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Incesto con mi padre y mi hermano

Había sido un polvo tremendo. Estaba completamente llena de él, sentía mi culo completamente abierto, lleno de su caliente y espesa leche. Respiré con dificultad tratando de recuperarme de tan tremenda follada. Mi querido hermanito me había follado incluso mejor que papá.

Había sido un polvo tremendo. Estaba completamente llena de él, sentía mi culo completamente abierto, lleno de su caliente y espesa leche. Respiré con dificultad tratando de recuperarme de tan tremenda follada. Mi querido hermanito me había follado incluso mejor que papá.

Si no me falla la memoria empezaré el relato diciendo que habían pasado tres semanas desde que mi padre se acostó conmigo por primera vez. Debo decir que fue una experiencia única e increíble y que recordaré durante toda mi vida como una de las más excitantes. Pese a haber repetido en otras ocasiones siempre recordaré aquella primera vez, siempre se dice que la primera vez es la mejor. Aquella primera vez perdí mi inocencia, no es que fuera una mojigata o algo así pues ya sabía lo que era el sexo y el placer que los muchachos le pueden dar a una.

Aquel sábado por la mañana estaba bañándome en la piscina como otro sábado cualquiera. Nada más levantarme me dirigí directamente a la piscina sin desayunar siquiera. Mi madre se había ido el día anterior a casa de la abuela pues la había llamado un poco preocupada pues no se encontraba muy bien. Al parecer algo de la comida le había sentado mal y como mi abuela es una gran hipocondríaca llamó rápidamente a mi madre para que fuera a verla. Sólo mi madre se preocupa por estos accesos de la abuela pues el resto como la conocemos sobradamente no le hacemos mucho caso pues siempre se está quejando de una cosa y de otra.

Siguiendo con la historia diré que mi hermano Gustavo tampoco estaba en casa pues siempre se va a primera hora de la mañana a entrenar con sus compañeros del equipo de fútbol. Así pues me encontraba sola en casa o eso creía….

Tal como os dije me había metido a la piscina tratando de refrescarme el cuerpo. Me había puesto un bikini blanco que remarcaba mis formas y que me había comprado la semana anterior en unos grandes almacenes de la ciudad. Hacía calor aquella mañana y tras remojarme un rato salí de la piscina tumbándome en el césped bajo uno de los árboles del jardín.

Media hora más tarde me desperté sobresaltada por la sombra que se puso sobre mí. Imaginaba encontrarme sola y aquella presencia inesperada me asustó. Pasados los primeros segundos pude comprobar que era papá quien se encontraba junto a mí. ¡qué tonta soy! –pensé mientras me relajaba del susto anterior.

Inma, ¿llevas mucho rato aquí? –me preguntó papá.

No mucho. No llevaré más de media hora. Me bañé un rato y me tumbé aquí a descansar aunque por lo visto me quedé dormida.

Ja, ja. Anoche oí que llegaste tarde a casa. ¿Saliste con tus amigas? ¿Conociste algún chico?

Papá por favor, no seas malo –contesté enrojeciendo como una colegiala.

Siempre había tenido una gran confianza con papá, más incluso que con mamá. No sé la razón pero me sentía más cercana a él que a mi madre. Papá siempre me ha parecido un hombre muy atractivo pese a haber alcanzado los cincuenta años. Tiene el cabello algo moreno con ligeros toques canosos que le hacen muy interesante para las mujeres. Yo sabía que se tiraba a la mejor amiga de mamá pues una noche les pillé en plena faena en uno de los rincones más escondidos del jardín.

Serían las dos de la madrugada y era una calurosa noche de verano. No podía dormir pues las finas sábanas se pegaban a mi cuerpo debido a la humedad reinante. Así pues me puse una camiseta y un pantalón corto y decidí salir al jardín a fumarme un cigarrillo. Todo parecía en calma, era una noche estrellada de principios de agosto y nada más salir encendí el mechero lanzando al aire las primeras bocanadas. Fui paseando internándome cada vez más en el jardín mezclándome entre los árboles.

No tardé en escuchar unas risas y unos pequeños gemidos. Pensé quién podría ser y, pese al miedo que me invadió, el interés fue mayor haciéndome acercarme para tratar de saber lo que allí ocurría. Era una zona que prácticamente no visitábamos por el amplio follaje y el aspecto salvaje que presentaba. Paso a paso fui escuchando mejor descubriendo la voz nerviosa de una mujer y la de mi padre que trataba de hacerla callar. Me refugié entre unas ramas y pude contemplar la última imagen que podía imaginar.

Allí se encontraban la zorra de Lucía con mi padre besándose como si fuera lo último que hicieran en sus vidas. Yo sabía que mi padre le gustaba a Lucía pero no imaginaba que fueran amantes. Lucía ayudó a mi padre a quitarse la camisa mientras le acariciaba la entrepierna por encima del tejano.

Vamos, quítate el tejano y dejame ver lo que guardas entre las piernas.

¿Acaso no lo sabes putita? –respondió mi padre con la voz entrecortada.

Pues claro que lo sé. Hace tiempo que me como lo que la tonta de tu mujer no se come –dijo Lucía mientras le desabrochaba el botón con rapidez para de inmediato bajarle la cremallera dejando caer el tejano al suelo.

No pude evitar seguir mirando hacia la abultada entrepierna de mi padre deseando ver aparecer lo que Lucía tanto deseaba acariciar. Puedo jurar que lo deseaba tanto como ella. Lucía se arrodilló entre la maleza y sin esperar un segundo más agarró el slip de ambos lados bajándolo hasta las rodillas de mi padre. Lo que vi aparecer me dejó completamente anonadada. Un miembro enorme, grueso y poderoso en el cual se marcaban las venas. Aquella especie de trofeo brillaba bajo las estrellas mostrándose desafiante ante los ojos de la mujer que en breve lo acariciaría.

