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Madre e hijo

Mi nombre es Carmen y quiero haceros partícipes de mi primera experiencia de tipo incestuoso, en concreto tuvo lugar con mi querido hijo. En mi caso fue algo que surgió de forma espontánea y natural, sin buscarlo pero de lo cual debo reconocer que no me siento para nada culpable…

Mi nombre es Carmen y quiero haceros partícipes de mi primera experiencia de tipo incestuoso, en concreto tuvo lugar con mi querido hijo. En mi caso fue algo que surgió de forma espontánea y natural, sin buscarlo pero de lo cual debo reconocer que no me siento para nada culpable…….

 

Me casé siendo casi una niña pues apenas había cumplido los 19 años. Estaba realmente enamorada de mi marido el cual es quince años mayor que yo por lo que con el paso de los años dicha diferencia de edad se fue acentuando. No perdimos el tiempo pues apenas al año y medio de estar casados tuvimos a Jorge, nuestro querido hijo. Es un muchacho alegre y jovial, afectuoso y tierno, muy estudioso. Es algo tímido con las chicas supongo que por su juventud, nada que no pueda superar con el tiempo. Tiene el cabello largo y castaño, es alto y bien parecido, los ojos marrones. Es de complexión delgada.

 

En cuanto a mí os diré que llevo el pelo teñido de color caoba y que gracias a la gimnasia regular que realizo y al cuidado con las comidas mantengo una figura aún harto interesante y apetecible para los hombres. Tengo unos senos de buen tamaño y poseo unos pezones oscuros y fácilmente excitables que cuando se erizan se perciben a través de la tela de la blusa pues trato de no llevar sujetador ya que me resulta enormemente molesto. Las caderas son anchas y el trasero pronunciado y duro. Debo reconocer sin falsa modestia que más de un hombre se gira a mirarme cuando paso a su lado.

 

Los hechos que voy a relatar se desarrollaron unos meses después de haber cumplido los 41 años, así pues Jorge tenía 20 años. Mi esposo había superado ampliamente los 50 y daba la sensación de tenerme abandonada y desatendida en el plano sexual pues cada vez nuestros encuentros se alejaban más y más en el tiempo. Busqué montones de razones para su falta de interés, creyendo en la presencia de otra mujer pero tras contactar con un detective para que me pasara informes de mi marido pude ver que no iban por ahí los tiros. Mi esposo trabaja en su empresa de la mañana a la noche y yo en una conocida editorial del país como traductora de textos por lo cual llevamos una vida sin problemas económicos.

 

Tras unos meses realmente estresantes en el trabajo decidimos hacer un viaje a Menorca los dos solos para así relajarnos y tomar unos días de descanso. La soledad de dicha isla era ideal para nosotros, lejos del mundanal ruido. Hablamos con mis suegros y les dijimos que Jorge iría a Gijón a visitarles y así pasaría unos días con sus abuelos, sus tíos y sus primos.

 

Tal como suele ocurrir cuando tienes todo preparado y a punto de realizarse, mi esposo tuvo un problema con el pago de un cliente y se vio obligado a dejar de lado las tan ansiadas vacaciones. En cambio mis vacaciones ya no podía posponerlas pues mi jefe me había hecho un favor especial dándome aquellos quince días y ya no había posibilidad de cambiar las fechas debido a la molestia que habría con el resto de compañeros. Mi marido viéndome cariacontecida por dicho contratiempo me animó diciéndome que aprovechara aquellos billetes y me fuese con Jorge a disfrutar y que ya hablaría con sus padres. Me alegré pues ya que no podía pasar aquellos días con mi marido al menos estaría acompañada por mi hijo. Pensaba gozar lo máximo posible de mi merecido veraneo.

 

Al llegar a la isla tuvimos que alquilar un pequeño coche con el cual nos moveríamos con comodidad por Menorca. Pensábamos aprovechar la soledad de aquellas calas que permítian disfrutar de la libertad de la naturaleza. El hotel donde nos alojábamos poseía unas instalaciones magníficas. Tenía una gran piscina que a aquellas horas de la mañana estaba ocupada por bastante gente, los unos tomando el sol en las tumbonas y los otros refrescando los desnudos cuerpos dentro del agua. La mayoría de los visitantes eran extranjeros. Había muchos alemanes e ingleses. Estaba bien comunicado y la habitación tenía vistas al mar y estaba rodeada de pinos. El paisaje era típicamente mediterráneo. En fin, una auténtico prodigio de la naturaleza.

