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Marta y Salva

Marta mirando a su hijo se dio cuenta de que quería besarle, amarle, chuparle y que le chupase. Se estaba calentando y mucho...

 

COMO cada sábado, Marta preparó el desayuno para ella y para Salva que aprovechaba para dormir un poco más que de costumbre. Ya estaban las tostadas en la mesa cuando el chico apareció con una claramente visible semis-erección bajo el pijama. Marta se le quedó mirando y sus ojos se fueron directamente allí, a su entre pierna. No parecía tan grande como la de Boby, según había dicho Alex (Marta aún no había tenido oportunidad de verla ella misma), pero era una polla adulta sin duda. Por unos segundos ardió en deseos de verla. ¿Que la estaba pasando? Desde que sabía que Alex tenía sexo con su hijo Boby, ella no había parado de pensar en su propio hijo, Salva. De siempre había visto a su hijo desnudo, pero la adolescencia se lo había robado y se había perdido los últimos años del desarrollo de su cuerpo. Recuperó la compostura y miró a la dormida cara de su pequeño.

-Buenos días cariño- Dijo Marta con un tono muy afable.

-Buenos días mamá- Y con un andar un poco “zombi” Salva se acercó a la mesa donde estaba su desayuno preparado. Agarró el cacao y se sentó a desayunar. Marta mirándole se volvió a quedar pensativa. El niño que ella había conocido ya no estaba, ahora era un amasijo de hormonas adolescentes que deseaban una mujer, incluida ella misma, o mejor dicho, a ella más que a ninguna. Sabía que Salva usaba sus tangas para masturbarse. Los había visto en el cajón del chico. No le había dado importancia, es decir, probablemente otra madre habría puesto el grito en el cielo, pero ella no era así. Sabía que lo hacía cuando ella estaba en el gimnasio y muchos sábados cuando iba a comprar, pues había visto el semen casi fresco en las bragas. Sólo de imaginarse a Salva oliendo sus bragas y machacándose la polla con la mano para correrse brutalmente....le ponía a cien. Se mojaba, lo notaba. Eso la excitaba.

-mamaá....Mamá!- Salva la sacó de sus calenturientos pensamientos. Marta al oír la voz de su hijo volvió a la realidad y siguió con lo suyo. -¿Que si no vas a desayunar, mama?-

-No hijo, ya he tomado café- Terminó de hacer la cocina mientras Salva se terminaba las tostadas. -Terminate el Cacao en tu habitación que yo me voy a comprar. ¿Quieres algo del super?-

-No gracias....- Dijo Salva saliendo de la cocina. Marta se quedó allí sola y pensativa. Regresando al hilo de las ideas que le rondaban hacía unos minutos...”Si Alex lo hacia con su hijo, porque no podría ella hacerlo con Salva”. “Es una locura”. “O no...”. Confundida fue a su habitación, donde se vistió para ir de compras. Se puso una falda gris de tubo hasta casi el muslo, un tanto cerrada, pero elegante y una blusa escotada que dejaba entre ver un poco el encaje de su sujetador. ¿Demasiado provocativo?...no, no lo creía. LA gustaba vestir así elegante pero con un toque sensual, como ella lo llamaba. Metió sus cosas en su bolso y salió de su cuarto. Antes de dejar la casa se dirigió a la habitación de Salva, para decirle que se iba. Abrió la puerta y se lo encontró cogiendo algo en el cajón donde ella sabía que estaban sus bragas, las que su hijo utilizaba para masturbarse.

-Me voy, cielo- El chico se puso nervioso. No supo que hacer ni que decir.

-Peeeroo, creí que ya te habías ido...- Dejó lo que tenía en las manos y se giró para mirar a su madre. Su vista se fue directamente al escote. Se forzó para no mirar allí y recobró la compostura. -Mamá te he dicho mil veces que llames antes de entrar a mi habitación, que ya no soy un niño- Dijo en plan reproche para disimular el nerviosismo, cosa que Marta notó.