¡Madre de Dios! Pero, ¿qué tienes aquí? Cada vez que la veo me gusta más. ¡Es realmente enorme!

Lucía cariño deja ya de hablar y comienza a chupármela. Estoy muy cachondo y tengo ganas de correrme en tu boca.

La zorra de Lucía no se lo hizo repetir dos veces y empezó a lamerle lentamente la verga subiendo y bajando por todo el tronco con su húmeda lengua. Escuché a mi padre gemir mientras se agarraba a la melena de aquella mujer. Parecía hacerlo bien pues los suspiros masculinos se fueron intensificando cada vez más y más. Lucía fue chupando la polla de mi padre cada vez más deprisa hasta que noté cómo le temblaban las piernas como si parecieran no querer sostenerle. De pronto se quedó parado apretándole la cabeza contra él empezando a correrse de manera brutal. Su amante de aquella noche logró desembarazarse de él y pude ver como mi padre se corría sobre ella lanzándole varias sacudidas de esperma las cuales fueron a parar sobre su sudoroso y excitado rostro. Lucía le miraba con una cara de vicio impresionante mientras se relamía los labios con la lengua. Esparció la leche por su cara y su barbilla llevándola hacia su boca para saborearla con gran placer. ¡Dios mío, menuda mamada le había pegado aquella tía a mi padre! No pude continuar contemplando aquella escena por más tiempo y me fui corriendo hacia casa encerrándome en el baño para masturbarme mientras imaginaba que era yo quien le comía la polla a mi padre.

Desde aquella noche la imagen de aquel instrumento se convirtió para mí en una obsesión. Me masturbaba frecuentemente pensando en mi padre. Hasta que aquella mañana ocurrió lo que inevitablemente tenía que ocurrir……

Tal como dije me encontraba tumbada en la toalla cuando mi padre se acercó despertándome de manera súbita. Pude observar como mi padre me miraba de modo diferente. Me puse un tanto nerviosa pues no estaba acostumbrada a que papá me mirase de ese modo tan fijo e interesado.

Inma cariño, ¡cómo has cambiado en este último año! ¡estás hecha toda una mujer!

Papá por favor, no me digas esas cosas o me harás sonrojar.

Te lo digo porque es la pura verdad. No tardarás en tener algún pretendiente. Estoy seguro que algún chico ya irá detrás de ti.

Papá por favor, no sigas. Me pones nerviosa.

Nerviosa dices. ¿por qué te pones nerviosa conmigo? Soy tu padre.

Cierto, era mi padre pero en esos momentos no hacía más que recordar la noche en que le vi junto a Lucía, la noche en que vi como Lucía se comía aquella tremenda polla hasta hacerle reventar en su cara y en su boca. Aquellos recuerdos retumbaban en mi cabeza calentándome ante la presencia cercana de papá junto a mí. Él lo notó y se acercó más a mí.

Inma hija, ¿qué te pasa? Estás temblando…..

Fijé mis ojos en su desnudo torso sobre el que brillaban gotas de sudor. Estaba loca pero no pensaba en otra cosa que no fuera estar con él. Papá sonreía de un modo perverso. Alargó una mano hacia mi vientre empezando a acariciármelo haciendo círculos con sus dedos. Gemí al notar aquella ligera caricia sobre mi cuerpo.

Hija, estás hecha ya toda una mujer. Cualquier hombre desearía acostarse contigo.

¿Incluso tú? –le provoqué pasándome la lengua por los labios mientras removía mis caderas. Papá ya sé que las cosas con mamá no marchan bien desde hace tiempo. Sé que te acuestas con otras mujeres….

Sé quedó parado unos segundos hasta que recobrándose del impacto que imagino que le debieron suponer mis palabras acabó diciéndome:

¿Y cómo sabes que me acuesto con otras mujeres? ¿Acaso me has visto?

Una noche al fondo del jardín te vi con Lucía. ¿Cómo puedes acostarte con la mejor amiga de mamá? –pregunté con voz entrecortada empezando a llorar de forma desconsolada.

Me abracé a él llorando sin parar pese a sus intentos por tranquilizarme. Sin embargo aquella cercanía volvió a traer a mi cabeza los peores pensamientos sobre él. Recordé su inmensa herramienta entre la oscuridad de aquella noche. Me agarré con fuerza a su brazo apretándolo contra mí. Papá me acariciaba el pelo entre sus dedos tratando de tranquilizarme con dulces palabras.

Levanté mi cabeza mirándole mientras con su mano me secaba mis llorosos ojos. Pude ver como se agachaba sobre mí y no pude más que cerrar mis ojos y ofrecerle mis labios. Me estremecí al notar como unía sus labios a los míos tratando de abrirlos para que entrara su lengua en mi boquita. ¿Estaba loca o qué me estaba pasando? ¡Era mi padre!

Alargué mi mano buscando su entrepierna y al fin encontré lo que tanto deseaba. No me defraudó en absoluto tal como sabía. Su instrumento abultaba por debajo del pantalón de forma escandalosa. Papá me acarició los pechos por encima de la tela del bikini haciéndome gemir de emoción. Desató el cordón por detrás de mi nuca y de ese modo mis redondos senos quedaron ante su vista. Abrió sus labios y empezó a comérselos hasta hacerlos endurecer gracias al contacto con sus labios y su lengua.

Lancé un fuerte suspiro al alcanzar su polla la cual estuve mirando durante unos largos segundos como si estuviera adorándola. Papá se colocó en posición inversa a la mía formando un estupendo 69. Así ambos estuvimos entretenidos un buen rato lamiendo y chupándonos nuestros respectivos sexos hasta que ambos reventamos en un tremendo orgasmo. Pude degustar por vez primera el cálido y espeso semen de mi querido papá. Ummmm ¡Estaba tan rico!