 

Hijo, te dejo elegir ya que es el primer día que estamos en la isla. ¿Vamos a la playa o nos quedamos en la piscina? Escoge lo que quieras.

 

La verdad es que me da igual. Ambas ideas me llaman la atención.

 

Bueno, entonces ya que no te decides iremos a la playa que tengo ganas de conocer las famosas calas de Menorca a ver como son. Tengo ganas de darme un buen chapuzón que hace un calor insoportable.

 

Como teníamos muchas ganas de disfrutar del mar nos cambiamos con premura. Yo me puse un bañador de una pieza atado al cuello que me marcaba una figura envidiable. Al poco rato salió Jorge del baño con un bañador estampado. Con las toallas al hombro nos dispusimos a gozar de nuestro primer baño. La verdad es que aquella cala era preciosa, a aquellas horas había poca gente. La mayoría de ellos iban desnudos lo cual me cortó un poco, más por mi hijo que por mí. Sin embargo pensé que la imagen de aquellos cuerpos desnudos no podría ser nociva para un muchacho joven como él. Cuanto antes se acostumbrara a la desnudez mejor. Vimos alguna pareja haciéndose arrumacos de enamorados junto a matrimonios tumbados al sol mostrándose sin recato al resto de los presentes.

 

Pude ver como los ojos de Jorge se perdían entre los desnudos senos de aquellas mujeres pero no le dí mayor importancia. Debo reconocer que también mi vista se fijó en más de un guapo muchacho de los que había por allí. Incluso llegué a posar mi mirada en la abultada entrepierna de un joven muchacho rubio que estaba tumbado boca arriba con los ojos cerrados. Me humedecí al instante ante aquella imagen perturbadora. Aquel pene de dimensiones considerables descansaba sobre su sudoroso muslo. Me encontraba tan ensimismada que me asusté cuando mi hijo me habló y me dijo riéndose:

 

Pero mamá, deja de mirar que se va a dar cuenta.

 

En esos momentos no supe donde meterme. Mi hijo me había pillado pero pareció no darle la mayor importancia a mi pequeño desliz pues al momento estaba hablando de otras cosas.

 

Tras pasear un rato por la orilla de la playa llegamos a una de las esquinas y nos decidimos por un pequeño hueco libre donde nos tumbamos y empezamos a disfrutar de los rayos del sol. Tras diez minutos de estar al sol ya estaba cansada y le dije a Jorge si nos ibamos al agua que hacía mucho calor. Jorge aceptó mi propuesta al instante y poniéndose en pie se fue corriendo al agua lanzándose de cabeza. Le seguí y entré al agua nadando hasta llegar donde se encontraba mi hijo. Estuvimos jugando un buen rato echándonos agua y Jorge me hizo alguna inocente aguadilla. Gracias al contacto, mi hijo se agarró a mi cuerpo en diversas ocasiones lo cual me puso algo nerviosa aunque finalmente no le dí mayor trascendencia. Mi hijo lo estaba pasando realmente bien y pude comprobar que en su actitud no había el menor atisbo de malicia.

 

Regresamos a las toallas y pude observar como más de una persona se fijaba en mí. Era la única mujer en bañador entre todos aquellos hombres y mujeres completamente desnudos. Habitualmente solía mostrar los pechos cuando estaba con mi marido pero aquello era diferente. Jorge jamás me había visto los senos desnudos y no sabía como podría responder. Finalmente perdí la cabeza y me decidí a desprenderme del bañador.

 

Jorge, ¿te molestaría si me quitase el bañador?. Me siento un poco extraña. Todo el mundo está desnudo. Tu también podrías quitarte el bañador. No sería la primera vez que te veo desnudo, le dije mientras reía con ganas.

 

Pues claro que no me molestará. Puedes hacer lo que quieras. No nos conoce nadie. Si no te da vergüenza que te vea desnuda…….

 

¿Y por qué iba a darme vergüenza que mi hijo me viera desnuda?

 

No sé mamá, si a ti no te incomoda a mi tampoco. Haz lo que quieras. Como te dije aquí no nos conoce nadie y podemos hacer lo que nos venga en gana.