-Vaale, perdona. Que me voy, tardaré un par de horas, que tengo que ir al centro- Mintió pues, sólo tenía que comprar fruta en el super y poca cosa más. Dejó la conversación ahí y salió de la casa.

Cogió el coche y se fue a comprar. Si compró, pero poca cosa. Era más una excusa para salir de casa y dar tiempo a Salva para que se pusiese cómodo. Imaginarse a su hijo masturbándose con su tanga la ponía caliente.

Notó como los hombres se la quedaban mirando. Sabía que no tenía unas tetas como su amiga Alex, pero conservaba un cuerpo digno de ser piropeado. Y eso también lo sabía. Pensó que el siguiente movimiento en su plan sería regresar a casa y pillar a Salva infraganti. Pero ella no tenía plan, estaba actuando de acorde sus instintos sexuales le decían que hiciese. Deseaba a su hijo y quería sexo. Alex le había abierto las miras. Veía el mundo desde otro punto de vista, su mundo. Amaba a su hijo y ahora que había crecido y se había desarrollado, lo deseaba. Era lógico. Pero, ¿por que poner freno a esos impulsos que tanto la llamaban?..que tan viva la hacían sentir. Determinada a comprobar en lo que podía terminar la relación con su hijo regresó a casa convencida de que nada malo podía pasar, de que quería besarle, amarle, chuparle y que le chupase. Se estaba calentando y mucho. Pero no quería asustar al chico. No quería espantarlo. Ella no sabía hasta donde había llegado en sus aventurillas de instituto. Debía de ir poco a poco. A ver como reaccionaba el muchacho.

Aparcó cerca de la casa, pero no donde siempre. Quería entrar en la casa sin ser vista. Caminó hasta la puerta normal (no quería levantar sospechas en los vecinos), y metió la llave con cuidado. Entró y cerro lentamente. Todo estaba en silencio. Caminó de puntillas pues llevaba tacones y se acercó a la habitación de Salva. La puerta estaba abierta y no había nadie. Escuchó algo que salía del baño y vio la puerta casi cerrada. Respiró y entró resuelta como si nada:

-He vuelto antes, porque....- Y se encontró a Salva sentado en el water con sus bragas enrolladas en el pene y agarrando este con bragas y todo. Estaba en plena acción. -Pero que estás....No me digas que estabas....- Dijo fingiendo estar asombrada y un tanto enfadada.

-Mamá!?- Dijo Salva sin poder moverse.

-Que crees que estás haciendo, jovencito?- Dijo Marta mientras sujetaba la puerta aún abierta.

-Yo...yo...mamá, yo...-El chico no había ni siquiera soltado su pene del susto.

-Masturbándote, con...¿Son esas mis bragas?- A Marta le costaba contener una sonrisa.

-Lo siento mamá, es que no lo puedo remediar- dijo Salva en una especie de excusa. Mientras retiraba las sucias bragas de su madre de su pene y se tapaba un poco.

-Cariño, no deberías usar así mis bragas, podrías arruinarlas- Dijo Marta más tranquila, entrando en el baño y quedándose de pie frente al chico, el cual estaba al borde de las lágrimas.

-Lo siento...- Dijo Salva mirando al suelo avergonzado.

-Hmmm- Dijo Marta en un leve gesto de desaprobación. Metiendo la mano es su bolso busco su tabaco. -¿Donde están mis malditos cigarrillos?- Ella también estaba un poco nerviosa, tampoco se lo quería hacer pasar mal al muchacho. -Además...- Dijo llevándose un cigarro a la boca el cual prendió con el mechero. Sujetó el cigarro con la punta de los largos dedos, casi con las largas y decoradas uñas. Dio una gran bocanada de humo.

-...Parecen sucisimas- dijo expulsando el humo hacia un lado.