Descansamos unos minutos hasta que acariciándole su fláccida polla con mis dedos logré finalmente que volviera a presentar el orgulloso aspecto anterior. Me alegré al descubrir que papá se recuperaba pronto. Eso haría que lo disfrutara más. Nos metimos a la piscina y me llevó contra la pared mientras nos besábamos de forma apasionada. Me apretó contra la pared haciéndome sentir su dura herramienta presionando sobre mi empapada vagina. Estaba chorreando de gusto deseando que aquel terrible miembro me follara sin descanso.

Anda hija, vuelve a chupármela. Lo estoy deseando y sé que tú también…..

Oh papá, estoy deseando que me folles sin parar. Que me hagas tuya una y otra vez.

Accedí gustosa a su deseo y metiendo la mano por debajo del agua busqué su erecto miembro el cual empecé a masturbar con gran placer.

Papá, papá, querido papá. Qué ganas tenía de esto, de tener tu polla entre mis manos. Desde que te vi con Lucía no he pensado en otra cosa.

Pues ya la tienes hija mía, es toda tuya. Haz con ella lo que quieras.

Cambiamos de posición y le hice apoyar en la pared para tenerle a mi disposición. Me sumergí en el agua y agarrando con mi mano su excitado sexo empecé a chupárselo nuevamente. Salía del agua y volvía a sumergirme chupándosela una y otra vez hasta que papá me obligó a salir de la piscina llevándome hasta la tumbona donde se puso boca arriba obligándome a sentarme sobre él.

Hija mía, siéntate encima y empieza a cabalgarme. Me encanta que me folles como una amazona.

Papá eres un bribonzuelo pero debo reconocer que no podías haber tenido mejor idea.

De ese modo sujeté su dura herramienta y apoyándola sobre mi empapada entrada fui dejándome caer hasta que fui notando cómo iba entrando en mí desgarrándome a cada centímetro que iba entrando. Primero introdujo la redonda cabeza y luego el resto entró con mayor facilidad hasta que noté golpear sus cargados testículos contra mis nalgas.

¡Dios mío papá! Me matas, me llena entera…..es enorme –sólo pude pronunciar mientras trataba de acomodarme al tamaño de semejante torpedo.

Lancé un fuerte gemido chillando como una loca al tiempo que perdía el mundo de vista ante lo que tenía entre mis piernas. Tenía la mirada perdida, por unos segundos no sabía donde me encontraba……los ojos totalmente en blanco. Poco a poco empecé a recuperarme comenzando a cabalgar sobre aquel ardiente eje que tanto gusto me daba. Apoyé mis manos sobre su pecho al tiempo que papá se hizo con mis pechos sobándolos y magreándolos con sus manos. El ritmo se fue haciendo cada vez más rápido, alcancé dos maravillosos orgasmos que me llevaron a conocer el paraíso. Al fin y tras muchos esfuerzos conseguí que papá eyaculara en mi interior llenándome mis entrañas con su tan deseado esperma. Varias veces golpeó su semen sobre las paredes de mi irritada vagina la cual acogió aquella invasión con una nueva corrida.

Desde aquel día papá y yo nos convertimos en amantes. No había día en que no aprovecháramos la inocencia de mamá para follar en el jardín. Papá siempre me llevaba al mismo lugar donde le había descubierto con Lucía. Decía que era un lugar seguro al que nadie se acercaba nunca. Follábamos a menudo, me había convertido en una ninfómana. En muchas ocasiones era yo quien le buscaba, me había aficionado demasiado a él…..

Podría decir que no follábamos todas las veces que yo quería pero puedo asegurar que lo hacíamos siempre que a papá le apetecía. No quiero decir con esto que me importe lo más mínimo no ser quién lleve las riendas de nuestra relación incestuosa, más bien al contrario me encanta mostrarme pasiva, que me trate como una zorra, que me sodomice siempre que le venga en gana…

Siempre estoy dispuesta a que haga conmigo lo que desee, disfrutar de su gruesa manguera por cualquiera de mis estrechos agujeritos. Nuestra relación se ha convertido en un ritual. Empiezo comiéndome su polla para posteriormente dejarme excitar con sus manos y su lengua y una vez bien cachonda dejarle ingresar en mi mojado coño o en mi oscuro ano el cual sé que es el agujero que más le atrae de mi juvenil cuerpo. Me ha hecho una auténtica viciosa del sexo anal de tal modo que se lo entrego a la menor oportunidad que se nos presenta.

El pobre papá no aguanta semejante ritmo pues debe satisfacernos a mamá, a mí y, en más de una ocasión, a nuestra amiga Lucía a la cual ya no le guardo tanto rencor pues con semejante hombre no es extraño que cayera en sus redes.

Lo hacíamos en su habitación cuando mamá no estaba, en la mía, pero el lugar que más nos gustaba era la piscina. Yo solía bajar a darme un chapuzón a última hora de la tarde cuando ya los rayos del sol no apretaban tanto. El mejor momento era después de cenar, mamá se iba pronto a la cama pues sufría frecuentemente de jaquecas que le producían horribles dolores de cabeza.

En esos momentos no solía haber nadie en casa, cosa que mi padre sabía por lo que aprovechaba para salir pronto del trabajo viniendo raudo y veloz junto a mí. Como quien no quiere la cosa y del modo más natural posible se despojaba del bañador y se bañaba junto a mí completamente desnudo.

Como dije era un ritual que se repetía una y otra vez: yo me hacía la desinteresada cosa que a él le ponía frenético. Ambos sabíamos que era un juego, un juego morboso. Trataba de no mostrar la más mínima emoción al verle entrar en la piscina, al salir con aquel cuerpo mojado para volver a tirarse nuevamente al agua. No podía evitar ver aquel brazo que colgaba entre sus piernas completamente orgulloso y desafiante.

