo se pegó a mi espalda como una lapa.

-       Jessy, déjalo en paz que ya viste lo que pasó la última vez que te acercaste al pobre Pedro. No va a probar el zumo de naranja en todo el verano- regaño Thomas.

-       ¡Tengo hambre!

-       Esta niña es insaciable.

-       ¡Ya empezamos!- pensé.

-       Todos a almorzar- dijo Eve, mientras se colgaba un vestido playero bastante ceñido.

Se notaba que le gustaba mandar.

-       - Jessy, ponte algo encima, y vamos a cambiarnos de ropa.

Miré a Jessy  y su bañador bastante recatado, que no resaltaba demasiado su figura. Se podía decir que la disimulaba. Una escena bastante común en las playas españolas, mamá e incluso abuela con unas descomunales tetas y barrigudas en un patético top  less y a su alrededor, deliciosas lolitas con finos cuerpos tapadas hasta la barbilla. Dios da pan a quien no tiene hambre. Aunque este no era el caso. Eve se conservaba de vicio.

La visión de la vestimenta de Jessy todavía me desconcertó más. De noche follaba como una puta, mamaba sucias pollas, ofrecía su culo sin reparos, se abría de piernas para que mamá le comiese el coño e incluso bebía la meada de un desconocido hasta la última gota. De día aparecía torpe, vergonzosa, distraída y recatada. Era la misma persona pero no había nada en común entre las dos versiones de Jessy. Bueno, bien pensado, existía una cosa en común entre las dos. De momento, Jessy de día todavía no se había acostumbrado a los excesos anales de Jessy de noche.

Nos dirigimos a nuestras habitaciones para cambiarnos de ropa y quedamos en la puerta del comedor. Tanto para el almuerzo como en la cena se exigía pantalón largo para los señores y “vestimenta adecuada” para las mujeres. Es decir, que nada de comer en ropa de baño. Es el Gran Hotel.

Al entrar en el comedor, saludé nuevamente a Marié que estaba junto a dos hombres ataviados con turbantes blancos. Sé que me vio, pero no podía atenderme en ese momento.

Ocupamos una mesa reservada e inmediatamente el camarero nos acercó la carta. La comida fue bastante animada, tanto Eve como Jessy lanzaron una andanada de preguntas a las que yo contestaba lo mejor que podía. De no ser por Tom, que de vez en cuando salía en mi ayuda se habrían querido enterar hasta del más insignificante detalle de mi vida. Me trataron de manera maravillosa. Sabían hacerle a un invitado sentirse el centro de la atención y ese es un detalle que gusta.

Una vez concluido el ágape, les pedí disculpas ya que tenía que hacer algunas llamadas.

-       Pues yo tengo sueño- dijo Thomas- la siesta, querido hijo, es un tesoro que deberíais patentar y exportar los españoles. Es, sin duda, vuestro mejor invento.

-       Yo iré a la piscina, quiero estar más morena.- dijo Eve

-       ¿Más morena? No es posible, no te ofendas Thomas, pero tu mujer es increíble. Está perfecta

Jessy se limitó a bostezar indicando claramente cuál era su preferencia.

Abandoné el comedor en busca de mi teléfono móvil. Lo busqué por toda la habitación y no lo encontré. Era posible que se me hubiese caído por algún lado del hotel, poco probable, pero posible. Salía de mi habitación en dirección a recepción cuando me crucé con Thomas y Jessy.

-       ¡Qué durmáis bien!- les dije amablemente

-       ¡Seguro!- me contestó el.

Caminé por el pasillo con el cuello girado en dirección al ascensor hasta que los perdí de vista y pulsé el botón de llamada. La puerta se abrió pero yo no subí. Estaba petrificado con el dedo en el botón.

-       ¿Bajas? No me aclaro con estos chismes… - dijo una señora mayor con un sombrero imposible- ¿Qué te pasa, hijo?.

-       No…, no …, olvidé algo en mi habitación- mentí.

En verdad que seguía muy lento de mente. Había tardado bastantes segundos en darme cuenta de un pequeño detalle. Si bien era cierto que el papá se iba a echar la siesta y que la nena iba a hacer lo mismo, no era menos cierto que tanto el papá como la nena se habían metido… en la misma habitación. La de ella.