 

Me puse en pie y agarré el cordón que sujetaba el bañador detrás del cuello y lo solté dejando al aire mis orgullosos pechos. Fui bajando la tela del bañador a través de mi cintura y mis piernas hasta desprenderme de él por completo. Observé con satisfacción como las miradas de más de un hombre e incluso de alguna jovencita se quedaban fijas en mi desnudo cuerpo admirando mis duras tetas apuntando hacia delante.

 

Madre mía, menudo cuerpo y que par de tetas que tienes…

 

Tras aquella exclamación, Jorge se disculpó de sus anteriores palabras. Se puso muy nervioso y no supo como salir de aquel atolladero. Traté de calmarlo buscando hacer el momento lo más natural posible.

 

Tranquilo hijo, es normal lo que te ha pasado. No debes preocuparte por ello. Es normal que al ver a tu madre desnuda hayas respondido del modo en que lo has hecho.

 

Perdona mamá no quiero que te enojes por lo que dije. Lo siento de verdad.

 

Pero Jorge, no seas tonto. En vez de hacerme enfadar te diré que tus palabras me hacen sentir halagada. Que un muchacho joven como tú me diga esas cosas me llena de satisfacción.

 

Mamá tienes los pechos más bonitos que jamás he visto. Eres la mujer más guapa de toda la playa.

 

Aquellas palabras de mi propio hijo me hicieron subir mi perdida autoestima. Hacía tiempo que no recibía las atenciones de mi esposo y la verdad es que necesitaba compañía masculina. Tal vez en aquella isla la consiguiera…….

 

Miré disimuladamente a través del rabillo del ojo y pude ver con regocijo el bulto que se apreciaba debajo del bañador de Jorge. Aquello hizo que por primera vez me fijara en él no como mi hijo sino como un hombre. Se había excitado viendo mis desnudas curvas. Aquel descubrimiento también me puso alerta y estimuló mis sentidos haciendo que me subiera un calor a través de mi entrepierna. ¿Y si mi tan ansiada necesidad de compañía masculina no se hallaba realmente tan lejos como imaginaba? Seguramente me consideréis una loca por albergar aquellos pensamientos impuros con mi hijo pero cuando el cuerpo te pide caricias y amor la razón queda en un segundo plano. Debía tratarlo con sumo cuidado para no echarlo todo a perder. Al fin y al cabo era un chico de 20 años y lo peor de todo es que era mi propio hijo.

 

Tras unos días en los que Jorge se habituó a observar mi desnudo cuerpo, una noche tras un turbulento sueño me desperté de madrugada y ví que mi hijo no se encontraba en su cama. La luz del baño estaba encendida y la puerta levemente abierta. Escuché pequeños gemidos y al momento imaginé lo que pasaba. Me levanté de la cama sin hacer ruido y me acerqué descalza hasta la puerta del baño. Me quedé con la boca abierta al ver a través de la rendija de la puerta como Jorge se masturbaba lentamente mientras mantenía los ojos fuertemente cerrados disfrutando de sus propias caricias. Mi mirada se quedó fija en el grueso y duro miembro que sujetaba mi hijo con su mano. Se trataba de un pene de cerca de veinte centímetros pues la mano de Jorge apenas podía abarcarlo por completo. Debo reconocer que me humedecí ante dicha imagen y tuve que llevar la mano hacia mi empapada entrepierna en busca de alivio. Mi hijo fue aumentando el ritmo de sus caricias hasta alcanzar una rapidez endiablada corriéndose al fin en la taza del baño lanzando espesos goterones de semen. Corrí hacia la cama para que Jorge no me encontrara espiándole y esperé hasta que salió del baño y se metió en su cama durmiéndose al poco rato. Al oir como dormía no pude menos que masturbarme imaginándome en brazos de mi hijo chupándole su magnífica y vigorosa polla y siendo follada por la misma de manera salvaje.

 

Tras aquella noche se instaló en mi mente el deseo de acostarme con Jorge. Aquel demonio no me dejaba vivir. Me encontraba excitada a cada momento. Los cuerpos desnudos de la playa hacían que me humedeciera a cada instante. Por las mañanas o después de volver de la playa me masturbaba como una loca en la ducha imaginándome acompañada por alguno de aquellos jóvenes y no tan jóvenes que exhibían sus desnudas entrepiernas.