Papá me agarraba entre sus brazos llevándome al borde de la piscina donde se sentaba para ofrecerme con gran descaro su furiosa herramienta. Yo, por mi parte, no me negaba a sus deseos sujetándosela con mis manos mientras abría al máximo mi pequeña boquita para empezar a chupar al ritmo que él me imponía.

En ocasiones se corría sobre mí dejándome perdida de leche, otras veces nos dirigíamos a la tumbona o bien nos ibamos al fondo del jardín donde me sodomizaba como un animal hasta dejarme mi estrecho culito repleto de semen y bien destrozado. ¡Oh, jamás podré olvidar aquellas memorables sesiones de sexo y depravación!

No creo que me hubiera enamorado de papá ni él de mí, tan solo era sexo lo que hacíamos, disfrutar de nuestros cuerpos hasta reventar de placer con aquellos brutales orgasmos que dejaban nuestros cuerpos totalmente relajados.

Sin embargo no todo dura eternamente así que, en uno de nuestros polvos diarios, ocurrió lo que un día u otro debía pasar. Ambos teníamos gran cuidado en que ni mamá ni Gustavo sospecharan nada de nuestros escarceos. Pero un día tuvimos un error imperdonable y fuimos descubiertos por Gustavo.

Debo decir que no me hubiera molestado verle unirse a nosotros pero lamentablemente no fue así. Gustavo nos sorprendió desde la habitación del baño mientras se duchaba tras venir de entrenar. Escuchó gemidos y ayes fuera de la casa y desde el salón se asomó viéndonos entre las tinieblas de la noche. Aguzando la vista y el oído pudo ver como mi padre me tenía cogida de las caderas desde atrás. Mientras yo estaba arrodillada en la tumbona papá no paraba de entrar y salir de mi interior. Los gemidos que lanzábamos eran inconfundibles y demostraban el placer que sentíamos.

Apenas dos días después de que nos viese empecé a notar a Gustavo un poco raro conmigo, como si me evitara. Papá me dijo que estaría preocupado por el fútbol y que seguramente era eso lo que le pasaba. Yo estaba segura que no era eso aunque no sospechaba qué podría pasarle. Gustavo se mostraba callado y reservado durante la comida y la cena y cuando le hablábamos contestaba de malos modos sin motivo aparente.

Mis padres me dijeron que le dejara unos días tranquilo, que ya nos contaría lo que le pasaba. Estaba realmente preocupada por él pues nunca se comportaba de ese modo tan huraño. Gustavo era un chico encantador así que algo gordo le habría pasado para que nos evitara a cada momento. Verdaderamente es un chico increíble. Posee la misma belleza varonil de mi padre, tal como dije mi padre posee un gran atractivo para las mujeres pese a su edad. Sin embargo, en Gustavo este atractivo queda acentuado gracias a la juventud de sus 19 años.

Tiene un cuerpo fibrado y sin un gramo de grasa gracias al continuo ejercicio que realiza. Aparte del fútbol siempre que puede se mete al gimnasio a machacarse el cuerpo. Cuando no está en el gimnasio aprovecha para ir a la piscina. Es un loco del deporte así que podéis imaginar que todas las chicas fuesen detrás de él.

Aquella noche mientras cenábamos con mis padres noté como Gustavo me miraba de manera extraña. Cuando trataba de cruzar la mirada con la suya Gustavo arrugaba el entrecejo y seguía comiendo sin levantar la vista del plato. Era evidente que la culpable de la extraña actitud de mi hermano era yo así que era necesario hablar con él para aclarar lo que ocurría. No podíamos seguir de ese modo eternamente.

Una vez acabamos de cenar Gustavo dejó su plato en la mesa despidiéndose de todos pues dijo que no le apetecía ver la tele; según dijo estaría un rato escuchando música antes de irse a dormir. Se despidió de mis padres con un beso mientras que de mí se despidió de manera fría y extraña sin apenas dirigirme la palabra. Mamá, con cara preocupada, dijo que hablaría con él pues aquello no podía seguir de aquel modo. Adelantándome a ella le dije que no se preocupara que eran cosas normales en nosotros y que ya me encargaba yo de hablar con mi hermano.

Estuve viendo con mis padres media hora la tele hasta que aprovechando los anuncios dije que me iba a dormir subiendo las escaleras camino del segundo piso. Me estuve aseando un rato y una vez acabé me dirigí al cuarto de Gustavo. Había que afrontar los problemas lo antes posible….

Golpeé la puerta con los nudillos sin recibir respuesta. Empezábamos mal –pensé. Al otro lado de la puerta se escuchaba el equipo de música con el volumen no excesivamente alto. Volví a golpear la puerta hasta que oí como mi hermano dijo:

¿Quién es? –con voz un tanto molesta.

Abrí la puerta entrando en su habitación. Gustavo estaba sin camiseta y con los pantalones tejanos estirado en la cama mirando hacia el techo y con los ojos cerrados escuchando uno de sus discos favoritos. Siempre le había gustado aquella música techno de los ochenta la cual jamás había sido de mi agrado.

Gustavo, ¿puedes contarme qué te ocurre? Llevas días evitándome y quiero saber cuál es la razón.

Sólo estoy cansado, ¿además a ti qué te importa lo que me pase?

Pues claro que me importa. Somos hermanos, ¿recuerdas?

Olvídame por favor –dijo volviéndome la espalda mirando hacia la pared.

Gustavo no seas tonto y mírame. Tienes a mamá y a papá muy preocupados porque hace días que pareces un extraño. Si estás enfadado conmigo dímelo pero no lo pagues también con ellos.

¿De veras está papá preocupado? Bueno, tampoco es muy importante. Ya sabrás tú como consolarle pues es algo que haces muy bien.

¿Puedes decirme a qué te refieres con eso?