Me dí la vuelta a toda velocidad y corrí desenfrenado hacia mi estancia. No daba crédito a lo que estaba pensando. No podía ser. Difícilmente entendía cómo a un marido no le importaba que su mujer le pusiera los cuernos en la habitación de enfrente. Me parecía imposible que consintiese que varios tíos se tirasen a su hija de manera salvaje. Lo que era una pasada es que fuese él mismo quien  se cepillara a la nena a la hora de la siesta.

Tenía que verlo con mis propios ojos. No me conformaba con escuchar detrás de la puerta. Debía jugármela. No tenía nada que perder. Sólo la vida.

Frenético, busqué la solución que no encontré la noche anterior.

-       Pues claro, la terraza, ¿cómo no lo pensé antes?

Las terrazas de las tres habitaciones estaban separadas por una mampara no muy alta, fácilmente salvable para un chaval de diecisiete años, salido como un mono y con las hormonas a flor de piel.

-       ¡Por favor, que no haya cortinas!- supliqué

Sin ningún disimulo salté la barrera y agradecí al cielo que por fin mis plegarias fuesen oídas. Las cortinas estaban completamente abiertas. Asomé la cabeza y comprobé que la función ya había empezado. El centelleo de una espectacular cámara de vídeo situada sobre un trípode indicaba claramente que estaba en posición de grabado.  Sobre la cama, sin almohada alguna y  totalmente desnudo,  mirando al techo descansaba Tom. Entre sus piernas abiertas, de rodillas estaba Jessy también desnuda. Desde mi posición se divisaba el culo de la ninfa, la espalda y la parte de atrás de la rubia cabeza que seguía un movimiento de ascenso y descenso lento pero constante. Creí ver que ella también se estaba masturbando pues una de sus manos se perdía en su entrepierna.

-       Silencio, se rueda. Toma uno: “Zorrita comiendo rabo de papi”. ¡Acción!- me dije mentalmente. Mi cabeza no tenía nada que imaginar. Lo que veían mis ojos era mejor que cualquier sueño.

A diferencia de las pelis porno que solía ver, la acción discurría de manera lenta, natural, sin prisas ni brusquedades. De vez en cuando, Tom acariciaba la melena de su hija y la acompañaba en su movimiento con delicadeza, con cariño. En definitiva, sexo con amor.

Después  algunos minutos que se me pasaron como un suspiro, la mamadora entendió que había que pasar a la siguiente fase. Tranquilamente, se colocó encima de su progenitor pero de cara a la cámara y enfrente de la puerta de cristal tras la que yo me asomaba. Admiré por primera vez aquellos pechitos redonditos  y sus pezones erectos en todo su esplendor. A Jessy se le veía cómoda con lo que hacía, advertí que el sexo para ella era pura rutina.

-       Toma dos: “Rabo de papi en coño de zorrita”- pensé de nuevo.

Me fijé que Thomas tenía un pene acorde con su enorme tamaño. Era imposible no darse cuenta de aquello.

-       ¡Eso no le va a caber!, la va a destrozar…

Un pene erecto lo que necesita es una vagina bien lubricada. Eso es lo que tenía entre las piernas Jessy. Lenta pero segura, fue la propia amazona la que se ensartó el ariete paterno. Necesitó de algún tiempo y serpenteantes movimientos de cadera para atender aquel falo tal y  como se merecía. La melena cubría completamente la cara de la joven. Una vez acoplada, sin sacarse un centímetro la verga de su coñito lampiño, recogió de nuevo su pelo en una funcional coleta y miró fijamente a la cámara.

Entonces nuestras miradas se cruzaron.

Ahí estaba de nuevo. La zorra salida que hurgaba en el paquete del cachas. La puerca que saboreaba el semen de asqueroso taxista frente a mi puerta. La puta que comía los escupitajos de cualquiera. En definitiva. La Jessy que suplicaba…

-       ¡Quiero más!