 

Especialmente quedé prendada con un joven mulato de unos treinta años que poseía la verga más enorme que jamás había visto. Aquella mañana había ido sola a la playa pues Jorge se quedó en el hotel pues no se encontraba bien. Así pues llevaba una media hora tomando el sol cuando al abrir los ojos y levantarme ví a treinta metros de mí a una pareja besándose de forma sensual. Se trataba de un estupendo mulato con un cuerpo sin un gramo de grasa y de una jovencita de pelo corto y rubio platino que no tendría más de veinte años. La muchacha le ofreció a su acompañante su lengua juguetona mezclando ambas en un beso enloquecedor. Aquel mulato empezó a chuparle el cuello dándole fuertes chupetones con los cuales logró arrancar a su acompañante sonoros suspiros de placer. Por su parte ella no perdió el tiempo y alargó su mano hasta alcanzar la enorme entrepierna de aquel muchacho masturbándole con delicadeza. Observé como aquel espléndido espécimen fue aumentando de tamaño entre las manos de aquella jovencita adquiriendo unas dimensiones realmente descomunales. Aquello mediría al menos veintitrés centímetros y era enormemente gruesa. Aquel guapo muchacho se tumbó boca arriba sobre la arena ofreciendo su instrumento a su compañera la cual la acogió entre sus labios iniciando una mamada de película. Se la comía con lentitud recreándose en cada uno de los puntos de aquel grueso ariete. Subía con su hambrienta lengua y bajaba hasta llegar a sus cargados huevos. El mulato agarró el cabello de su amiga con las manos aproximándola con fuerza a su entrepierna obligándola a chupar con ganas.

 

Me levanté con dificultad y me aproximé a ellos preguntando a la muchacha si podía participar del festín. Ella extrajo de su boquita aquel desafiante pene y sonriéndome me lo entregó para que saciara mi voraz apetito. Lo engullí de un solo bocado llenándome toda la boca con lo cual me produjo unas fuertes arcadas así pues tuve que deshacerme de aquella polla empezando a lamerla con mayor frenesí y tranquilidad. Cada vez que expulsaba aquella soberbia verga del interior de mi insaciable boca allí se encontraba mi compañera para brindarme sus cálidos labios los cuales se unían a los míos besándonos con suavidad. Jamás había tenido tendencias lésbicas pero debo reconocer que recibí aquella invitación con gran placer. La primera vez que aquella morbosa chiquilla juntó su húmeda lengua a la mía no sentí ninguna repulsa sino que acepté de inmediato entregándome al goce con el que me obsequiaba aquella encantadora viciosilla.

 

Agarramos por turnos aquel fabuloso mástil que nos apuntaba orgulloso e iniciamos una succión del miembro perfectamente sincronizada. Cuando yo abandonaba aquella oscura banana la recibía mi amiga al instante chupando con decisión y ayudándose con su mano. Aquel enorme mulato gemía de placer con el tratamiento que le dispensábamos. El tratamiento fue creciendo en intensidad hasta lograr que el cuerpo del muchacho vibrara de emoción hasta estallar en una caudalosa explosión de semen con la que nos obsequió llenándonos la cara, la barbilla y los pechos.

 

Tras aquel tórrido encuentro volví al hotel al mediodía y me encontré a Jorge descansando tumbado en el sofá mientras veía la televisión. Comimos con rapidez y me metí al cuarto a echar la siesta. Necesitaba recuperarme de las anteriores sensaciones. Mi mente aún se mostraba inquieta recordando lo sucedido en compañía de aquella pareja. Me hubiera gustado haber follado con aquel varonil mulato. Haberme sentido plena con aquella robusta verga en el interior de mi vagina. Estaba segura que me hubiera destrozado por dentro. Debía sofocar el calor que invadía todo mi cuerpo.

 

Al levantarme de la siesta le dije a Jorge que se vistiera y me acompañara al pueblo a comprar algun que otro regalo que me habían pedido las amistades más cercanas. La verdad es que no quería comprar muchas cosas para no llevar demasiado peso en el viaje de vuelta. Estuvimos callejeando unas dos horas hasta acabar en un pequeño y escondido bar donde tomamos unas refrescantes cervezas. La verdad es que las necesitábamos pues hacía un calor asfixiante.