No te hagas la tonta. Sabes muy bien a lo que me refiero –contestó mirándome con mirada de odio contenido.

Me quedé petrificada unos segundos sin saber que decir, un sentimiento de vergüenza recorrió todo mi cuerpo dejándome pegada al suelo sin saber qué contestar. ¿Cómo había podido enterarse de lo mío con papá? ¿qué error habíamos cometido cuando siempre vigilábamos al máximo?

Inma querida, ¿piensas que soy tonto? Hace unos días te vi con papá y la verdad es que la escena no fue nada edificante. Ver a mi padre con mi propia hermana follando como animales en celo. ¡Dios, qué asco sentí!

Me puse roja como la grana, sin saber qué hacer ni qué decir. Gustavo nos había pillado a papá y a mí disfrutando de nuestros cuerpos. No supe dónde meterme, la vergüenza aumentó en mí.

Hermanita eres una auténtica puta. ¿qué crees que diría mamá si lo supiera?

No le digas nada a mamá. La pobre se moriría del disgusto –dije balbuceando.

Vaya, vaya….así que mi querida hermanita se ha convertido en una verdadera zorra, una zorra que no se detiene ante nadie ni ante nada. ¿Sabes que lo que has hecho se llama incesto? ¿no tenías hombres para acostarte que tuviste que hacerlo con papá? Qué tonto he sido todo este tiempo para no darme cuenta de la puta que tenía a mi lado….

No respondí a sus palabras, no tenía razones para ello. Con mi silencio asentí a sus palabras. Gustavo me tenía en sus manos y sabía que haría conmigo lo que quisiera. Se levantó de un salto sin parar de lanzarme improperios para así calmar todo el odio acumulado.

Inma bonita, no te hagas la recatada ahora. Sé que te vuelves loca con una buena polla y si te portas bien además de la de papá podrás disfrutar de la mía cuando lo desees. ¿podré compartirte con papá, verdad? –me dijo apretándose contra mí de manera soez.

Déjame Gustavo, por favor déjame –le supliqué tratando de desembarazarme de él.

Eres una auténtica puta, hermanita. Fue morboso ver como papá te follaba por todos tus agujeros. La verdad es que después me masturbé imaginando que era yo quien te follaba sin parar. Hace varios días que estoy deseando tenerte entre mis brazos y darte todo lo que te mereces. Este es el mejor regalo que podía imaginar, tenerte en mi cuarto solos los dos.

Me fui empequeñeciendo mientras Gustavo se me hacía a cada paso más y más grande como si ocupara toda la habitación. Me fue llevando hasta su cama hasta que choqué con ella cayendo boca arriba sobre ella totalmente entregada a lo que mi hermanito quisiera hacerme. Por unos momentos pensé que iba a violarme y aquel pensamiento hizo que no supiera como iba a responder ante el ataque de Gustavo. No sabía si me entregaría con total complacencia a los deseos de mi enfadado hermano, tenía miedo de que me gustara lo que me hiciera.

Adopté con él la misma actitud que tomaba en mis encuentros amorosos con papá. Estaba segura que también le gustaría que le pusiera dificultades ante sus acometidas, no creía que le gustara que adoptara una actitud sumisa y entregada. Así que empecé a golpearle, a revolverme en la cama mientras él se montaba sobre mí intentando aplacar mis golpes. En aquellos momentos saltaban chispas de mis ojos luchando pese a su mayor fuerza.

¿Y a ti qué más te da si papá me folla? ¿Acaso estás celoso, maldito cabrón? Pues he de decirte que lo hace fenomenal.

Ya vi como disfrutabas cada vez que te la clavaba por el coño o por el culito, puta que no eres más que una puta. Pero eso va a cambiar, te lo aseguro. Pienso gozar de ese bonito cuerpo que tienes, te follaré siempre que lo desee, te daré por todos tus agujeritos hasta que revientes de dolor y placer.

Te veo muy seguro de ti mismo, cabronazo. Supongo que eso será si te dejo.

Gustavo no me dejó seguir hablando pues me cogió con fuerza del brazo mientras se agachaba hacia mí para pegar sus labios a los míos besándome de manera salvaje. Pataleé durante unos segundos intentando que me soltara hasta que acabé entregada a él devolviéndole aquel húmedo beso.

Inma, sabía que acabarías entre mis brazos. Eres una puta de mucho cuidado.

Oh, cállate maldito cabrón y sigue besándome. ¡Vamos bésame hermanito!

Gustavo se hizo con mis labios aún con mayor ímpetu, entrelazamos nuestros labios humedeciéndolos con nuestras salivas. Abrí mis labios dejando que introdujera su ardiente lengua la cual se mezcló con la mía retorciéndose como si fuesen dos serpientes entablando un combate feroz. Mordí con fuerza sus labios notando como brotaba de ellos su cálida sangre la cual absorbí con gran placer. Ahogué el gemido que estaba a punto de salir por mi boca mientras mi cuerpo temblaba de emoción. Eran demasiadas emociones en muy poco tiempo. Primero fui follada por papá el cual me enseñó todas las depravaciones posibles y ahora me encontraba en brazos de mi hermano totalmente dispuesta a entregarme a él.

Podía sentir la respiración entrecortada de Gustavo junto a mi oído, respirando afanosamente. Ambos notábamos como el deseo iba creciendo sin descanso en nuestros cuerpos. Mis dedos se internaron entre sus cabellos atrayéndolo hacia mí. Deseaba que mi hermano me hiciera suya, ya no había marcha atrás. Me iba a convertir en la puta de mi padre y de mi hermano pero ya no me importaba, sólo quería gozar de ambos todo el tiempo que pudiera.

Sin pensarlo dos veces empujé a Gustavo con fuerza con lo que le hice poner boca arriba cayendo encima de la cama. En aquellos momentos me sentía poderosa y dispuesta a hacer lo que fuera en compañía de mi querido hermanito.

