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Mi hijastro y su amigo

La fuerte atracción que siento hacia el hijo de mi marido hacen que acceda a su deseo de hacer un trío con su mejor amigo.

Cuando llegué a casa, después de haber pasado aquellas maravillosas horas con Alex, me sentí vacía. Sin duda, estaba sintiendo por mi hijastro algo más que una atracción sexual. (Ver relatos Con el hijo de mi marido y Mi culito para mi hijastro)

 

De nuevo, el domingo por la tarde, intenté hablar con él por teléfono, y como era habitual, con escasos resultados. Quien si me llamó fue mi marido, Justo, que intentaba por enésima vez que nos viésemos.

 

Sabía que Alex vendría a la ciudad el fin de semana y mi objetivo era no sólo verle, si no que pasáramos juntos la mayor parte del tiempo que no emplease en estar con sus padres.

 

Le enviaba sms amables y pícaros, intentando aumentar su deseo hacia mi. Solía tener respuesta en los primeros, pero después, mi teléfono quedaba inerte, a excepción de los mensajes de amor y buenos su padre.

 

La semana fue transcurriendo y sólo pude hablar hasta el jueves un par de veces con mi hijastro. Lo que más me preocupaba era que en ningún momento se definía, ni me confirmaba si iba o no a venir a dormir a mi casa ese fin de semana.

 

Al final llegó el viernes por la mañana y me comentó que pasaría a cenar a casa de su madre y mi esperanza era que viniese después conmigo. Por eso, cuando me dijo que dormiría con ella me sentó muy mal, y digo mal, porque la noticia la obtuve por la mañana, ya que a medida que llegaba la noche, mi humor iba empeorando y a varias llamadas y mensajes de mi marido, tuve contestaciones maleducadas e indignas de mi.

 

Me quedé en casa sóla. Mi enfado se había transformado en tristeza, hasta el punto de soltar alguna lágrima. No daba crédito a mi adoración por aquel muchacho y aunque no quería reconocerlo, empezaba a darme cuenta que no sólo era una atracción sexual, sino algo más profundo. Tal vez me estaba enamorando de un crío de 19 años, que para más inri, era mi hijastro.

 

Al día siguiente, por la mañana, lo primero que hice fue ponerle un mensaje a su teléfono, para no importunarle. Quería verle. Sabía que pasaría el día con su padre. Pretendía que comiese con él y después, cenara y desayunara conmigo.

 

No me contestó, pero si me llamó Justo, indicándome que Alex iría a cenar a su casa y que yo estaba invitada. Por supuesto, no acepté, además, no creí que fuese a cenar con él ya que le consideraba comprometido conmigo. Sin embargo, a mediodía, fue el joven quien me telefoneó para decirme que cenaría en su casa y que su padre deseaba que yo asistiese.

 

Me enfadé muchísimo con él. Daba por hecho que pasaríamos la noche juntos y todo se complicaría más si asistía a la cena.

 

  • ¿No te das cuenta que tu padre me invita a cenar para pasar la noche conmigo?

  • Bueno, al fin y al cabo, sois marido y mujer. Es normal que quiera estar contigo. A mi también me gusta.

  • Pero...... ¿No te pasa nada por el estómago si piensas que me acuesto con él? No lo puedo creer.

  • Mila, es tu marido. Nosotros no somos nada. Sólo hemos tenido un par de veces sexo.

 

Colgué el teléfono y me puse a llorar como una tonta. Sabía que si no le veía esa noche, no lo haría ya en el fin de semana, ya que por la mañana se marcharía a la ciudad donde trabajaba.

 

Al final, ante la insistencia de Justo, accedí salir a cenar con ambos. Sin embargo, para mi disgusto, apenas tomó el postre, Alex se despidió de nosotros con la excusa de haber quedado con sus amigos.

 

Estaba abatida. Me sentía desolada, por lo que Justo tuvo su oportunidad y después de tomar una copa, me acompañó a casa y se quedó hasta el día siguiente. Tuve sexo salvaje con él, tanto que a mi marido le encantó, aunque cerraba los ojos pensando que era su hijo quien me tocaba, me besaba y me penetraba, una y otra vez.