 

Volvimos a la habitación sin ganas de quitarnos la ropa por lo que nos pusimos a ver la tele uno al lado del otro. Yo llevaba el vestido de tirantes de color verde esmeralda que me había puesto aquella tarde. Era corto pues la tela me llegaba a medio muslo y un tanto escotado mostrando el inicio del canalillo de mis senos. Jorge llevaba un polo azul marino y unos tejanos desgastados. Mi hijo empezó a zapinear con el mando hasta parar en una película de intriga cuya trama parecía interesante. Ibamos comentando la película hasta que llegó a una escena bastante subida de tono con lo que ambos quedamos súbitamente callados. La escena de amor entre ambos actores era un tanto explícita con lo que me excité un poco con las imágenes que veía. Según observé a mi hijo le pasó lo mismo pues pude ver como se mostraba un tanto nervioso. La escena duró unos dos minutos pero fueron suficientes para que ambos nos agitáramos. Apoyé la cabeza en el hombro de Jorge y éste pasó su brazo por encima de mi hombro recogiéndome como si fuerámos dos enamorados. El silencio se cortaba con un cuchillo. Necesitaba compañía masculina, con lo de aquella tarde no había tenido bastante. La secuencia de aquellos dos actores retozando entre las sábanas hizo que mi vulva se empapara sin remedio. Apoyé mi mano en el muslo de Jorge el cual brincó del susto que se pegó.

 

Pero mamá ¿qué estás haciendo? ¿Es que te has vuelto loca?

 

Jorge cariño, te lo suplico, no me desprecies. Hace tiempo que tu padre no me hace caso y necesito desahogarme con alguien.

 

Coloqué mi mano nuevamente sobre el muslo de mi hijo y fui subiendo peligrosamente a lo largo del mismo para volver a bajar cuando ya estaba a punto de alcanzar mi objetivo. Le entregué mis labios para que los besara y al mismo tiempo aprovechó para llevar su mano a la parte baja del vestido tratando de subir la tela hacia arriba. Agradecí su caricia y abrí mis piernas facilitándole el acceso a mi ardiente entrepierna. Escuché la respiración entrecortada de Jorge el cual se situó entre mis piernas y con las manos apartó a un lado mis braguitas dejando aparecer mi mojada vulva.

 

Comételo mi niño, es todo tuyo. Dáme placer, necesito que me hagas correr.

 

Jorge empezó a rozar con la punta de la lengua mi inflamado botón arrancándome aullidos de satisfacción. Me entregaba a él sin pensar en nada más, en esos momentos no existía mi esposo, tan solo el placer que pudiera proporcionarme mi hijo. Lamió y chupó mi clítoris a un ritmo endiablado hasta lograr hacerme explotar en dos ocasiones entregándole mis jugos los cuales chupó sin descanso hasta dejarme el coño seco.

 

Ahora me toca a mí. Siéntate en el sofá y disfruta.

 

Le despojé de los molestos tejanos y cogí con fuerza su verga adorándola con la mirada. Iba a comerme la polla de mi hijo y quería darle el mayor placer posible. Descapullé la cabeza tirando la piel hacia abajo y su bálano apareció altivo y arrogante en busca de las caricias que en breve recibiría. Me lancé a por él como si estuviera poseída y lo tragué hasta el fondo golpeando mis labios con sus huevos. Lo extraje con lentitud y lo chupé y chupé con plena dedicación buscando hacer aquel momento algo único.

 

Así madre así, no te pares. Dios es fantástico, que bien lo haces.

 

Mamé la polla de mi hijo hasta conseguir que mostrara un aspecto amenazante. Jorge gimoteaba totalmente entregado a mí. En aquellos momentos no era dueño de su cuerpo sino que éste me pertenecía por completo. Pensaba follarlo y que me follara hasta que ambos dijéramos basta.

 

Me puse boca arriba con las piernas bien abiertas animándole a penetrarme. Jorge no se hizo de rogar y se tumbó sobre mí en posición del misionero entregándome su músculo hasta el fondo. Emití un leve gemido al recibir su ardiente masculinidad. Crucé ambas piernas por detrás de sus nalgas ayudándole en la penetración. Clavé mis uñas en sus hombros al tiempo que jadeaba de emoción gozando del pene de mi querido hijo. Por fin se había hecho realidad mi deseo tan escondido. Quedamos unos breves instantes quietos gozando de la cópula y empezamos a movernos acompasadamente follando con lentitud. Jorge introducía la totalidad de su miembro hasta el fondo para volver a sacarlo por completo y volver nuevamente a hundirse en mi interior. Me follaba con tranquilidad, sin prisas. Le apreté con energía de las nalgas para que me llegase hasta el final.

