HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Float, izquierda

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN
Solo para mayores de 18 años


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El Fuego de los Dardos (2)



El 4 de Julio ya era una fecha muy especial también para mí, porque a partir de ahí ya yo festejaba en realidad la independencia de mi inmadurez que no me había dejado tocar a la inclinación de mi infancia pastoril...
Me dejé llevar por esa lejanía con la frontera de mi hogar y de mi timidez y entonces sí, las páginas de mi Diario tendrían otra historia y tomarían otro derrotero, aparte de las artes, el del arte de la sexualidad.

Pero con desesperanza el paso de los días no fraguaba; las piezas que pulía y pintaba de computadores y aeronaves se llevaban toda mi concentración y solo el fuego en los guantes que intenté apagar de las manos de uno de los asistentes a quien se le ocurrió prender un cigarrillo, fue lo único que me alejó de mis imaginaciones respecto a cómo hacer para volver a ser de la atención de Joyce.

Pero aunque no conocía ni un pepino sobre la Ley de Atracción, tanto era mi deseo, que por fin atraje la consecución de los eventos...
Un fin de semana y también en Viernes, la hermana de mi tía invitó a toda la familia a New Jersey para festejar su cumpleaños... Pero se trataba de irse desde el Sábado y pasar allá el Domingo, cosa que para mí resultaba imposible porque no contaba yo con vacaciones... pero sí mi tío. Así que, por lo consiguiente, yo sí tendría que ir a trabajar.


¿Qué fue lo relevante y lo atraído poderosamente?... Que coincidió en que ese mismo fin de semana Pitt había sido asignado para viajar a Connecticut en cuestiones de trabajo...
Yep, lo han imaginado bien... Y así fue que sucedió:


Los Sábados el horario de trabajo era de 9 a 1. Mis tíos se fueron a New Jersey a las 10 de la mañana, Pitt a Connecticut a las 9, y lo vi partir en el momento de "ponchar" mi tarjeta...
Sin nada en mis pensamientos salvo la responsabilidad con la que me quedaba inicié mi trabajo, y por allá de las 11:30, en el altavoz escucho que yo tenía una llamada... Extrañado acudí a donde se encontraban los teléfonos pensando que se trataba de mi tío, pero nop, no era mi tío, era la voz de una mujer, tampoco era mi tía, la voz era de Joyce, sip, la misma Joyce que de cuando en cuando rondaba por mis pensamientos, y que sin más, me la soltó en un Inglés extremadamente pausado como para que lo comprendiera bien...
...Joyce me invitó "al té" en su casa.


Hice mil figuros y desfiguros y como pude, logré que a la una de la tarde Nino (compañero de trabajo), me acercara hasta el Mall donde estratégicamente Joyce me citó para recogerme...
Cuando bajé del auto ella ya me esperaba dentro del Jeep, el corazón me palpitó galopantemente, y evitando ser visto por Nino, me subí al vehículo que normalmente conducía Pit.
Quise ser menos introvertido y saludé de mano a Joyce, pero tiró de ella y me plantó un beso justo en el centro de mis labios; fue un beso leve, tocando apenas, pero que desató imágenes y deseos que ya había elaborado debajo de las ondulaciones de mi pelo.
Joyce tampoco habló mucho o demasiado -porque es de las personas que no paran de articular palabra-, y no muy lejos de ahí llegamos al frente de su casa cuya bandera ondeaba ligeramente por el viento que festejaba aquél encuentro de película.


No dejé de sentir temor de que aquello fuera descubierto porque se trataba de una secuencia que bien podría traer alguna consecuencia si alguien se enterara... Por supuesto en lo primero que pensé fue en Pitt y su atlética musculatura estampada en mi pobre cara de juvenil amante... Y en la catástrofe legal que aquello podría llevarme hasta pensar en la deportación... Seguramente mi temor estaba siendo exagerado, y lo peor que pudiera ocurrirme inmediatamente era perder la concentración y no funcionar en la interacción sexosa tan inminente, así que procuré relajarme y vivir de la experiencia.


¿La verdad?, ¿cuál experiencia?... Yo no sabía ni qué actitud tomar y volví a sentirme fuertemente seducido. De hecho me gustaba esa posición... Como que mi a mi Ego le gusta que lo apapachen, se siente muy especial que una mujer lo busque a uno y no uno a ella, sobretodo después de los recientes "fracasos" amorosos de mi manifiesto despertar de la adolescencia...
Y sí, me gustó mucho la idea y luego del té helado que preparó Joyce, todavía con la frescura de la bebida en los labios nos volvimos a besar... bueno, me volvió a besar; metió sus dedos entre mis chinos y su lengua sin pedir permiso se abrió camino y abrió mi boca... El té estaba delicioso, pero sus besos sabían y se sentían mejor porque ni el cigarro ni el licor circulaban por ahí dentro, cosa que me súper encantó.


Como que Joyce ya no tenía tanta prisa y no se aceleró; la "barrera" del idioma para nada trascendía y por supuesto, tampoco la diferencia de edad ni de estaturas... Con los vasos a medias volvió a tomarme de la mano como si fuera su entenado y me guió ahora hacia el lado extremo de la sala de juegos, a su cuarto, al cuarto de los dos, a la habitación donde duerme con su esposo, o con quien vive porque ya me había enterado de que no estaban casados y que solo viven juntos. Tal vez el razonamiento anterior me hizo sentir menos culpable, pero la verdad, sentirme su amante me excitaba mucho.