 

Al día siguiente, a pesar de la insistencia de Justo, le pedí que se marchara después de desayunar. Pasé el resto del día sola, sin contactar de ninguna forma con Alex. Quería que sufriera como yo lo estaba haciendo, pero al día siguiente recapacité, al darme cuenta que sólo yo lo estaba pasando mal y sobre todo, porque no podía estar alejada de él.

 

A partir de ese momento, mi cruzada fue la de volver a estar a solas con Alex. Quería verle el próximo fin de semana por lo que tomé la iniciativa, con una postura similar a la de la semana anterior, ofrecerle la mejor de las guindas del pastel, que en este caso, era yo.

 

Empecé mi acoso al día siguiente, ofreciéndole una escapada de fin de semana, él y yo solos. Sorprendentemente conseguir que me cogiese el teléfono. Casi me desmayo al decirme que ya tenía planes y que se iría a la playa con su amigo Nacho, quien tenía allí una casa.

 

Pensar en no verle el fin de semana me agobiaba y era algo que no quería aceptar. Por ello comencé un bombardeo de sms indicándole lo que se perdería si no nos veíamos.

 

Después de varios mensajes, en los que poco a poco, conseguí subir de tono la conversación de los mismos.

 

  • Un streptease mejor que el del último día, ropa interior aún más sexy.

  • Me gustó el último día. Si pudiera, repetiríamos.

  • Podemos repetir. Puedes aplazar ese viaje e irnos juntos el fin de semana a donde quieras.

  • Vente con nosotros. Estaremos juntos.

 

Intenté convencerlo, aunque sin resultados positivos durante el resto de la semana, hasta que llegó el miércoles por la noche, y siendo él, después de muchos días, fue él quien me llamó.

 

Me puse “tontita” al ver como me hablaba. Su voz sensual, mimándome, adulándome y lanzándome piropos que nunca le había oído. La conversación se volvió más caliente, y lo que me imaginaba la consecución del objetivo de un fin de semana a solas, en el que pensaba tener a Alex sólo para mi, soltó la bomba que me dejó boquiabierta y parada al principio, para segundos después, transformarse en indignación.

 

  • Me gustaría que este fin de semana lo pasáramos bien los tres. Nacho se ha portado muy bien conmigo en la universidad y gracias a él conseguí el trabajo.

  • No te preocupes. Cenaremos y saldremos con él y luego tú y yo solos.

  • Mila. El otro día estuve muy a gusto contigo. Disfruté mucho de lo que hicimos, me hiciste, feliz, me gustó lo que hablamos, me sentí muy libre y a gusto contigo.

  • Cariño¡¡¡ Siempre será así entre nosotros.

  • Me dijiste que te gustaría hacer un trío, y a mi que lo hiciéramos.

  • ¿Un trío? Eso lo dije en un momento de éxtasis. Por supuesto que no haría eso nunca.

  • Como te digo, Nacho se ha portado bien conmigo y me gustaría compensarle, permitiendo que pudiera jugar con nosotros.

  • Estás loco¡¡¡ ¿Cómo puedes pensar que me sometería a algo así? Es una aberración.

 

Le colgué el teléfono. Estaba helada, temblorosa. No iba a aceptar aquel chantaje. Estaba dispuesta a no verle más, cuando vi que mi teléfono señalaba que había recibido un sms.

 

  • Si no me haces este favor, no volveremos a vernos nunca más.

  • Que te follen¡¡¡¡ – Contesté.

 

Fui mal educada, pero era lo que en esos momentos me pedía el cuerpo. No quería acceder, ni que aquel mocoso se riera de mi. Me fui a la cama malhumorada y a pesar del disgusto, quedé dormida a los pocos minutos.

 

No le llamé al día siguiente, aunque en la mañana del viernes, mi sufrimiento se hizo insoportable. Estaba muy enganchada sexual y emocionalmente a aquel jovencito.

 

Según pasaba el día, en ciertos momentos me autoconvencía de la situación, diciéndome a mi misma que no sería tan malo tener una experiencia con más de un hombre a la vez, aunque de inmediato volvía a la realidad. Pero lo que más me dolía era no volver a ver a Alex. Si de algo estaba segura, después de conocerle desde niño, es que cuando se enfadaba, jamás daba su brazo a torcer, por lo que si no accedía a aquello, no volvería a verle. Al menos verle a solas.