Eres una zorrita, ahora sí reconozco en ti la cara de vicio que vi el otro día cuando papá te follaba por detrás como un animal.

¿Y tú pretendes conseguir lo mismo? Mira el hombrecito tratando de agenciarse a su hermanita –le dije mirándole directamente a los ojos intentando provocarle. Debo reconocer que me tienes cachonda así que ya va siendo hora que me hagas gozar. ¿No lo crees así? –comenté con voz apenas perceptible mientras le guiñaba un ojo.

Me tumbé junto a él lanzándome a por su polla, enredándome entre la tela del tejano que cubría el músculo incestuoso. No me demoré en mis deseos y al momento comencé a acariciarle por encima de la tela del calzoncillo sonriendo al ver como aquel joven miembro respondía al tratamiento que le propinaba. El bulto sufrió una metamorfosis espectacular haciendo que el calzoncillo no pareciese capaz de mantenerlo en calma. Le masturbé entre mis dedos disfrutando del nerviosismo que lograba provocar en dicho animal enjaulado. Con cara de satisfacción escuché a Gustavo lanzar un fuerte jadeo con el que demostraba el creciente placer que sentía.

No seas putita y cómetela de una buena vez –me animó con los ojos entrecerrados al tiempo que agarraba mi cabeza aproximándola a su entrepierna.

¿Eso quieres? Vaya, vaya con el machote. Al final debes admitir que estás deseando que te la chupe.

Calla ya y empieza a chupármela. Quiero ver lo bien que lo haces…..

Seguí disfrutando mientras sentía el sufrimiento que le hacía sentir. No tenía prisa en hacerlo mío, me entretenía viendo como gemía y gemía sin cesar. Gustavo trató de bajarse los pantalones pero no le dejé hacerlo, quería retrasar al máximo el momento en que aquel exquisito miembro estuviese entre mis manos.

Tras unos interminables minutos me decidí a despojarle de los calzoncillos descubriendo una tremenda herramienta. Era mucho mayor que las de los chicos con los que había estado, evidentemente Gustavo había salido a papá en lo que a atributos masculinos se refería. Lancé un grito admirativo ante semejante espécimen:

¡Madre de Dios, menuda polla tienes hermanito! Y va a ser toda para mí.

¿Crees que podrás con ella? –me preguntó muy seguro de sí mismo como si pretendiera acobardarme.

Ponme a prueba y verás –respondí desafiándole con cara de gatita perversa.

Aproximé mis labios respirando el aroma que emanaba de aquel miembro fraternal que tanto me enloquecía. Inicié un malicioso juego golpeando con mi lengua sobre su rosada cabezota en la que se descubrían los primeros líquidos seminales, muestra inequívoca de las sensaciones que lograba producir en Gustavo.

Vamos hermanita, cómemela de una buena vez. Dame placer, no me hagas esperar más.

Me lancé a por aquel regalo que me ofrecía lamiéndolo golosamente desde la cabeza hasta la base para subir nuevamente hasta arriba hasta que, abriendo la boca, me introduje aquella especie de monolito saboreándolo con tremendo placer. Estaba completamente loca, allí me encontraba gozando del cuerpo de mi hermano sin importarme dejarme en aquella habitación mi abandonada decencia.

Mi hermano se retorcía entre mis manos disfrutando de la tremenda mamada que le hacía. Chupaba como una mamona tragando y tragando aquel enorme glande sin apenas necesitar respirar. Gracias a papá me había convertido en una maestra en aquellas lides; el pobre Gustavo podía dar buena fe de ello.

Notaba palpitar su miembro mientras mi lengua no dejaba de ensalivarlo humedeciéndolo de forma conveniente. También en eso papá me había convertido en una auténtica maestra.

Joder hermanita, no imaginaba que la chuparas de este modo. Es absolutamente fantástico –exclamó sintiendo mi lengua alrededor de aquel tronco.

Me coloqué en posición inversa a la suya dándole a probar mi empapada vagina al tiempo que seguía degustando aquel dulce helado. Empecé a suspirar acompañando a mi hermano en sus gemidos mientras notaba como rozaba ligeramente mis labios vaginales con su cálida lengua haciéndome gozar de un modo desconocido. La lengua de Gustavo empezó a moverse con mayor velocidad logrando con ello que mi disfrute fuera aún mayor. Tras dos minutos de acariciarme de aquel modo acabé corriéndome entre sus labios entregándole la totalidad de mis jugos vaginales.

¡Qué bien lo has hecho hermanito! Tienes una lengua muy juguetona –le dije relamiéndome de gusto tras el tremendo orgasmo que me había arrancado. Bien ahora te toca a ti disfrutar –exclamé mientras le obligaba a tumbarse boca arriba.

Comencé mi itinerario jugando con su oreja para bajar hacia su cuello el cual chupé golosamente mientras escuchaba a mi hermano lanzar un gemido ronco demostrando el placer que sentía. De su cuello fui descendiendo por su velludo pecho haciéndome con uno de sus pezones el cual se erizó al contacto con mis labios. Poco a poco estaba descubriendo las zonas más sensibles de Gustavo y ello hacía que me animara a seguir indagando en todo aquello que podía ofrecerme.

De un pezón pasé al otro y la respuesta fue la misma que con el otro pues se puso erecto al instante. Disfrutaba de la cara de inmensa lujuria que mi hermano ponía con los ojos entrecerrados cruzando mutuamente las miradas. Finalmente me decidí a abandonar aquel agradecido pezón continuando con la búsqueda del codiciado tesoro. Bajé por su liso abdomen hasta encontrarme con su velludo pubis en el que descansaba su robusto pene el cual no pude evitar agarrar con prontitud con una de mis manos.