 

Fóllame cariño, así Jorge así. Sigue follándome de este modo. Me encanta.

 

¿De verdad te gusta madre? Quiero hacerte feliz y que goces al máximo. Tu también me haces muy feliz.

 

Le apreté con fuerza contra mí ayudándole en los movimientos que ejercía sobre mí. Jorge entraba y salía de mi interior provocándome un placer tremendo. Le hice salir de mi vagina y nos levantamos buscando un mejor acomodo. Jorge me apoyó tumbada en la amplia mesa del dormitorio bien abierta de piernas esperando sus acometidas. Mi hijo escupió sobre mi estrecho agujero posterior arrancándome leves gemidos de placer.

 

Jorge mi niño, ¿quieres follarme el culito? Abrémelo bien, deseo tenerte dentro de mí.

 

Se colocó entre mis apretadas nalgas buscando su tan ansiado postre. Tuvo que ponerse de puntillas para hacer coincidir su enorme monstruo con mi lubricado agujero anal. Presionó con suavidad tratando de abrirse camino logrando que mi oscuro conducto se fuera dilatando acogiendo centímetro a centímetro aquel grueso ariete hasta introducir su enorme cabezota. Lancé un fuerte aullido al notar la entrada de aquel joven y vigoroso instrumento. Quedamos quietos unos instantes gozando de la unión de nuestros respectivos cuerpos. Jorge empezó a cabalgar sobre mí adquiriendo a cada momento mayor facilidad en su follada. Le ayudé en sus embestidas lanzando mis ardientes posaderas hacia atrás hasta sentir el golpeteo de sus huevos contra mí.

 

Así, así, muy bien. Sigue así, cariño. Lo haces muy bien. Sigue follándome así. Dios, que bueno es esto. Me encanta tu polla. Me duele pero es fantástico.

 

Muevete tu también madre. A mi también me gusta follarte. Es el mejor culo que he visto nunca. Me siento apretado por tu estrecho agujero, que bueno, síííííí.

 

Empezamos a movernos cada vez más deprisa hasta alcanzar un ritmo endiablado. Mi hijo me agarró del cabello lanzándome hacia atrás hasta apoyar su sudoroso pecho en mi espalda. Noté su esforzada respiración sobre mi oído. Jorge respiraba con evidente dificultad mientras me follaba sin tomarse un momento de descanso. Yo me quejaba con los empellones que me propinaba. Se metía dentro de mí hasta llegar al fondo golpeando mis nalgas con sus colgantes. Mientras me follaba el culo sin parar Jorge aprovechó para dirigir su mano hacia mi encharcado coñito. Me masturbó con fuerza haciéndome correr en dos ocasiones. Por su parte mi hijo seguía martilleándome a ratos con rapidez y otras veces más despacio tomándose algún que otro descanso.

 

Jorge, córrete de una buena vez, no aguanto más. Lléname el culo con tu caliente y espesa leche. Dios me corro otra vez.

 

Sí voy a llenarte de leche tu estrecho agujerito. Tienes un culo encantador que me vuelve loco.

 

Empezó a follarme a gran velocidad al tiempo que agarró con una de sus manos uno de mis senos masajeándolo con firmeza. Me eché hacia atrás con dificultad apoyando mi espalda en su pecho ofreciéndole mi cuello para que lo lamiera a su antojo. Volví a caer desmayada sobre la mesa apoyándome con fuerza sobre mis manos. Mi querido hijo embestía contra mí cada vez más rápido hasta alcanzar un ritmo frenético que acabó en el tan deseado orgasmo de ambos.

 

Córrete sí, córrete en mi culito. Llénamelo de leche. Me llenas por completo, es fantástico, sííííí.

 

Jorge quedó derrengado sobre mi sudorosa espalda respirando con evidente dificultad tras aquel combate que habíamos mantenido. Volvió a hacerse con mi cuello y mis orejas arrancándome escalofríos de placer. Aquella fue la única ocasión que estuve en brazos de mi joven hijo pues al poco tiempo encontró una muchacha con la que empezó a salir. Sin embargo aún recuerdo aquel tortuoso encuentro con agrado y satisfacción y debo reconocer que me gustaría repetirlo…….

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