 

Desesperada, le llamé a media tarde. Volvió a cogerme el teléfono. Ya estaba de camino, junto a su amigo. Volví a intentar convencerlo, pero no fue posible. Al final, terminó colgándome de malas formas.

 

No podía creerlo, volvía a estar en manos de aquel joven que conocía desde niño. Quería verle, pero el peaje que había de pagar era demasiado alto. Me tumbé en el sofá, encendí el televisor y me pasé llorando el resto de la tarde, hasta que me dormí El sábado me desperté pronto, y ficticiamente convencida, le llamé de manera infructuosa. Por supuesto, no contestó, pero bastó un nuevo mensaje en el que aceptaba ayudar a “quedar bien con su amigo” para que fuese él quien me telefonease.

 

Tras su consentimiento, preparé una bolsa rápida, con lo elemental para el fin de semana, y cogí el coche. A última hora de la tarde, estaba en un bar de la urbanización que me había dicho. Le llamé y le pedí que bajase a buscarme, solo él, para intercambiar unas palabras a solas.

 

  • Alex. Si he venido hoy hasta aquí, es porque me importas muchísimo, y necesitaba verte. Voy a hacer lo que quieres, pero antes, me gustaría hacer el amor los dos solos.

  • De acuerdo. Cenaremos, tomaremos algo para desinhibirnos y después pasará Nacho con nosotros. Si te resulta más cómodo, puedo ponerte una cinta en los ojos y no verás nada, sólo sentirás¡¡¡

 

No se me había ocurrido aquello, pero me pareció buena idea. Le acompañé a casa, y allí me saludó Nacho, a quien ya conocí fugazmente, la noche en que mantuve la primera experiencia con Alex.

 

El amigo me desnudaba con la mirada, lo que me incomodaba. Me cambié de ropa, poniéndome el traje del primer día, compuesto de minifalda y camisa, que mostraban parte de mis muslos.

 

Por la calle, notaba como Nacho me miraba las piernas, mientras que su Alex apenas se fijaba a mi, lo que me indignaba. Nos sentamos en una pizzería y cenamos. Después visitamos un local de copas, donde Nacho saludó efusivamente a uno de los camareros, que imagino conocería de anteriores visitas.

 

Tomamos un par de copas. Por dos veces, nuestro acompañante me agarró por la cintura y me dio un par de palmadas en el culo, e incluso algún tocamiento en el muslo, por debajo de la falda, lo que me enarboló, pero no dije nada. Se lo había prometido, por ello, en torno a la una de la madrugada, le pedí a Alex que nos marchásemos. Antes de salir habló con su amigo, que permancería una media hora más allí, para después, venir donde nos encontrábamos.

 

Sólo deseaba estar con Alex. Se me hicieron eterno los apenas cinco minutos que separaban el garito de la casa. Por fin llegamos, donde me desfogué, besándole con ansia, y quitándole la ropa casi con desesperación.

 

Me agarró los pechos por encima del vestido y los apretó. Los besó, aunque no quería que lo hiciera sobre la tela, por ello me saqué la camiseta, para que pudiera saborearlos mejor.

 

Mi sostén negro sujetaba los senos, que parecían querer escapar. Él los ayudó, desplazando las copas hacia abajo y dejándolos libres, a su disposición.

 

Le agarré la cabeza y la apreté contra ellos. Estaba muy excitada. Alex era un joven apuesto y guapo, pero en esos momentos me podrían haber puesto al modelo masculino mejor cotizado, que no lo habría cambiado.

 

Metió la mano por detrás de mi falda. Acarició mi trasero y mis muslos. Lo que me enfadó que lo hiciera Nacho, con él era diferente. Fugazmente pasó por mi cabeza la posibilidad de haberme enamorado de un chico de diecinueve años, pero no lo pensé más, y seguí disfrutando, de quien ese momento, era mi chico.

 

Tiró de mi corta falda hacia abajo y esta cayó al suelo. Me gustaba que me viese en ropa interior.. Terminé de desnudarle, dejándole tan sólo con su calzón y toqué su paquete, que ya estaba empalmado. Lo hice por encima, pero no pude esperar más y mi mano se deslizó por debajo del boxer y agarré el miembro con fuerza. Volvió a besarme, bajó hasta los pechos y su mano se introdujo por debajo del tanga.