Hizo de nuevo acto de presencia. Esplendorosamente viciosa. Sucia. En pleno apogeo sexual. Dijo algo entre dientes pero Tom no respondió. Siguió montando a su padre rítmicamente, pero con sus ojos fijos en mí. Toda mi sangre estaba en mi rabo. La nena abría todo lo posible para que tanto la cámara como yo no perdiésemos detalle. Thomas la sujetaba de la cintura para que no perdiese el equilibrio. El enorme rabo brillante se hendía inmisericorde en la vagina adolescente.  Y esta aceptaba el reto con soltura, seguro que ya había librado aquella misma batalla muchas veces.

En un momento dado, una de las manos de él dejó de sujetarla y perdiéndose en el  trasero de la ninfa. Sin duda, uno o varios de los dedos buscaban cobijo en el escondite prohibido de la lolita

Llegado a ese punto, de manera inconsciente, yo ya había salido de mi escondite y estaba de pié con una mano en el cristal para no caerme desmayado y la otra masturbándome lentamente.  No solía hacerlo así, normalmente prefería un movimiento rápido y frenético, pero me había contagiado del ritmo lento y sensual del cabalgar de Jessy. Cada vez que ella se insertaba completamente la verga de su progenitor, mi mano bajaba por mi pene. De esta manera, casi podía sentir como si fuese yo el que estuviera debajo de la chavala.

Jessy miró hacia abajo y desenfundó el rabo de su entrepierna. Al sacarlo  se distinguió claramente como una mezcla de diferentes jugos caían hasta la cama desde su  coñito. Me volvió a mirar fijamente esbozando una media sonrisa.

-       No me lo puedo creer, la toma tres no puede ser… - creo que incluso esto lo dije en alto.

Lo era.

-       Toma tres: “polla de papi en culo de la nena”.

Aquello fue tremendo. Lo mejor que había visto nunca en materia de sexo. Se notaba que tenían toda la experiencia del mundo y estaban, nunca mejor dicho, muy compenetrados. Sólo con  ver el comienzo de la siguiente escena me corrí con toda mi alma y mi lefa se detuvo en el cristal que nos separaba. La muy zorra se la insertó de un golpe. Así, sin pestañear, tal y como lo describieron los hijos de puta de la orgía nocturna. Sin duda las maniobras digitales de Tom habían abierto el camino pero eso no le quitaba nada de mérito a la chica y a la elasticidad de su esfínter posterior.

Tom gimió sonoramente ante el movimiento seco de la hembra. Eso le había gustado. La flexibilidad de la joven salida se puso en evidencia en los siguientes minutos. Podía ver de manera nítida como el tremendo pene salía completamente de su ano y volvía a entrar hasta el fondo. La cara de Jessy se empezó a descomponer de puro placer. Cuando ya no pudo contenerse más, Tom se puso rígido y levantó la cadera con la zorrita encima en un claro síntoma de eyaculación desbocada. Repitió el movimiento tres o cuatro veces y se quedó inmóvil, si sacar el pene del culo de su hija.

 Con la cabeza agachada, ella me hizo un gesto claro para que me fuera de ahí, al parecer no le importaba que mirase pero no quería me viese su papá. Lo cierto es que no estaba seguro de que no lo hubiese hecho ya, pero no quise correr el riesgo y salté de nuevo precipitadamente la mampara fronteriza hacia el refugio de mi suite.

Sentado en el suelo de la terraza con el pene colgando por la bragueta y el pulso a mil intentaba recuperar el aliento.

No me había restablecido aún cuando la puerta de la terraza vecina se abrió y sentí como Thomas salía al balcón, sin duda para tomar aire.

-       ¡Jessy!- gritó en castellano-Jessy, ven hija mía.

Entre la mampara y la pared había un pequeño hueco que me permitía mirar de manera algo discreta. Thomas seguía desnudo.

-       ¡Jessy!  Mira.

-       ¿Qué pasa, Papi?- dijo saliendo en pelotas a la terraza.

-       Mira pequeña, el cristal está sucio.

-       No importa, yo lo limpio, Papi.

Lentamente se arrodilló ante el cristal y recogió con la lengua mi semen derramado. De vez en cuando, miraba de reojo dónde yo estaba. Ni que decir tiene que dejó el vidrio sin una mancha.

-       Es una lástima que se haya acabado. Me gusta su sabor.

Y tras una breve pausa volvió a decir:

-       ¡Quiero más!

Fin

Zarrio01

 

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