Tuve que agarrarlo con ambas manos pues con solo una de ellas no era posible abarcarlo en su totalidad. Sentí pavor al pensar que todo aquello pudiera entrar en mi interior. La polla de mi querido hermanito se mostraba ante mí en todo su esplendor, orgullosa, desafiante, con la cabeza girando a la izquierda y las venas marcándose como si estuvieran a punto de explotar.

Aquel tronco era más grueso en la base que en el cuello donde estaba adornada con una rosada y húmeda cabezota la cual apareció apuntándome una vez llevé la piel del prepucio hacia atrás. No pude aguantarme y ante aquella presencia abrumadora mi coño empezó a rezumar líquido vaginal preparándome para la tan necesaria penetración al tiempo que mis pezones se erizaron sin remedio.

Me arrodillé entre sus piernas y mordisqueándole suavemente la cara interna de los muslos paso a paso fui enfrentando aquel juvenil músculo. Me entretuve un buen rato en sus testículos bien cargados y duros de la enorme cantidad de semen que albergaban. Los humedecí ensalivándolos notando como Gustavo me ayudaba en tan grata tarea mezclando sus dedos entre mi alborotado cabello. Estuve un buen rato lamiéndole las pelotas mientras manoseaba su hinchado miembro entre mis dedos.

Vamos preciosa, hazme disfrutar. No sabes las ganas que tengo de correrme.

¿Te gusta lo que te hago, eh cabronazo? –le respondí siguiendo con mis acometidas sobre sus testículos.

De sus testículos pasé al oscuro agujero de su ano, momento en el que Gustavo lanzó un respingo agarrándome con fuerza de la cabeza.

¿Qué te crees que estás haciendo? ¿Piensas que soy un maricón? –me dijo con los ojos inyectados en sangre.

¿Acaso no te gusta? Bueno dejémoslo estar –dije tratando de no herirle en su orgullo masculino.

Se dejó caer hacia atrás totalmente entregado a mis caricias. Gracias a la experiencia adquirida con papá comencé ensalivando todo el tronco para después darle pequeños mordiscos en el borde del glande logrando que se estremeciera. Una vez acabé con aquella caricia me introduje en la boca su excitada cabezota empezando a lamerla con mi hambrienta lengua mientras le masturbaba con la mano cada vez con mayor velocidad hasta que sacándola de mi boquita explotó sobre mi cara llenándola de espesos goterones de esperma. Tuve que cerrar con rapidez los ojos pues uno de aquellos trallazos fue a parar sobre uno de ellos. El resto de su corrida cayó sobre mi cara y la barbilla de donde recogí parte del semen caído llevándolo hacia mi boca para saborearlo mientras le miraba con ojos de putita.

Gustavo respiraba con cierta dificultad tras haber eyaculado encima mío. Me sentía satisfecha de haber logrado que mi hermanito me diera todo su líquido seminal aunque imaginaba que la fiesta no había acabado con aquella corrida. Pensaba que, al menos, podría disfrutar de él un rato más.

Joder hermanita, menuda corrida has hecho que tuviera –me dijo con mirada agradecida.

La verdad es que no ha estado nada mal. Aunque veo que aún aguantarás un asalto más –reí divertida viendo que aquel miembro inflamado apenas perdía parte de su vigor manteniéndose erguido y alerta en espera de nuevas caricias.

Debía aprovecharme del poderío de aquel joven músculo para, de ese modo, seguir disfrutándolo hasta conseguir que quedara completamente agotado. Mientras nos besábamos de manera dulce me dediqué a masturbarle lentamente tratando de que no perdiera parte de su potencia. Sonriendo satisfecha pude observar que seguía igual de empalmado que antes de correrse. Le obligué a abrir las piernas y situándome entre ellas empecé a chuparle su rojizo champiñón logrando hacer que su polla se enderezara mostrando un aspecto realmente amenazador.

Ahora hermanita prepárate que voy a follarte hasta que digas basta –dijo levantando el cuerpo mientras me separaba de él.

Me hizo tumbar sobre él y con una mano agarró uno de mis pechos empezando a chuparlo con gran apetito. Notaba contra mi pierna el contacto abrumador de su pene erguido y empecé a moverme tratando de excitarlo aún más. Gustavo golpeó una de mis nalgas con fuerza haciéndome lanzar un grito ahogado para no alertar a mis padres. Continuó azotando una y otra nalga hasta ponerlas bien encarnadas. Aquella azotaina me puso como una moto hasta que volví a correrme disfrutando con los manotazos que me daba.

Vaya, vaya, así que eso te gusta, eh? Te gusta que te den azotes en el culo, eh putita? –me dijo mi hermano babeando de gusto.

Pues claro que me gusta, maldito cabrón. Vamos fóllame de una vez, lo estoy deseando –exclamé montándome sobre él mientras agarraba con fuerza su falo.

Como una experta dirigí la cabeza de su miembro hacia la entrada de mi vagina y poco a poco fui dejándome caer notando como aquella cabeza se iba abriendo paso en mi interior de manera brutal. Por unos segundos perdí la respiración tratando de acomodarme ante aquella presencia perturbadora que me destrozaba las entrañas. Sin embargo, Gustavo no me dejó descansar y cogiéndome con fuerza de las caderas me obligó a sentarme por completo encima de él hasta notar como sus huevos golpeaban contra mi pelvis.

Tuve que morderme el labio inferior, mientras lanzaba la cabeza hacia atrás, para evitar gritar como una loca al sentirme ensartada por aquel músculo que me quemaba por dentro. Aquel miembro era mucho mayor que el de papá así que mi coñito no estaba acostumbrado a un pene de semejantes proporciones. Una sensación de desgarro se instaló entre mis piernas. Perdí la noción del tiempo durante unos breves instantes mientras notaba como iba ingresando en mi interior centímetro a centímetro hasta quedar alojado por completo.