 

No teníamos mucho tiempo. Su amigo vendría pronto y esa sería otra historia en la que yo colaboraría por él, así que me quité las dos prendas y quedé totalmente desnuda. Me agaché e introduje su miembro en mi boca. Disfrutaba sintiéndolo cada vez más grande. No quería que se corriera aún, así que paré e hice que su mano me tocara, y su dedo jugase con mi clítolis, antes de introducirlo en mi vagina.

 

Estaba muy mojada. Me situé sobre la cama y abrí las piernas para que me penetrase. Necesitaba que lo hiciera después de dos semanas sin tenerle para mi.

 

Crucé las piernas sobre él, que en la clásica posición del misionero, me penetraba locamente. Estaba excitadísima, gritaba y me movía como una perra en celo.

 

Después de unos minutos eyaculó dentro de mi. Yo no había llegado al orgasmo, pero me sentía feliz por estar con él. Quería seguir estando con él toda la noche, por ello, le recriminaba mentalmente lo que me había pedido.

 

  • Alex, cariño, ¿por qué no pasamos la noche tú y yo solos? Si quieres nos vamos a un hotel.

 

Estaba dispuesta a todo por estar a solas con el hijo de mi marido. Quería que recapacitase y llevarlo a mi terreno, aunque lejos de ello, se mantenía firme en su postura, queriendo ofrecerme a su amigo, algo que, según me iba dando cuenta, le excitaba.

 

Me quedé en la cama, hasta que oímos que había entrado alguien en la casa. Sin duda era Nacho que acababa de entrar por la puerta. Alex se puso su boxer y salió a verle. Cuando volvió a entrar me sentía nerviosa, por lo que iba a hacer en los próximos minutos.

 

Antes de conocer a mi marido, había salido con varios hombres, pero pocos de una noche. Nunca fui una mujer fácil, y por supuesto, nunca había estado con dos a la vez. Era algo que consideraba para aquellas ligeras de cascos, o un poco “putillas” y la acción en si misma, era una aberración.

 

Alex volvió a entrar en la habitación. Llevaba un paño negro, supongo que para taparme los ojos según habíamos hablado.

 

  • ¿Qué quieres que haga? – Pregunté, aceptando sus deseos.

  • Vístete. A Nacho le gustará verte primero vestida. Sé que haces esto por mi, y que querrías estar a solas conmigo, por eso te taparé los ojos. Estaremos los dos contigo, pero no sabrás quien es quien en cada momento.

 

Antes de salir, ya vestida, igual que había estado por la noche cuando salimos a cenar, me colocó aquel paño por delante de los ojos. Abrió la puerta y nos dirigimos al salón, donde suponía, estaba ya su amigo.

 

Me dejó en medio y se apartó de mi. Sentí una fuerte sensación de inseguridad al verme sola. Noté una mano que se agarraba a la cintura y unos labios, que suavemente rozaron los míos. Comenzaron mis dudas. ¿Quién sería el que me besaba?

 

No quise agobiarme con pensar quien me tocaba y quien no. Mientras no tuviera constancia que fuese Nacho, para mi sería Alex quien estaría conmigo.

 

Por detrás alguien besó mi cuello. Por su tacto pensé que podría ser mi chico, pero el tacto de una mano en mi trasero, también imaginé que podía ser la suya. Decidí dejarme llevar.

 

Me mantenía de forma pasiva, algo que sin duda no iba conmigo. Notaba como tres y a veces hasta cuatro manos me acariciaban. Una de ellas llegó a mis rodillas y sin dilación comenzó a subir por mis muslos. Otras dos tiraron de mi camiseta hacia arriba, dejando al aire mi sujetador.

 

Me hicieron entrar en calor rápidamente, más que por la excitación, por el agobio y la tensión que me producía estar estar expuesta a esa situación. Los labios que anteriormente habían rozado los míos, ahora me apretaban a la vez que su lengua llegaba a la mía. Por detrás, mi falda permanecía levantada, y otra mano había llegado ya a mi culito, tocándome el tanga.