Toda la casa está llena de ese espíritu Norteamericano que aparentemente no solo en esas fechas de Julio la decoraban; el mobiliario estilo "Early American" ¡me era tan diferente a lo que decoraba la casa de mis padres en Mexico!. Aunque no que lo siguiera, era muy agradable, hasta el olor a madera me causaba especial excitación conjunta al aroma femenino y delicioso de la mujer que me tenía en sus brazos.
Por un instante me sentí llevado en demasía, así que le ordené a mi zona de confort ser un poco o un mucho mas con la iniciativa, cosa que también le vino bien a Joyce.
Primero nos besamos y nos manoseamos de pie junto a la cama, y luego de no sé cuántos acuosos y muy prolongados besos, nos dejamos en la cama capitonada y me di gusto acariciando aquí y allá antes de pretender siquiera despojarla de su ropa.


Vestía unos blue jeans tan suaves que parecían ser como su propia piel, el escote de su blusa tan insinuante dejaba siempre una vista tan atrayente que era difícil permanecer fijo a sus aceitunas verdes cuando la tenía de frente y para no ser tan obvio desviaba siempre mi mirada mejor hacia su frente, porque recorrer su cuerpo con la vista era muy delatador... Hizo que me quedara sentado y enseguida se sentó en mis piernas, pero con movimiento ondulatorio se recorrió más y más, y cuando sintió lo tan excitado que estaba, sus movimientos fueron aún más lujuriosos. Restregaba sus glúteos, subía, bajaba y transpiraba al compás de su acelerada respiración... De vez en vez soltaba voces y esas voces le salían muy excitantes a mis oídos, me decía "Mi baby", "Oh! God, my lover!"... Hacía torsión de su tronco, y alcanzando mi cara apenas, me besaba y continuaba su vaivén oscilatorio y trepidante... Para no quedarme atrás aunque literalmente lo estaba, lo único que yo balbuceaba era "Joyce!, Oh! Joyce!"...A veces ella repetía "My love!" y en otras lo componía casi gritando"My Lover!"... Éso me parecía más adecuado y menos ficticio... Ni yo podría sentir amor y seguro que ella tampoco lo sentía.


Mi introvertido "Yo" por momentos me traicionaba, y de la lujuria pasaba a la "filosofía" y a la tontería de pensar en cómo lo escribiría y en cómo lo describiría en mi Diario... Pero cuando me daba cuenta, cerraba mi cuaderno de notas y me concentraba en el recorrido de mis manotas; hubiera querido realmente que fueran así de grandes o tener al menos tres pares de ellas, porque no sabía dónde o qué tocar; no acertaba a irme por lo que más placer me diera y saltaba de una parte a otra; ella, por el contrario, bien sabía lo que hacía y éso me iba bien porque me hacía sentir menos torpe.


...Riiiing!, Riiiing!... -Sonó el teléfono que nos produjo sobresalto. ...Era Pitt... Y el corazón se volteó al revés... Joyce aclaró la voz y me sorprendió lo fácil que bajó sus decibeles y el color de su excitación, manejó el lenguaje con destreza y me transmitió su calma hasta que lo volvió a dejar ir... -It's nothing babe, -Dijo Joyce- Are you OK?... -Me insistió volviendo a las caricias y a mi todavía excitado frente... Le respondí con otra sonrisa tonta que sí, y nos volvimos a besar...


La abrupta interrupción fue beneficiosa, porque retomamos el manejo de las manos, solo que esta vez y a iniciativa de ella, el cierre de mi pantalón antecedió al recorrido hacia abajo del cierre de su pantalón que era lo que yo más deseaba, sentir el roce de la piel de su cuerpo y no la de la tela de su ropa... Ella tomó la ventaja y hurgó entre la abertura de mi pantalón hasta que logró sentir la humedad de su objetivo, me lastimó un poco cuando se aferró a mi erecto miembro y lo quiso extraer de su angosta cueva; le ayudé bajándome el cierre hasta lo más abajo que pude y sentí que me invadía un gran mareo lleno de excitación cuando su mano me tocó la piel; el temor de un roce con el cierre me obligó a soltar sus mejillas y eliminé el estorbo tirando de mi pantalón hacia abajo, lo cual propició que liberara todo de cualquier atajo y obligara al resorteo de mi falo asomar cuan rígido y erecto estaba... Me besó, lo besó con la delicadeza de sus labios, y después pasó su lengua por arriba, por abajo y por cada uno de los lados del envoltorio.


Pero no dejé que siguiera, me fui sobre ella y empecé a quitarle la ropa entre beso, beso y besos... Un par de minutos en que se dejó, y por fin ahí la tuve, frente a la incredulidad de mis dos ojos... Prácticamente desnuda, porque la dejé cubierta de sus atributos... No quería que fuera todo tan voraz ni crudo. Creo que soy fetichista, porque el cuerpo femenino entre ropas me excita; cierto es que deseaba su desnudez, pero verla metida en esa lencería de encaje maravilló a mis ojos y mis manos se dieron a la tarea de rodear con mesura la curvatura de sus curvas... Joyce se veía exquisita, se sentía exquisita y Oh!... ¡Cómo se movía!...


Cuando sacié mi vista con la visión aquella, sentí que ella era lo que quería, me dejó observarla y le complació que lo hiciera porque era parte de su singular seducción...
Cuando me quité el resto de mis ropas, volví a cubrir mi sexo con la truza, la recosté sobre su espalda y me subí a lo largo de su escultura; la tersura de su piel y el tono de ella contrastaban con mi piel de chocolate; hubieron muchos besos, muchos, muchos... Navegué por toda su geografía y ella navegó por toda la mía, pero cuando supuse del siguiente paso que seguía, con sutil delicadeza Joyce me puso una suave detención... Me dijo al oído que más allá no se podría y entre anglicismo y anglicismo, entendí sus dos razones... Joyce estaba en sus días gloriosos de procreación... y no teníamos protección... Y éso, éso yo no lo sabía

© Hypersexual

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