Aquella era una de mis posiciones favoritas, pues de ese modo podía llevar las riendas de la follada, podía controlar el ritmo según me interesara….Apoyé las manos en el pecho de Gustavo e inicié un lento movimiento rotatorio disfrutando de la entrada y salida del miembro incestuoso, salía casi por completo para de nuevo introducirse hasta notar como sus testículos golpeaban contra mí. Gemía como una perra cabalgando sobre mi amante notándole excitado y dispuesto a darme el máximo placer.

Coño hermanito, ve con cuidado o conseguirás destrozarme con tan tremendo pene –dije débilmente gozando con aquel animal en una mezcla de dolor y placer.

Tranquila putita que tras el dolor inicial después gozarás como una perra.

Me tumbó sobre él besándome apasionadamente y paso a paso cuando sintió como mi empapada vagina cedía a sus impulsos, volvió a bombear con fuerza en mi interior. La juventud de ambos hacía que apenas sintiéramos cansancio, sudábamos eso sí en aquella noche que jamás olvidaría. Mi querido hermano golpeaba sin descanso mis doloridas nalgas arrancándome pequeños ayes debido al fuerte golpeteo que me daba. De pronto sentí como llevaba dos de sus dedos a la entrada de mi oscuro agujero posterior. Lancé un ligero gemido de placer pese al temor que me produjo aquella presencia pues sabía lo que aquello significaba. Gustavo no iba a contentarse con follarme el coño sino que pretendía perforarme mi estrecho agujero anal. No sabía si mi pequeño agujerito soportaría la visita de semejante invitado, estaba segura que me iba a destrozar por dentro.

¿No pretenderás follarme el culo con eso que tienes? ¿Te has vuelto loco o qué te pasa? –dije quedándome quieta encima de él.

Tranquila pequeña que ya verás como acabarás pidiéndome que te lo haga.

Me hizo desmontar y ponerme a cuatro patas mirando a la pared. Mi depravación había llegado a su punto culminante, estaba dispuesta a que aquel sátiro me follara con aquel descomunal miembro. Gustavo se situó entre mis piernas empezando a lamerme con exquisito cuidado la entrada de mi agujero anal. Lancé un fuerte respingo ante tan devastadora caricia, la verdad es que mi hermanito era un prodigio chupando tan excitante agujero.

Así hermanito muy bien, sigue así y conseguirás hacerme correr. ¡Dios, qué gusto me das!

Gustavo estuvo un buen rato humedeciendo y excitando mi anillo anal hasta que finalmente lo dejó bien preparado para la enculada que se avecinaba. Ya no era posible dar marcha atrás, iba a ser sodomizada por Gustavo y debo decir que lo deseaba sin importarme el dolor que pudiera sentir.

Se colocó detrás mío apuntando con su terrible pene hasta que finalmente lo apoyó empezando a apretar de forma lenta pero firme. Me agarró de las caderas y apretó con mayor decisión haciendo que la cabeza fuera ingresando en el interior de mi culito.

Con cuidado….ten cuidado que la tienes demasiado grande para mi estrecho agujerito –le supliqué tratando de reprimir las lágrimas que empezaban a escapar de mis ojos ante la presión de aquel animal enjaulado.

Quedó quieto unos segundos tratando de disfrutar de tan estrecho agujero hasta que con un tremendo empellón de sus riñones fue entrando en mis entrañas de manera brutal. Juro que perdí el sentido durante largos segundos, aquello era demasiado grande y el dolor intenso que me produjo hizo que mis sentidos me abandonaran durante unos instantes.

Me duele, me duele maldito cabrón. Es demasiado grande, Dios –le animé poniendo los ojos en blanco disfrutando de tan horrible animal.

Su polla rugosa, húmeda y vibrante estaba completamente dentro de mí, su abdomen pegado a mis riñones, mis redondos senos entre sus manos. Me llevó hacia él apoyando mi espalda sobre su sudoroso pecho y mi enloquecida cabecita sobre su hombro. Lloraba ante el agudo dolor que sentía en mis entrañas. Me giré hacia él y mirándole a los ojos le animé a que se moviera en mi interior cosa que Gustavo entendió al instante iniciando un suave vaivén entrando y saliendo del interior de mi culito hasta que logró arrancarme un nuevo orgasmo.

Vamos hermanito lléname entera con tu leche. No lo soporto más, es demasiado bueno para poder seguir aguantándolo.

Gustavo fue aumentando gradualmente el ritmo sodomizándome de manera brutal. Podía escuchar como sus huevos golpeaban sin descanso contra mis nalgas. El placer que sentía era inmenso, ya no sentía dolor pues éste había dado paso a un placer desconocido pues ni con papá lo había disfrutado de aquel modo. Así estuvo durante unos minutos hasta que acabó reventando en mi interior llenándolo con su abundante semen el cual golpeó contra las paredes de mi ano invadiéndolo por completo.

No pude menos que caer desfallecida sobre la cama notando como mi hermano caía sobre mí sin salirse de mi dolorido culito. Los músculos no me respondían, estaba completamente destrozada ante el polvo que acabábamos de disfrutar. Al fin noté como aquel dardo salía de mi interior. Me quedé acurrucada entre los brazos de mi hermano hasta que a las seis de la mañana abandoné su dormitorio dirigiéndome sigilosamente hasta mi cuarto donde estuve durmiendo con tremenda cara de satisfacción.

Desde hace tres meses follo tanto con papá como con Gustavo dándoles placer a ambos e incluso hace unos días me acosté con ambos al mismo tiempo, cosa que contaré en otra ocasión para no alargar el relato. No me siento culpable por ello sino que sólo trato de disfrutar de esa situación durante el tiempo que dure. Mi pobre madre no se entera de nada y si se entera no dice nada. Pobre mamá…

 

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