 

Noté que era quien me estaba besando el que llevó sus manos a la altura de mi cintura, para agarrar la goma que la sujetaba. Tiró de ella hacia abajo, e instantes después estaba en el suelo.

 

  • ¿Cómo podía Alex permitir que su amigo estuviera conmigo? Si él estuviera con otra mujer me habría sentido celosa y humillada – Pensé.

 

Los jóvenes parecían entretenidos en su juguete, que en este caso era yo. Sentía una mezcla de sensaciones. Deseo, porque era algo nuevo para mi, estar con dos jóvenes a quienes más que doblaba la edad. Me daba cierto morbo, que quien consideraba la persona más cercana a mi en esos momentos, mi hijastro, estuviera cediéndome a su mejor amigo. Negativamente sentía vergüenza de estar a disposición de dos jóvenes, pero me autoconvencía al pensar que era yo quien había aceptado el trato con mi hijastro.

 

Los dos jóvenes continuaron tocándome. Lancé mi mano a la cara de uno de ellos pero no pude distinguir de quien se trataba. Al bajar mi mano, conociendo la ropa que ambos llevaban antes de empezar el juego, noté que al menos quien yo toqué ya estaba desnudo. Por ello lancé la mano para atrás para tocar al otro joven, pero también estaba desnudo.

 

Yo continuaba de pie, con los dos muchachos acariciándome y besándome. Fue entonces, cuando el que estaba situado detrás, soltó mi sostén, para que el otro lo retirase.

 

El que estaba situado detrás me besaba el cuello a la vez que notaba como me estrujaba los pechos, y hacía más finos los pezones para que el que se situaba delante le diera pequeños mordiscos y lametones.

 

En ese momento estuve casi segura que era Nacho quien me besaba los pechos y Alex quien por detrás, entregaba y cedía mis senos a su amigo. Intenté entonces centrarme en lo me hacía mi chico, el joven por el que estaba perdiendo la cabeza, y seguramente, no sólo la cabeza.

 

Mis sospechas se iban confirmando cuando el joven que tenía delante fue acariciándome y besándome hasta situarse junto a mi pequeño tanga. Podía sentir su aliento en mi vientre. Lo tomó y también, despacio, supongo que recreándose en contemplar desnuda a una atractiva mujer madura, como decía Nacho que me consideraba.

 

Los dos chicos comenzaron a besarme por el cuerpo. Poco a poco me iba sintiendo más cómoda y ya apenas sentía vergüenza de estar con dos hombres. Imagino que no verlos, no saber quien era quien, aunque sospechase en qué lugar se encontraba cada uno, hacía que todo resultase más fácil.

 

Noté como la boca del joven situado en frente de mi se dirigió a mi sexo. Separó mis labios vaginales y pasó la lengua, lo que unido a las caricias sobre mis pezones, me excitara aún más.

 

Pararon y ambos, uno de cada mano, me llevaron al dormitorio, donde minutos antes había hecho el amor con Alex.

 

Me tumbaron sobre la cama. Ambos volvieron a besarme. Noté de nuevo quien era Nacho, ya que tenía el olor a mi, al haber pasado su lengua por mi sexo.

 

Estiré mis manos hasta tocar el cabecero de la cama. Estaba entregada a jugar con aquellos chicos. Ahora sólo sentía placer y quería todo lo que me pudieran ofrecer.

 

La mano de Alex recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mi sexo. Pasó su dedo, recorriendo mis labios, mi vagina, hasta llegar a mi clítolis, masajeándolo y moviéndolo en círculo.

 

Me situó de rodillas, dejándolas ligeramente abiertas, lo que le permitió seguir jugando con mi sexo. Fue Nacho quien llevó mi cabeza hacia delante para situar mi boca a la altura de su miembro. Sin dudarlo lo llevé a la boca y empecé con la felación.

 

Dada mi excitación, a veces mis dientes se clavaban ligeramente en él, lo que daba lugar a que me tirase un poco del pelo y me apartase. En seguida volvía a introducirlo en mi boca.

 

Lo notaba crecer. Ahora, la sensación era que ese miembro ya había estado antes en mi boca. No podía distinguirlos, ambos estaban totalmente depilado y la constitución física de los dos amigos era prácticamente idéntica.

