HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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Oh!... Mi Hermana!...

- Amor Filial -

Oh!... Mi Hermana!...

Lo tengo que confesar... No fueron solo unas cuantas noches... Fueron muchas, no sé cuántas... Pero no podía dejar de pensar en la suavidad de sus senos, tan pequeños, tan tersos, tan pálidos y tan templaditos. Noche tras noche sin cruzar palabra, apresurábamos la merienda, evitábamos nuestras miradas pecaminosas, pero si el silencio tan perturbador se hubiera escuchado o pudiera haberse leído entre las moléculas de aire caliente de esas noches, se hubiera captado y oído la prisa que nos movía para despedirnos de nuestros padres, deseándoles las buenas noches y la prisa por irnos a la habitación a dormir...

Yo siempre dejaba que mis hermanas se metieran primero a la habitación, minutos luego me metía al baño, me bajaba los pantalones y dejaba que mi vista se clavara en mi sexo, tan erecto que no lo podía casi ocultar pero que me fascinaba mirar y tocar frente a un espejo de cuerpo entero, cómplice de mis pensamientos y de mis deseos fervientes de que corriera el tiempo para entrar a esa misma habitación.

La mayor de mis hermanas todavía no superaba la impresión del evento aquél del tiroteo en el tinaco, así que apenas se iban mis dos hermanas a dormir, se repetía el ritual que la hacía sentirse protegida... Interponía una almohada entre mi hermana menor, y dándole la espalda, se acostaba en posición fetal de cara a la ventana y quedaba instantes luego profundamente dormida a sabiendas de que en la misma cama dormiría mi hermana menor, y de que momentos luego yo las acompañaría para sentirse mejor.

...Repito, todas las noches, una tras otra, la misma rutina en cada anochecer que se prolongó no sé tampoco por cuántos meses, meses de nocturnos correspondientes cuando me metía a su cuarto y me acostaba en la segunda cama a solo un metro de separación.

Cuando entraba era porque ya mis padres también se habían retirado a sus aposentos y aunque ellos no acostumbraban a cerrar la puerta, por la petición de mi espantada hermana era que después de entrar yo, cerraba la del cuarto lila... Hipócritamente apagaba la luz para quitarme la ropa y meterme así bajo las sábanas, semidesnudo porque aún por estar en el cuarto de mis hermanas yo dormía sin la pijama.

Mi respiración siempre se agitaba y no podía contener mis erecciones, sin embargo, para cerciorarme de que la mayor de mis hermanas ya hubiera caído en su profundo sueño, podía adivinar y sentir la respiración de mi hermana menor esperando a su mozalbete de "Cuento de Hadas"... Y se hacía el silencio... Cuando se hacía, mi hermanita no se movía, no hacía nada, solo esperaba a que fuera yo el incestuoso, a que fuera el amante de su sueño en vivo, quien se tendiera, se descubriera, se tocara... y la tocara yo.
Hasta que yo estiraba mi brazo y acariciaba su cabello era que ella sutilmente se relajaba y dejaba que mi inquieta mano la descubriera, ella solo se dejaba, y eso a mí me hacía literalmente flotar... Nunca se quitaba su corpiño, como que en su inexperta experiencia dudo que supiera que esperarme lo entendiera como una excitación sexual... y era entonces que suavemente con mucha sutileza mi mano y mis dedos circundaban su mejilla y bajaban por su suave cuello; poco a poco, muy suave y delicadamente primero la acariciaba... Yo creo que se sentía muy amada.

El ritual se repetía cuando la acariciaba, ella se acercaba un poco más a la orilla de la cama y yo de inmediato sentía que lubricaba; me gustaba dejar que notara la rigidez de mi excitación y me engolosinaba pegando mis labios a sus pechos, los besaba y los lamía con una sensación increíble. Yo a esas fechas aún no tenía contacto con mujer alguna y como ella, sin pensar en nada le brindaba lo que pedía nuestra sexualidad.

Cuando después de varias noches repetía lo que hacía, tuve una necesidad imperiosa de bajar cuartas más abajo de sus senos; le besaba el abdomen, mientras mis manos arriba se estacionaban y cuando mi lengua llegaba a su ombligo me lo imaginaba todo.

Todo era querer bajar un poco más, dejar sus montecitos y acariciar su valle, su vientre, arriesgarme más y viajar hasta la tela de su pantaleta que olía a rosas hasta que me atreví a más y le rodeé su super suave sexo con mis dedos... Me mataba esa locura, me liquidaba el sueño y no quería irme más allá ni de la madrugada ni de su virginidad... Sentía cómo su piel se le erizaba, sentía como le temblaba el cuerpo y cómo mi osadía la hacía respirar sonoramente... Y la toqué, sobre su pantaleta le pasé los dedos y sentí la división divina que le ocultaba los otros labios... Nunca la besé en la boca, pero sí le rocé la curvatura de su vulva y los dos teníamos espasmos deliciosos... Jamás tampoco pensaba yo en desflorar la virtud de su inocencia, solo sabía que se trataba de mi hermana y que mi hermana era mujer.