-Si, es que las he estado usando desde hace un par de semanas...lo siento- Respondió sincero Salva. Sin soltar el cigarro Marta se remangó la falda hasta la cintura, mostrando un precioso tanga negro, el cual cubría su morena vagina. “Pero que mierda...?”, pensó Salva sin apartar la vista de lo que hacía su madre. Marta agachándose se quitó las braguitas. Salva no prestó atención al escote de su madre, el cual en otro momento habría memorizado, por que sólo tenía ojos para el coño, ahora visible, de su madre. Marta se acercó a Salva y con un gesto lento y sensual le arrimó las bragas a la nariz de Salva, el cual no salía de su asombro.

-Toma, frescas y calientes recién salidas del horno- Dijo medio sonriendo. -...y un poco húmedas- Salva no se creía lo que pasaba. No sabía que hacer, pero el olor ahora intensisimo del tanga de su madre y el espectáculo que estaba presenciando, lo habían vuelto a excitar. Tenía la polla dura de nuevo, lo que por ahora ocultaba como podía, por desconfianza y vergüenza.

-Si quieres puedes enrollarlas alrededor de la polla, como tenías las otras. Veo que está lista de nuevo- Dijo Marta dando un paso atrás sin haberse bajado la falda lo cual dejaba al a vista su sexo húmedo tan sólo cubierto por una pequeña franja de bello en su parte superior. Salva no sabía si mirar a la cara a su madre o seguir disfrutando de la visión de su vagina. -Creo que me puedo quedar un rato más aquí mientras me termino mi cigarrillo- Dijo Marta mientras se sentaba en la encimera donde estaba el lavabo, la cual pillaba justo enfrente de donde estaba Salva, dándole así una perfecta vista de su coño.

-Más vale que mires ahora que puedes...- dijo subiendo una pierna a la encimera abriendo así sus muslos. -...antes de que me termine esto. Tengo que hacer la comida- Dijo dando otra calada al cigarro el cual sensualmente sostenía casi con las uñas. Salva había empezado tímidamente a masturbarse otra vez con las nuevas bragas rodeando su pene.

-Eso es cariño. Mira, sólo para que termines antes...-Y Marta terminó subiendo la otra pierna también a la encimera, dejando ahora sus piernas completamente abiertas, ofreciendo así una visión celestial de su coño el cual se veía rosado y húmedo. Salva no podía hablar. El ritmo de su paja era ya muy rápido, casi tanto como el de su excitado corazón. El chico ya no disimulaba. “Pues...no la tiene tan pequeña...” pensaba Marta.

Marta se recostó, cerró los ojos y dando otra calada al cigarro, pasó su mano por su coño ya empapado.

-Mira, está goteando- Dijo separando los labios de su coño y dejando que un par de gotas de flujo recorriesen su perineo -Mi chica está goteando por culpa de tu pequeño amigo- Dijo mientras se acariciaba un poco el clítoris -Hmmmm- Gemía de vez en cuando.

Salva ya llevaba un ritmo infernal. Estaba que no se lo creía, pero no por ello iba a desaprovechar la ocasión de poder masturbarse frente al coño de su madre. “Eso es, demuéstrale a Mami de lo que eres capaz”. Los gemidos de Salva cada vez eran más intensos y su ritmo aumentaba con fuerza. “Mirale, desde luego dejó de ser un niño hace tiempo”, pensaba Marta mientras veía como Salva se masturbaba frente a ella.

El disparo sorprendió a Marta, pues montones de gotas de semen se estrellaron por el baño. Al estar frente a frente, algunas cayeron sobre Marta.

-Ahhhh, esa fue una buena!- Exclamó su hijo que ahora no la miraba sino que echaba la cabeza para atrás en señal de placer sumo.

-Buen disparo cariño- Dijo Marta recogiendo con el dedo una gota que le había caído en la cara. Lamió el dedo pensado lo sabroso que estaba.

-Me llevo esto- Dijo cogiendo las bragas mas estropeadas -Más vale que haga de comer. No te olvides de darte una ducha y limpiar todo esto-

-Oh, veo... estrellitas...- Dijo Salva aún mareado por el orgasmo que acababa de tener. Para cuando abrió los ojos su madre ya no estaba, aunque tenías el tanga negro en la mano. No había sido un sueño, ella había estado allí. 

 

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Kaneda

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