 

Casi sin esperarlo, mi boca se llenó de semen. Su sabor era similar al de Alex, pero........¿cómo saberlo? ¿Cómo saber si me acababa de tragar el semen de mi chico o el de su amigo?

 

El chico que acababa de correrse noté como se levantaba de la cama. El que quedó me dio la vuelta, para colocarme hacia arriba, tal y como le gustaba hacerlo a Alex.

 

Noté como me penetraba. El movimiento era distinto, pero la sensación era la misma. Me gustaba como lo hacía. Seguía sin estar segura quien era quien en cada acción, aunque si hubiera sabido con toda seguridad que no era mi marido quien estaba allí.

 

La agarré entre mis piernas y le besé efusivamente. Nuestras lenguas se mezclaron, a la vez que hacíamos el amor.

 

Mi excitación aumentaba, por eso, aún sabiendo que uno de ellos no era él, quise mostrar mi deseo y placer del momento.

 

  • Sigue cariño. No pares. Hazme gozar tesoro ¡¡¡ – Comentaba a su oído.

 

Esperaba una contestación para conocer quien estaba accediendo a mi cuerpo, pero ninguno habló. Sólo sentía a uno en la cama, pero no sabía quien era.

 

Por fin, llegó el momento. Tras unas sacudidas depositó todo su semen dentro de mi. Seguí tumbada, sin saber si daban por finalizada la sesión de sexo.

 

  • Sigue tumbada, cariño. Todavía no hemos terminado. – Dijo Alex

 

Permanecí quieta, disfrutando de la sensación de estar desnuda y haber gozado con dos jóvenes. Me había quedado con ganas de más, por lo que accedí sin protestar. Yo aún no había tenido mi orgasmo.

 

Momentos después volví a sentir como una mano se dirigía a mi sexo, dos manos sobre mi sexo y lo mismo sobre mis pechos.

 

Me volvía loca. Estaba a punto de llegar al climax. Me clavé sobre el colchón, mientras que mi vagina mojada, permitía humedecer el resto de mi cuerpo y en especial mi clítolis.

 

Di unos gritos y después de unos movimientos convulsos, quedé quieta, extenuada. Fue en ese momento cuando fui a quitarme el pañuelo de los ojos, pero uno de ellos me paró la mano.

 

  • Aún no. Mila. Vamos a tener sexo anal. – Dijo Nacho.

  • No. Eso no¡¡¡ Sabes que sólo te lo permito a ti. Nunca lo hice con nadie más.

  • Vale. Seré yo. Mientras, le harás una mamada a Nacho.

 

No me gustaba hacerlo y menos durante el primer trío de mi vida, pero al ser él quien iba a hacerlo accedí. Habría hecho cualquier cosa que me pidera.

 

De rodillas, mi boca fue al miembro de Nacho. Alex la introdujo despacio. Le notaba excitado, más que a su amigo. Sin duda era un hombre fenomenal, capaz de satisfacer a la mujer más exigente.

 

No me gustaba el sexo anal, pero lo hizo despacio. Me dolió mucho menos que la primera vez, aunque en ningún caso tuve una sensación placentera. Conseguí que de nuevo, mi boca se llenase de semen, y esperé pacientemente y un poco dolorida que Alex terminase.

 

Por fin, en dos embestidas finales, noté el chorro que se disparaba sobre mi ano. De inmediato fui a quitarme la venda que me tapaba. Intentó evitarlo pero no lo consiguió. Ahora si quería ver todo.

 

Al ver la luz, vi a Alex en frente de mi. Mis peores temores se confirmaron al mira atrás, y ver aún subido en ella, de rodillas, junto a mi trasero a Nacho. Había sido él quien me había sodomizado.

 

Estaba indignada. Tuve unas agrias palabras con Alex. Eran casi las tres de la mañana, pero tomé mi equipaje y salí de la casa indignada y llorosa.

 

Durante el viaje de vuelta tuve tiempo de reflexionar y darme cuenta que Alex sólo quería divertirse conmigo, y nada más. Sabía que me había enamorado de un imposible, pero eso tenía que terminar ya.

 

 

Pedroescritor

HistoriasDeSeduccion.com (Amor Filial) © Pedroescritor (pedroescritor@hotmail.com)