Mi instinto me empujaba a más... Quería meter mis dedos pero mi ingenuidad pensaba que tal vez le produciría un daño, así que bajé más en la horizontal, y pegué mi cara a su sexo por encima de la tela... ¡Olía delicioso!, ¡seguía oliendo a flores!, tal vez aleccionada en su cuidado por mi madre... Hubiera querido quitarle la estorbosa prenda, pero me excitaba mucho hacerle sentir mi boca en la exploración húmeda de su hendidura...

Mi hermana se olvidaba de las cobijas y llevaba sus manos hasta mi cabeza, la apretaba y me pegaba contra su regazo... Yo, el incestuoso hermano quería ser también tocado, me bajé de la cama para facilitar las losas y agazapado en la orilla de su cama le ofrecí tocara el bulto mío muy cerca de su cuerpo... No se atrevía; seguro lo deseaba pero no se atrevía a estirar el brazo y hacer que su mano también lo disfrutara... Entonces, sin seguir el orden de la cordura, con una mano tomé suavemente la suya y le guié para que lo tocara, la tenía dura dura... Tímidamente aceptó llegar hasta ahí y estando a punto de sucumbir, casi me trepé a su lado pero la estrechez de su cama afortunadamente lo impidió...

Yo ya no podía, ya no aguantaba, mi cabeza giró, giraba y un mareo se apoderó de mi entereza... De no haber sido por el ruido al otro lado de la puerta me hubiera quitado la truza y le hubiera ayudado a que me la rodeara, a que subiera y a que bajara lo que estaba a punto yo de hacer...
Pero no, nunca supe qué había sido el ruido aquél, tal vez alguno de mis padres entrando al baño, así que con el mismo espanto del tiroteo al tinaco de hacía ya un año, regresé a la cama y los dos fingimos seguir durmiendo como si nada...

¿Como si nada?... No, imposible. Dejé pasaran dos minutos contados y volví a destapar mi cuerpo para dejar que sus ojos vieran lo que quería que me hiciera... Mi hermana no tomaba iniciativa alguna, era yo el abusador y bloqueado todo valor y norma, me puse de espaldas en mi cama, con la sábana formando una tienda de campaña... Cuando en la penumbra pude ver que mi hermana mantenía su respiración tan agitada y sus párpados abiertos, hice a un lado la sábana y quedé al descubierto cuan desnudo estaba...

Volteé a mirarla y así, tan suave como la tocaba, así de suave me toqué y empecé a masturbarme. Hubiera querido ver que ella también se masturbara, pero ella aún no salía del asombro en que la metí... Yo ya le llevaba la delantera sobre las inprecisiones del sexo y abusé de su mirada; me volví a tocar a tocar y a tocar, y dejé que sus ojos se abrieran desmedidamente cuando aceleré mi movimiento...

El volcán no tardó mucho en hacer erupción; desde entonces he podido controlar mi erección y al manipuleo le doy la orden de extraer el semen cuando las circunstancias me lo hacían valer... Una copiosa fuente fue expulsada, y todo el elixir de la vida por gravedad volvió a caer, bañando mi también incipiente vientre, haciendo que mi cuerpo se estremeciera, se retorciera, y que a mis labios mis dientes mordieran para no gritar lo que con fuerza mi garganta hizo al gemir.

Y todo volvió al silencio, un pesadísimo silencio pecaminoso y de un dejo de arrepentimiento que por la agitación desmedida se fue extinguiendo con la llegada del necesitado sueño y la pregunta interna de si lo volvería a hacer...

El sentimiento de culpabilidad llegó pero se iba; lo prohibido ahí estaba y minutos luego ya no me sentí cohibido, pero luego del letargo, acerté a dejar correr un poco el tiempo para levantarme todavía arropado por la noche y me metí al baño para mi incestuosa culpa lavar... Cuando regresé a la recámara, mi hermana ya dormía, creyendo otra vez que tal vez no era lo que había, sino que todo se traducía en otro sueño tal vez... Que seguramente el cuerpo de los dos volveríamos a olvidar al amanecer.

Quería, necesitaba estar a solas con ella para acariciar toda su anatomía y hacerle sentir mi padecer... Éso tal vez sería un imposible y a lo mejor lo que debería ser... Pero ya no sé, tal vez he sido vil pero tal vez no, porque ambos estábamos despertando hacia nuestra mutua sexualidad... Pero no lo sé, la quería enseñar a masturbar y a que se masturbe... De alguien habría de aprender y qué mejor de su ferviente hermano que la llevara de la mano.




© Hypersexual



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